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Ernesto
Alfredo Parada Rivera*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Es bastante molesto el proceder de los diputados de la oposición
efemelenista en insistir en atrasar lo relacionado con el presupuesto
de la nación del presente año. A ello debe añadirse
la intención de los insurgentes, ahora padres y madres de la patria,
de institucionalizar la negativa a dar sus votos necesarios para el desarrollo
del presupuesto del año.
El conglomerado medio sabe de las razones opositoras para atrasar la puesta
en funcionamiento del documento de gastos e ingresos. También sabemos
que si no fuesen las razones expuestas, pues esgrimirían los ex
comandantes cualquier otra. Y para reforzar la testarudez ex insurgente
los diputados efemelenistas insisten en dialogar con el jefe
del Ejecutivo para encontrar un consenso, o sea, la sanción
presidencial al capricho diputadesco opositor. ¡Habrase visto tal
institucionalización del atraso gubernamental...!
Aunque pareciera acudir a un disco rayado, me veo obligado a repetir aquello
de el menos malo de los sistemas políticos es la democracia.
Acerca de ésta, digamos, sentencia atribuida a Winston Churchill,
todos estamos de acuerdo.
Así, el testarudo propósito de los ex comunistas insurgentes
debemos analizarlo como procederes que a la postre dañan nuestra
incipiente y paupérrima democracia. O, mejor expresado, tal conducta
opositora convierte en indigente a nuestro sistema político.
Me decía alguien que el insistente propósito de los diputados
de esa oposición obedece a influencias teóricas y prácticas
de pasados despotismos estalinianos, hitlerianos o musolinescos, o de
anhelos de pasadas tiranías tropicales. Y es que la herencia de
los despotismos tropicales desaparecidos es terrible, aquellos tiempos
de cuando El señor Presidente resolvía todo
problema con sólo mostrar genuflexión indigna. Pero no perdamos
la fe en la rectificación de los ex insurgentes.
Amén de intentar destruir el fundamento del sistema democrático
en lo atingente a la separación de los órganos del Estado,
la tentativa acentúa su improcedencia al señalar al Consejo
de Ministros establecido por la Constitución, ente integrado por
el Presidente, el Vicepresidente y los ministros de Estado o de quienes
hagan sus veces. Corresponde al Consejo de Ministros, entre otros, elaborar
el proyecto de presupuesto de ingresos y egresos y presentarlo a la Asamblea
Legislativa. Esta obligación ya la cumplió el Consejo. Aún
así, los diputados de esa oposición intentan destruir el
cumplimiento de la norma, y entenderse con el jefe del Ejecutivo para,
según ellos, ganar puntos violando el estatuto máximo.
Esta postura del FMLN nos está indicando que la cúpula de
tal partido desea convertirse en oposición eterna, pues el proceso
electoral sufrido pareciera haberlo convencido de su imposibilidad de
triunfar en futuras elecciones presidenciales.
Entonces, según se ve, los ex comandantes no tienen otros caminos
que usufructuar eternamente una oposición a ultranza, con las bonitas
ventajas pecuniarias que ello les depara.
El problema que se presenta a la naciente democracia salvadoreña
lo vemos en que, a la larga, el FMLN desaparecerá en el próximo
suceso eleccionario, tal como le aconteció al PCN, al PDC y al
CDU. Y tal cosa sí será penosa para la nación.
* Dr. en Derecho.

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