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Carlos Mayora Re
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador. com
Una de las primeras actividades que Juan Pablo II lleva a cabo al inicio
de cada año es la reunión con el cuerpo diplomático
acreditado ante la Santa Sede. El pasado lunes 10 se dieron cita con el
Papa los embajadores de todas las naciones que tienen relaciones diplomáticas
con el Estado del Vaticano, y Juan Pablo II les dirigió un mensaje
muy rico.
Un mensaje que, viniendo de Juan Pablo II, no sólo nos garantiza
su actualidad, sino también su relevancia. El Papa, un gigante
por su inteligencia, su coherencia de vida y su calidad moral, identifica
y pone en el escenario mundial los puntos clave en los que la humanidad
entera se juega su futuro.
Juan Pablo II identifica cinco grandes retos: El desafío
de la vida, el desafío de lo que llama el santuario
de la vida: la familia; el gran desafío de la paz;
el desafío del pan y el desafío de la
libertad. E invita a todos los que le escuchan a emprender la gran
batalla para vencerlos, fundamentando la lucha en unas palabras de San
Pablo a los romanos, cuando les exhorta vence el mal con el bien
(vince in bono malum, dice el texto, con su escueta y sugerente redacción
latina): es decir, que invita a luchar no haciendo uso de la violencia
o la destrucción, sino por medio del bien: ahogando el mal
en abundancia de bien, como solía apuntar un autor de nuestros
días.
Pone el acento en la tutela de la vida humana cuando el hombre es
más débil y debe ser protegido mejor: justamente en
su inicio, y exhorta a quienes le escuchan a respetar y promover el respeto
de los seres humanos en todo el arco de su vida natural.
Alentando una labor científica que no reduzca el embrión
a objeto de laboratorio, a cosa; que prime una investigación genética
que no se considere a sí misma exenta de los imperativos morales.
Con respecto a la familia, hace énfasis en la responsabilidad de
los estados, concerniente a la promulgación de una legislación
que nunca atente contra el matrimonio, considerando que la familia
es la fuente fecunda de la vida, el presupuesto primordial e irremplazable
de la felicidad individual de los esposos, de la formación de los
hijos y del bienestar social, así como de la misma prosperidad
material de la nación; añadiendo que no puede
admitirse que la familia se vea amenazada por leyes dictadas por una visión
restrictiva y antinatural.
Anima a los embajadores a fomentar una legislación en la que prevalezca
una concepción justa, alta y pura del amor humano, que encuentra
en la familia su expresión verdaderamente fundamental y ejemplar.
Vince in bono malum.
La paz, esa eterna ausente en un mundo cada vez más revuelto, ocupa
un lugar muy importante en las reflexiones del Pontífice. Se detiene
en consideraciones con respecto a la situación en los cinco continentes
y anima a los asistentes indicando que para construir una paz verdadera
y duradera en nuestro planeta ensangrentado, es necesaria una fuerza de
paz que no retroceda ante ninguna dificultad, confiando en Dios
y en la industria de los hombres de buena voluntad; siempre teniendo como
telón de fondo las palabras del apóstol: vince in bono malum.
En cuanto al desafío del pan, el bien que vencerá
la pobreza y el hambre injusta agrega el Papa es un
compromiso radical para la justicia y un esfuerzo de solidaridad más
atento y determinado, la justa distribución de los recursos
no se logrará nunca por medio de la fuerza, ni ciertas formas
colectivistas de política económica, sino por la responsabilidad
personal, el ejercicio consciente de la libertad en beneficio de los demás.
La parte más filosófica del discurso está dedicada
a la consideración del desafío de la libertad,
en la que se ocupa del derecho de todos los seres humanos a la libertad
de religión, fundamento de cualesquiera otras libertades,
pues la verdadera libertad es siempre para vencer el mal con el
bien. Vince in bono malum.
Cinco desafíos, cinco retos que a simple vista podrían parecer
gigantes a los que nos enfrentaremos sólo con una astillada lanza
y un caballo maltrecho, como el Hidalgo de la Mancha
Pero que, a
pesar de las dificultades, Juan Pablo II nos anima a afrontar con confianza
en Dios, pues ama al hombre y quiere para él la paz. Todos
estamos invitados a ser instrumentos activos de la misma, venciendo al
mal con el bien. Vince in bono malum.
*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista
de El Diario de Hoy.

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