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El Diario de Hoy
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La Fiscalía va a perseguir de oficio a los especuladores, para
lo cual tiene destacados a un grupo de fiscales, y solicitará además
denuncias del público. Las penas aplicables por el delito de especulación
van de dos a seis años, siempre y cuando se demuestre que con sus
actos, consiguieron acaparar un buen porcentaje de los alimentos básicos,
y elevar a su favor los precios.
Pero ¿cuándo es que una bodega llena de granos es comercio
legítimo y cuándo especulación? La ley no establece
la cifra mágica: hasta quinientos treinta sacos de maíz
todo es normal; con quinientos treinta y uno hay especulación y
al bote con el culpable. Durante el gobierno del coronel Molina las autoridades
procedieron a capturar a una pobre comerciante de oriente a quien encontraron
en su bodeguita unos cuatrocientos sacos con maíz y otro tanto
de frijol. Lo que nunca va a encontrar ni la Fiscalía ni humano,
es a alguien que explique la diferencia de ser previsorio comprando granos
y ser especulador.
De acuerdo a los criterios expuestos, el primer especulador de quien se
tiene noticia fue José, el ministro del Faraón. Anticipando
siete años de abundancia seguidos por siete años de sequía,
José aconsejó al Faraón construir graneros, llenarlos
de grano cuando fuera tiempo de las vacas gordas, y suministrar ese grano
al pueblo egipcio en los años de las vacas flacas. Fue tan grande
su sabia previsión que, nos dice el Capítulo 41 del libro
de Génesis:
Versículo 56 Y el hambre estaba por toda la extensión
del país. Entonces abrió José todo granero donde
había, y vendía a los egipcios, porque había crecido
el hambre en la tierra de Egipto.
57 Y toda la tierra venía a Egipto para comprar de José,
porque por toda la tierra había crecido el hambre.
Tuvo la suerte José de no haber vivido en la época del coronel
Molina ni hoy, porque habría ido a dar con sus huesos a la cárcel.
Como a la prisión irán comerciantes, negociantes y fabricantes
por problemas fiscales, pero no mareros ni narcos ni terroristas a quienes
los jueces sueltan ante portas.
La especulación es una parte fundamental de la condición
humana. Especula el joven que decide estudiar medicina y no abogacía,
suponiendo que sus oportunidades de empleo serán mejores. Especula
la joven que escoge a un pretendiente sobre otro, como especulamos al
dejar para más adelante comprar algo suponiendo que los precios
bajarán o que se van a presentar nuevos modelos de una computadora.
Sólo los gobiernos crean carestías
Lo que es disparatado es pensar que hay comerciantes capaces de comprar
una cantidad tan grande de granos, como para obtener ganancias monopolistas.
Pensarlo es ignorar cómo se mueven los mercados, más ahora
cuando una escasez se alivia de inmediato al importar de los países
vecinos o de ultramar. El ejemplo más claro de lo imposible que
es acaparar todos los bienes de un mercado lo dieron los hermanos Hunt
al querer hacerse de la plata del mundo; pasaron de billonarios a ricos.
Los únicos con la fuerza de especular generando carestías
son los gobiernos; recuérdense las picardías de los duartistas
con el abastecimiento del aceite comestible y la leche en polvo: simplemente
cerraron las importaciones legítimas y metieron aceite y leche
de contrabando, y se forraron de plata.

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