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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Fue célebre la frase lo que es bueno para General Motors
es bueno para los Estados Unidos, y lo que es bueno para Estados Unidos
es bueno para General Motors; el presidente del consorcio, a la
sazón el más grande del mundo, veía con claridad
que no puede haber negocios prósperos en un país arruinado.
La pobreza de Haití se explica: no tienen grandes empresas.
Es obvio que sobra quienes piensan lo contrario: para ellos la desgracia
de una nación es que haya empresas exitosas, que crezca la producción,
que se acumulen capitales, que se incrementen las inversiones; resienten
ver ojos bonitos en cara ajena. El Ing. Mario Andino cuenta
en una entrevista que publicamos en el aniversario del cuartelazo de 1979,
que uno de los juntistas preguntaba, cada día, por qué no
habían apresado a los principales empresarios, de quienes daba
nombres y señas. Pese a que no cometieron crimen alguno, los pretendían
encarcelar y de seguro ejecutar, sólo por ser empresarios.
Nadie va a convencer a un fanatizado, de que las grandes y medianas empresas
además de beneficiar enormemente a un país, son esenciales
para su desarrollo. Y son las grandes empresas salvadoreñas las
partidarias del TLC recién aprobado por la Asamblea Legislativa,
pese a que son más vulnerables a la apertura comercial que las
pequeñas y, obviamente, las microempresas. Pero así como
están conscientes del riesgo, también saben que se presentarán
nuevas oportunidades.
Ninguna empresa, agregaremos, tiene garantías de nada. Si alguien
hace un listado de las principales empresas que había en El Salvador
en 1900, en 1930, en 1960 y hoy en día, encontrará que la
mayoría desapareció. Por eso es tan raro que una empresa
cumpla no digamos cien años, sino cincuenta.
Las grandes empresas generan un buen porcentaje del empleo, son las que
mejor pagan (de allí la falsedad de que es explotando
que prosperan) y las que más capacitan a su personal. Pero además,
lo que es un aspecto de vital importancia, son las que introducen sistemas
más eficientes de trabajo, de administración, de trato al
público, de mercadeo. Son las grandes empresas las que incorporan
en un país las tecnologías punta y con ello llevan la delantera
en la transferencia tecnológica del primer mundo al tercero.
¿Qué le pasó a París Volcán?
En forma paralela, las grandes empresas (que no pasan de ser pequeñas
empresas comparándolas con las del primer mundo) generan en su
entorno una serie de actividades clave para el desarrollo: empresas consultoras,
proveedores de servicios, producción de bienes complementarios
(como ropa que venden los grandes almacenes), negocios que a su vez, siguiendo
con la cadena de producción, crean oportunidades y trabajo. La
ropa se manufactura a partir de telas, hay que empacarla, venderla, transportarla,
almacenarla, etc.
Un caso muy ilustrativo es la industria publicitaria, que existe precisamente
porque hay medios importantes de publicidad. Y al haberlos, se han creado
nuevas profesiones, desde diseñadores hasta guionistas y cineastas.
Esos son los rebalses, si así se quieren llamar, que
benefician a amplios sectores.
No hay gran progreso en pequeños mercados; el TLC nos inserta en
el gran mundo, pero por lógica más de alguna empresa o negocio
va a desaparecer, como nacen y mueren en cualquier economía. ¿Qué
le pasó a París Volcán antes del TLC?

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