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Barun
Mitra
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Nueva Delhi, India. (AIPE).- Una simple llamada telefónica hubiera
evitado decenas de miles de muertes causadas por el maremoto en el sudeste
asiático.
El terremoto cerca de la isla de Sumatra, en Indonesia, que causó
el maremoto fue un fenómeno de la naturaleza, pero la tragedia
humana hubiera podido ser mucho menor si se le hubiera dado importancia
a la información y si hubiese existido un sistema de comunicaciones
capaz de diseminar esa información.
Mucho se ha dicho sobre la necesidad de un sistema informativo sobre los
maremotos que ocurren en nuestra región. Pero, a pesar de que los
dos ciclones de 1998 y 1999 fueron anunciados con un par de días
de anticipación, miles de personas murieron en la India.
Se trata del mismo problema que afecta ahora los esfuerzos por ayudar
a las víctimas del maremoto.
La India aspira a convertirse en un centro internacional de tecnología
de la información, sin embargo, mi país no fue capaz de
procesar la información sobre el terremoto, advertir a tiempo a
las autoridades y éstas a la ciudadanía. Una de las razones
que se da es que ocurrió un día domingo, cuando la mayoría
de las oficinas gubernamentales está cerrada.
La India también aspira a convertirse en un poder militar, con
la responsabilidad de resguardar el comercio marítimo en el estrecho
de Malaca y el Océano Índico. Pero la base aérea
militar en la isla Car Nicobar, a 100 kilómetros de Sumatra, fue
totalmente destruida por el maremoto, porque la noticia tardó 12
horas en llegar.
Las islas Nicobar fueron seguramente afectadas unos pocos minutos después
de ocurrido el maremoto, pero éste tomó entre dos y tres
horas para alcanzar las costas orientales de la India y Sri Lanka. El
desastre en Nicobar ha debido causar la alarma, pero no se transmitió
ninguna información.
En casi toda la costa, justo antes del maremoto, el mar se retiró
de la costa, a pesar de que era tiempo de marea alta. Eso hubiera dado
entre 10 y 15 minutos a los habitantes de la costa para alejarse de la
orilla del mar.
Mientras las autoridades gubernamentales estaban disfrutando del día
de descanso, un ciudadano indio que trabaja en el puerto de Singapur se
enteró del maremoto y llamó a su familia para que se alejaran
de la costa. Eso nos confirma que fue la falta de información un
factor importante en la reciente tragedia.
La información funciona cuando es creíble, oportuna, relevante
y ampliamente accesible a la población. Centralizar el flujo informático,
como tratan de hacer los gobiernos, es destruir el propósito mismo
de la información.
Durante 50 años, el monopolio telefónico del Estado restringió
el acceso de manera que apenas 2,5% de la población de la India
tenía teléfono. Después de largos debates, los teléfonos
celulares fueron gradualmente permitidos, por lo que en una década
10% de la gente aquí tiene teléfono. Pero el atraso en las
políticas de comunicaciones ha impedido la telefonía vía
satélite, lo cual hubiera salvado tantas vidas de la actual tragedia.
Los pobres son siempre los más vulnerables a las calamidades naturales.
Y contrario a lo que mantienen los ambientalistas, un medio ambiente puro
no protege a los pobres. Por ejemplo, el ciclón tropical de 1876
causó unas 200 mil muertes y entonces no había contaminación
industrial ni calentamiento terrestre.
En la India, las familias pobres no abandonan sus hogares ante un ciclón,
porque temen que les roben sus pocas pertenencias y hasta pueden perder
el pedazo de terreno donde construyeron su vivienda.
El desarrollo económico es la mejor defensa contra calamidades
naturales y un buen ejemplo de ello es Japón. Y cada crisis permite
nuevas oportunidades. La tragedia actual que vive la India debería
cambiar la mentalidad de los gobernantes, permitiendo el libre flujo de
información y abriendo las puertas a las inversiones y crecimiento
económico, únicas defensas contra las tragedias naturales.
* Director del Instituto Libertad, Nueva Delhi,
India. © www.aipenet.com

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