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Futbolista por un día

Un periodista de El Diario de Hoy entrenó junto al plantel de Limeño para conocer más de cerca el rigor de la pretemporada. Aquí, las vivencias

Publicada 17 enero 2005, El Diario de Hoy

Pelotón. Byron Sosa, el segundo desde la izquierda en la barrera, se protege como puede de un tiro libre que ejecuta el delantero paraguayo Pablo Caballero..Foto EDH

Byron Sosa
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com


Lo que comenzó como una broma terminó siendo realidad. La propuesta al técnico de Municipal Limeño, Nelson Brizuela, de entrenar un día con el plantel oriental fue aceptada y cumplida como todo un “guerrero”, como les dice el timonel paraguayo a sus muchachos.

La suerte —mala o buena, depende de cómo se vea— comenzó cuando se pactó que la reunión para el entreno sería a las 6:30 a.m. Entonces la bitácora iniciaba a las 3:00 de la mañana.

Con mucho sueño, pero ansiosos por llegar, partimos a Santa Rosa de Lima. Fuimos los primeros en llegar (5:45 a.m.), incluso antes que los jugadores.

Ya con la mayoría de futbolistas reunidos, a las 6:45 a.m. partimos con destino a la playa Las Tunas, donde sería el entrenamiento matutino, a las 7:45 a.m. Y donde me esperaba lo mejor.

Brizuela me presentó con los jugadores como un integrante más de la planilla santarroseña. El cálido recibimiento de mis compañeros no se hizo esperar.

Empecé el calentamiento junto con el grupo. Absorto, dedicado, como tratando de impresionar al estratega paraguayo. Pero Mártir Paredes, Carlos Güity, Pablo Caballero y Adonai Franco habían preparado un recibimiento especial para “el nuevo jugador”. Consistía en darme un chapuzón, con procesión incluida, en el mar. “Vamos, llevémolo para allá”, dijo Martir; pero en el camino se encontraron con una poza donde me dejaron caer.

Las risas no faltaron, y el trabajo tampoco. Después comenzó el trabajo serio. Treinta minutos de carrera en la playa, pero antes había que cruzar un pequeño río… allí comenzó mi mala suerte.

A sangrar

Mi temor era no soportar el trabajo físico, pero nunca me imaginé que ese pequeño río sería mi peor obstáculo. Mientras mis compañeros se separaban en dos grupos, unos a la derecha y otros a la izquierda; Carlos Güity y yo decidimos irnos por el centro. Cuando cruzábamos el afluente, el hondureño sintió las molestias de las piedras; y pese a que iba con tenis sufrió un golpe en el tobillo que le causó un sangramiento.

Yo llevé la peor parte. La corriente me arrastró hacia las rocas mientras todos me esperaban en la orilla. Después de cinco minutos logré pasar y al salir del río las plantas de ambos pies y la mano izquierda me sangraban.

Mis compañeros, preocupados, me preguntaron si podía continuar. “Ni modo, hay que hacerlo”, respondí con una sonrisa a medio andar.
Me esperaban treinta minutos de trote. Y pese al percance los soporté. Primera prueba superada.

Apenas una pausa

Luego vino lo más pesado. Alrededor de 45 minutos de sentadillas con llantas, salto con conos, control de balón, así como “piques” con las pelotas, fueron los trabajos que hicieron mella en los jugadores nuevos.

Después de eso, un “suculento” desayuno con cereales sustentó el hambre que había despertado el entrenamiento.

A las 10:15 a.m., el entreno matinal finalizó y todos nos fuimos de Las Tunas con la promesa que nos veríamos a las 4:00 p.m. en el estadio.

Lo acordado se cumplió, media hora antes del entrenamiento de la tarde los jugadores llegaron al estadio donde se acercaron para preguntarme cómo estaba de los pies.

“Qué pasó, cómo seguiste. ¿Vas a aguantar?”, me dijo el hondureño Carlos Muñoz, mientras sus compatriotas Cristian Santamaría y Carlos Güity me observaban los pies.

Decidido o resignado me equipé y con menos dolor me dirigí a la cancha, donde fui uno más del plantel de Limeño. Hubo mucha entrega, confianza y claridad de lo que quiere hacer el club en la venidera temporada.

Juegos tácticos menores rompieron el hielo de la primera impresión y de paso me hicieron sentir el verdadero calor de Santa Rosa de Lima.

Desconcierto


Mi presencia no pasó inadvertida. Incluso muchos creyeron que era un jugador que llegaba a prueba; inclusive, algunos directivos me observaban con ojos que parecía peguntarse: ¿y éste quién es?

Las ganas por saber qué es entrenarse en un equipo de Primera División fueron los sedantes del dolor causado por las burlas y laceraciones de mis pies.

Nelson Brizuela no se apiadó de mí —en la mañana, y cuando pactamos el encuentro me había dicho que me trataría como uno más—. Incluso al saber que había perdido en un trabajo de marca, me mandó a hacer lagartijas.

Luego eligió el posible cuadro titular (incluido su servidor, sin afán de presumir) con el que platicó sobre jugadas planeadas.

Acá aportó mucho el también paraguayo Pablo Caballero, quien le transmitió ideas de jugadas a su timonel y a sus nuevos compañeros.

Los tiros libres de Caballero, Muñoz y Santamaría pusieron a temblar a la barrera compuesta por Carlos Güity, Mártir Paredes, Walter “el Pollo” Álvarez y yo. Este último fue el que más sufrió con los tiros. Lo vi sufrir a mi lado. Por mi parte, sólo recibí “un baño” de Santamaría. “Este Byron está con suerte ahora”, comentó Muñoz.

Despedida

El día llegaba a su fin. Para terminar la práctica, el equipo que puede ser titular jugó un amistoso con los jugadores que han llegado a probarse al club. Los titulares ganaron mientras yo esperaba en la banca. Nunca entré a jugar, pero viví el partido como si estuviera adentro. Al final, la despedida llegó, uno a uno les agradecí y les deseé suerte en la difícil tarea que tendrán: salvar de caer en la Segunda División.

Brizuela me anticipó en la mañana que me había equivocado de profesión. “Viste que tenías para futbolista”, me dijo en Las Tunas; por la tarde, en la parte técnica, no habló mucho, pero todos me hicieron sentir lo que vive un jugador de la Primera.

El trabajo fue el mismo, las ganas de entregarme en las canchas fueron dejadas minuto a minuto. Una buena aventura que servirá no sólo para escribir sobre fútbol, sino para saber lo que se siente y transmitir mejor el verdadero sentido del fútbol.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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