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René
Serrano
El Diario de Hoy
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Son una delicia para el paladar de quien los disfruta, pero particularmente
son el adorno principal de la romería dedicada al Señor
de Salomé que cada año se celebra en la villa de Guacotecti,
el Pueblo escondido del departamento de Cabañas, del
14 al 22 de enero.
Comúnmente se les llama collares, rosarios o camándulas.
Y no hay quien haya visitado este pequeño poblado, ubicado a 82
kilómetros de la capital y a 2 de Sensuntepeque, que no los haya
probado alguna vez.
Tras el comienzo de la feria al Cristo Milagroso, alrededor
de 50 mujeres, conocidas como las Dulceras de Guaco, instalan
en el parque frente a la iglesia colonial sus champas, hechas
con bambú.
Allí ofrecen los rosarios que cuelgan de un palo, a
la par de candelas, imágenes y otros artículos religiosos
adquiridos por los devotos para cumplir su visita. Al salir
de misa se llevan más de un collar, según la edad de los
clientes, que en su mayoría son los niños quienes gustan
saborearlos.
Los collares se logran con una mezcla de azúcar y limón
más la creatividad que les ponen las dulceras que añaden
medallas que puede ser un Cristo, un corazón, e incluso la figura
de distintos animales.
Comienzan a elaborarlos desde el 1 de enero. Nadie sabe con exactitud
cuando inició esta tradición. Pero hay quiénes aseguran
que comenzó cuando se fundó la población, allá
por 1548.
A mí mi mamá me enseñó cómo hacerlos
cuando era joven. Ella aprendió en el cantón Agua Zarca,
donde está la mayoría señoras que los hacen,
expresa Laura Mejía, de 65 años.
Mejía permanece ahora en una silla de ruedas, pero su hija Inés
Villanueva heredó la tradición.
A la par, Wendy Romero, hija de doña Inés, y otras mujeres
preparan los collares de varios tamaños, cuyo precios oscila entre
0.25 centavos hasta los ocho dólares. Para los de este precio emplean
dos libras de azúcar refinada que es la que da el color blancuzco
a los dulces. Sólo para hacer las medallas, agrega
doña Inés.
Ella se encarga de poner la olla al fuego en la que echa una libra de
azúcar, una taza de agua y diez gotas de limón. Espera a
que hierva por 20 minutos y ya está hecha la pasta con la que luego
se hacen los nudos que hacen de avemaría. Luego los
meten en un cordel adornados con papel de china y la medalla al final
y listo. ¡A disfrutar!

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