elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Camino del saber

Una hora a pie. Un niño de diez años desafía solo cada mañana las rudas laderas que se encuentran en la zona alta de Panchimalco. Querer estudiar no tiene límites para él

Publicada 18 de enero 2005 , El Diario de Hoy

El tiempo ha permitido a Julio ganar habilidad para sortear el terreno difícil. Si persevera, logrará igual éxito en su vida académica. Fotos EDH / Mauricio Cáceres
Susana Joma
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Tiritando del frío y luchando contra las fuertes ráfagas de viento, el pequeño Julio César Ramírez ascendió presuroso los senderos que van desde su hogar en el cantón Quezalapa hasta el de Mil Cumbres, en la parte alta de Panchimalco. Ahí le espera su escuela, maestras y amigos.

Tras una hora de camino no fue de los primeros, pero al traspasar el portón una sonrisa enmarcó su rostro y formó un contraste con sus ojos grandes y tristes.
“Me gusta la escuela. Me gusta estudiar”, fueron las palabras que rompieron la timidez de Julio César.

A sus diez años cursará segundo grado, luego de que los problemas con la lectura le mantuvieran dos años en primer grado. Los desaciertos no le han desmotivado y hoy asegura que de las asignaturas la que más le gusta es Lenguaje.

“Tiene problemas de aprendizaje. Sin embargo, se esmera”, explica la profesora Verónica Rodas, aludiendo al esfuerzo que el niño hace para corresponder a sus padres; Jorge Ramírez quien trabaja como sastre y Carmen Vásquez, comerciante de verduras.

Julio es de los menores en un hogar con 13 hijos, donde a pesar de la extrema humildad la educación es considerada prioritaria y es vista como una herramienta para mejorar.

De hecho, una de sus hermanas terminó el noveno grado el año pasado y sólo la falta de dinero la obligó a ingresar tempranamente al mercado de las maquilas. Cuatro hermanos más también están en la educación básica, entre ellos Glenda Marisela, su eterna compañera de camino.

El esfuerzo. Perfeccionar la escritura es uno de sus retos. Fotos EDH / Mauricio Cáceres

El primer día de clases que Julio tuvo, con la docente Verónica, no faltó el repaso de las medidas disciplinarias y las orientaciones para conformar los equipos de estudio en el salón.

En el primer recreo del año compartió algunos juegos con sus compañeros, una dicha que no tuvieron los otros “vecinitos” suyos, porque una vez más se vieron en la necesidad de amanecer laborando en las cortas.

Su profesora comentó que casi la mitad de su clase faltó. Lo mismo ocurrió en el quinto grado de la maestra Maricely Joachín.

Mientras la preocupación de Julio y de sus padres pasa por los gastos en los útiles escolares, la de sus maestras se concentra en la falta de agua potable.
“Desde hace meses no tienen acceso a una gota de agua ”, advirtió Rosa Audelia Galdámez, la directora del centro.

La institución donde el pequeño se educa necesita una docente más para cubrir un primer grado y la construcción de una segunda planta con aulas para atender el incremento en la demanda.

Atención. Ana Guzmán, ingresada en Ortopedia, hace los deberes del inicio de clases.Foto EDH / Nelson Dueñas

Tareas desde una cama de hospital

Si los niños no pueden ir a la “escuelita del hospital Bloom”, los maestros de este centro van adonde estaban ingresados los pacientes.

De esta forma inició ayer el año escolar para los enfermos del centro asistencial. La directora de la escuelita, Marta Henríquez, explicó que por los pocos maestros que tienen, éstos deben llegar adonde están para que los niños no pierdan su horas de medicina.

Pese al escaso presupuesto, la institución da material didáctico a los pequeños, ya que sus padres muchas veces no tienen para esos gastos.

Un docente atiende 22 secciones

Félix Álvaro Mejía, profesor de Inglés del Centro Escolar Delfina de Díaz, en Guazapa, tendrá que lidiar con 22 secciones, entre el turno de la mañana y tarde.

La necesidad de ocho docentes en esa escuela, entre ellos el de idioma extranjero, obliga a Mejía a tener que hacerse cargo de otras secciones.

Eso significa desvelarse para preparar el material de apoyo, aunque reconoce que ésta no es la forma ideal para enseñar.

“Uno se tiene que acostar a las 2:00 de la mañana planificando, eso es sacrificado”, dice el docente.

Más allá de los tratamientos, a los niños de Oncología y Nefrología les tocó cantar y escuchar cuentos... en su primer día de clases.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


elsalvador.com WWW