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Eduardo
Torres*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Polarización política es, para mí, el principal problema
que tiene El Salvador.
Estimulando de por sí la democracia el disenso, no debería
ser tan grave el problema político que como sociedad padecemos,
por mucho que trece años después de la firma de la
paz le falte aún fortalecimiento a nuestra institucionalidad democrática,
pero, de forma lamentable, lo es.
Me parece que es un asunto de óptica, el que como país nos
conduce hacia la polarización. Cuánto no quisiéramos
los salvadoreños, que el encanto del principal partido
de la oposición fuera hacia Ricardo Lagos; el mismo Lula, si se
quiere, ya no digamos Tony Blair.
Desafortunadamente, la veneración rojiblanca, al menos la que hacia
el público trasciende, es hacia Fidel Castro y Hugo Chávez.
No fue entonces casual el cuestionamiento del subsecretario de Estado
Adjunto para Asuntos Interamericanos, Dan Fisk en el marco de la
pasada campaña electoral, hacia las credenciales democráticas
de ese partido político.
Estando íntimamente atadas la economía y la política,
pues es obvio que afecta la polarización política al desempeño
global de la economía. Para muestra un botón: la reducida
actividad económica que tuvimos durante el primer trimestre de
2004, previa a la elección presidencial.
Porque, por el otro lado, mientras más estabilidad exista, mayor
será la confianza que habrá al momento de la elaboración
de planes de inversión de las empresas grandes, medianas
o pequeñas, o la creación de nuevas, que al aglutinarse
todas como sector productivo, se convierten en la principal fuente de
generación de riqueza de los países. Chile es un ejemplo,
latinoamericano, de lo que se puede lograr con las políticas adecuadas
y con acuerdos básicos que den lugar a políticas de Estado.
Pienso que El Salvador tuvo un importante acontecimiento durante la presente
semana, al haberse roto el nudo gordiano que ataba el financiamiento del
Presupuesto General de la Nación, con lo cual se allana finalmente
el camino para su próxima aprobación.
Es decir, a diferencia del año pasado que tuvimos presupuesto
hasta el séptimo mes del año, pues deberíamos
poder cerrar enero con presupuesto aprobado, lo cual, por sí solo,
nos debería posibilitar mejores perspectivas económicas,
vis a vis el año pasado.
Dos días después de la juramentación al segundo período
del Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, donde como punto central
de su discurso ofreció defender la libertad en el mundo,
queda claro, como lo percibimos la mayoría de salvadoreños,
que estamos más cerca de Cafta y de las oportunidades que de ahí
se derivarán, y que continuará El Salvador beneficiándose
por la prórroga del TPS, que a principios de mes nos concedió.
Caminamos, es mi punto, hasta con grandes oportunidades por aprovechar
a la búsqueda de la prosperidad regional, a pesar del problema
de la polarización política.
A veintidós días de la entrada en vigencia del grueso de
la reforma fiscal, cuya operatividad ha ocasionado problemas que han venido
tabulándose al seno de las asociaciones de la empresa privada,
aparenta haber apertura para revisar lo que haya que revisar, sin perder
el objetivo de recaudar más tributos para el fisco a través
de la ampliación de la base tributaria.
Porque que la reforma era necesaria, pues lo era; creo que ha existido
siempre consenso sobre ello. Pero como es siempre perfectible la naturaleza
humana, y seres humanos fueron quienes elaboraron la reforma, pues resalto
lo valioso de la disposición a revisar su operatividad, para afectar
en lo mínimo la actividad productiva.
A inicio de un año pre-electoral, como suele llamársele
a los años que anteceden una elección, lo cual debido a
nuestro errático calendario electoral, pues cuasi de manera permanente
vivimos así, grandes desafíos tiene el país, pero
también grandes oportunidades.
Problemas siempre habrá, pero personalmente siento que El Salvador
eligió la democracia como sistema de vida y la modernización
de nuestra economía, a pesar de los costos de la transición
en la cual son años los que llevamos. A grandes males, grandes
soluciones, y si es la polarización política un problema
medular, pues convirtamos la búsqueda de objetivos comunes con
el apoyo de más y más salvadoreños, en un gran objetivo
nacional a buscar.
Compromiso con El Salvador es lo que se requiere.
¡Ojalá podamos lograrlo!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista
de El Diario de Hoy.

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