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La nota del día
La gran tontería con nueve vidas

Pero ¿cuándo es que una bodega llena de granos es comercio legítimo y cuándo especulación? La ley no establece la cifra mágica: hasta quinientos treinta sacos de maíz todo es normal; con quinientos treinta y uno hay especulación y al bote con el culpable

Publicada 17 enero 2005, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La Fiscalía va a perseguir de oficio a los especuladores, para lo cual tiene destacados a un grupo de fiscales, y solicitará además denuncias del público. Las penas aplicables por el delito de especulación van de dos a seis años, siempre y cuando se demuestre que con sus actos, consiguieron acaparar un buen porcentaje de los alimentos básicos, y elevar a su favor los precios.

Pero ¿cuándo es que una bodega llena de granos es comercio legítimo y cuándo especulación? La ley no establece la cifra mágica: hasta quinientos treinta sacos de maíz todo es normal; con quinientos treinta y uno hay especulación y al bote con el culpable. Durante el gobierno del coronel Molina las autoridades procedieron a capturar a una pobre comerciante de oriente a quien encontraron en su bodeguita unos cuatrocientos sacos con maíz y otro tanto de frijol. Lo que nunca va a encontrar ni la Fiscalía ni humano, es a alguien que explique la diferencia de ser previsorio comprando granos y ser especulador.

De acuerdo a los criterios expuestos, el primer especulador de quien se tiene noticia fue José, el ministro del Faraón. Anticipando siete años de abundancia seguidos por siete años de sequía, José aconsejó al Faraón construir graneros, llenarlos de grano cuando fuera tiempo de las vacas gordas, y suministrar ese grano al pueblo egipcio en los años de las vacas flacas. Fue tan grande su sabia previsión que, nos dice el Capítulo 41 del libro de Génesis:
Versículo 56 “Y el hambre estaba por toda la extensión del país. Entonces abrió José todo granero donde había, y vendía a los egipcios, porque había crecido el hambre en la tierra de Egipto.
57 Y toda la tierra venía a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre”.

Tuvo la suerte José de no haber vivido en la época del coronel Molina ni hoy, porque habría ido a dar con sus huesos a la cárcel. Como a la prisión irán comerciantes, negociantes y fabricantes por problemas fiscales, pero no mareros ni narcos ni terroristas a quienes los jueces sueltan ante portas.

La “especulación” es una parte fundamental de la condición humana. Especula el joven que decide estudiar medicina y no abogacía, suponiendo que sus oportunidades de empleo serán mejores. Especula la joven que escoge a un pretendiente sobre otro, como especulamos al dejar para más adelante comprar algo suponiendo que los precios bajarán o que se van a presentar nuevos modelos de una computadora.

Sólo los gobiernos crean carestías

Lo que es disparatado es pensar que hay comerciantes capaces de comprar una cantidad tan grande de granos, como para obtener ganancias monopolistas. Pensarlo es ignorar cómo se mueven los mercados, más ahora cuando una escasez se alivia de inmediato al importar de los países vecinos o de ultramar. El ejemplo más claro de lo imposible que es acaparar todos los bienes de un mercado lo dieron los hermanos Hunt al querer hacerse de la plata del mundo; pasaron de billonarios a “ricos”.

Los únicos con la fuerza de especular generando carestías son los gobiernos; recuérdense las picardías de los duartistas con el abastecimiento del aceite comestible y la leche en polvo: simplemente cerraron las importaciones legítimas y metieron aceite y leche de contrabando, y se forraron de plata.

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