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Ándres
Mejía Vergnaud*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Bogotá. (AIPE).- El 11de septiembre dejó claro que uno de
los elementos más críticos del terrorismo es la existencia
de gobiernos que brindan refugio y apoyo a grupos terroristas. Conseguir
el apoyo de un Estado es uno de los avances más importantes que
puede realizar una organización terrorista. De hecho, muchos de
los grupos que hoy existen jamás habrían pasado de ser molestas
bandas de fanáticos de no haber sido porque, gracias a la perversa
generosidad de algún gobierno, se les brindó un territorio
en el cual vivir y entrenarse, un refugio en el cual descansar y reponerse
de las heridas, y una estructura institucional que les ayuda a manejar
sus operaciones logísticas y financieras.
La lista de países que tradicionalmente han apoyado el terrorismo
es bien conocida, aunque ha sufrido algunas variaciones: el grupo, integrado
por Irán, Iraq, Afganistán, Siria, Sudán, Libia y
Cuba, ha visto salir a dos de sus miembros por acciones militares (Iraq
y Afganistán), mientras que Cuba ha perdido relevancia, no por
falta de voluntad sino porque su precaria condición económica
no le permite ejecutar una política de promoción del terrorismo
más allá de brindar refugio y tratamiento médico.
Ahora bien, el mundo parece estar presenciando el ingreso de un nuevo
miembro a la lista de estados terroristas, con el agravante de que este
nuevo miembro, beligerante y radical en su orientación política,
goza también de inmensos recursos petroleros: Venezuela.
Desde que el presidente Hugo Chávez llegó al poder, se vio
claramente que su incendiaria retórica y sus confusos planes de
gobierno coinciden plenamente con el discurso de grupos radicales de América
Latina. Algunos de ellos, como el ELN y sobre todo las FARC de Colombia,
son reconocidos internacionalmente como peligrosas organizaciones terroristas.
De hecho, en su momento, las FARC celebraron con júbilo el ascenso
de Hugo Chávez al poder. Una revisión de las agendas ideológicas
de las FARC y del movimiento "bolivariano" de Chávez
muestra una coincidencia casi perfecta.
Poco después, la relación entre Chávez y la guerrilla
colombiana fue más allá de la afinidad ideológica.
El libro "Diario íntimo de un fracaso", escrito por tres
de los más prestigiosos periodistas colombianos, y que narra en
detalle el fallido proceso de paz de la administración Pastrana,
incluye numerosos episodios de colaboración directa, estrecha y
visible entre el gobierno de Venezuela y las FARC, en especial a través
del ex ministro Rodríguez Chacín.
Las FARC y el ELN son además miembros distinguidos de una serie
de asociaciones y confederaciones políticas "bolivarianas",
cuyo líder natural es el presidente Chávez. El académico
Heinz Dieterich, considerado guía intelectual de Chávez,
no oculta su simpatía por los grupos terroristas de Colombia, a
los cuales llama "fuerzas progresistas".
Cuando se creía que la presión diplomática del gobierno
Uribe había logrado desarmar esta relación, ha aparecido
un nuevo caso que prueba que el apoyo venezolano a los terroristas colombianos
está vivo. Se trata de la captura de Rodrigo Granda, quien era
el encargado de las relaciones internacionales de las FARC. A pesar de
que en un principio las autoridades colombianas afirmaron que su captura
se produjo en el territorio de Colombia, de inmediato los más altos
funcionarios del gobierno de Venezuela protestaron y afirmaron que su
captura fue producto de una operación secreta efectuada en Caracas.
Entonces, ¿por qué vivía plácidamente en Caracas
uno de los más importantes líderes de las FARC?, ¿por
qué se le invitó a un acto político reciente que
fue presidido por Chávez en persona?, ¿por qué se
le había concedido la nacionalidad venezolana y se había
legalizado su situación allí?, ¿por qué las
máximas autoridades gubernamentales y parlamentarias de Venezuela
muestran tal simpatía por las FARC?, ¿por qué, tras
la captura de Granda, las FARC protestaron ante el gobierno de Venezuela,
como si este hubiera incumplido un compromiso con ellos?
Si la captura de Granda se produjo en Venezuela, esto es plenamente justificable
por las necesidades de la lucha global contra el terrorismo. El terrorismo
sólo podrá ser derrotado cuando no exista lugar en el mundo
donde los terroristas puedan sentirse seguros y puedan recibir apoyo de
las autoridades. Es, entonces, el gobierno venezolano el que tiene que
rendir explicaciones.
*Director del Instituto Desarrollo y Libertad, Bogotá.
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