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Punto de vista
“Vince in bono malum”

La parte más filosófica del discurso está dedicada a la consideración del “desafío de la libertad”, en la que se ocupa del derecho de todos los seres humanos a la “libertad de religión”

Publicada 15 enero 2005, El Diario de Hoy



Carlos Mayora Re
El Diario de Hoy

editorial@elsalvador. com

Una de las primeras actividades que Juan Pablo II lleva a cabo al inicio de cada año es la reunión con el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. El pasado lunes 10 se dieron cita con el Papa los embajadores de todas las naciones que tienen relaciones diplomáticas con el Estado del Vaticano, y Juan Pablo II les dirigió un mensaje muy rico.

Un mensaje que, viniendo de Juan Pablo II, no sólo nos garantiza su actualidad, sino también su relevancia. El Papa, un gigante por su inteligencia, su coherencia de vida y su calidad moral, identifica y pone en el escenario mundial los puntos clave en los que la humanidad entera se juega su futuro.

Juan Pablo II identifica cinco grandes retos: El “desafío de la vida”, el desafío de lo que llama “el santuario de la vida”: la familia; el “gran desafío de la paz”; el “desafío del pan” y el “desafío de la libertad”. E invita a todos los que le escuchan a emprender la gran batalla para vencerlos, fundamentando la lucha en unas palabras de San Pablo a los romanos, cuando les exhorta “vence el mal con el bien” (vince in bono malum, dice el texto, con su escueta y sugerente redacción latina): es decir, que invita a luchar no haciendo uso de la violencia o la destrucción, sino por medio del bien: “ahogando el mal en abundancia de bien”, como solía apuntar un autor de nuestros días.

Pone el acento en la tutela de la vida humana “cuando el hombre es más débil y debe ser protegido mejor”: justamente en su inicio, y exhorta a quienes le escuchan a respetar y promover el respeto de los seres humanos en todo el arco de su vida natural.

Alentando una labor científica que no reduzca el embrión a objeto de laboratorio, a cosa; que prime una investigación genética que no se considere a sí misma exenta de los imperativos morales.

Con respecto a la familia, hace énfasis en la responsabilidad de los estados, concerniente a la promulgación de una legislación que nunca atente contra el matrimonio, considerando que “la familia es la fuente fecunda de la vida, el presupuesto primordial e irremplazable de la felicidad individual de los esposos, de la formación de los hijos y del bienestar social, así como de la misma prosperidad material de la nación”; añadiendo que “no puede admitirse que la familia se vea amenazada por leyes dictadas por una visión restrictiva y antinatural”.

Anima a los embajadores a fomentar una legislación en la que “prevalezca una concepción justa, alta y pura del amor humano, que encuentra en la familia su expresión verdaderamente fundamental y ejemplar. Vince in bono malum”.

La paz, esa eterna ausente en un mundo cada vez más revuelto, ocupa un lugar muy importante en las reflexiones del Pontífice. Se detiene en consideraciones con respecto a la situación en los cinco continentes y anima a los asistentes indicando que “para construir una paz verdadera y duradera en nuestro planeta ensangrentado, es necesaria una fuerza de paz que no retroceda ante ninguna dificultad”, confiando en Dios y en la industria de los hombres de buena voluntad; siempre teniendo como telón de fondo las palabras del apóstol: vince in bono malum.

En cuanto al “desafío del pan”, el bien que vencerá la pobreza y el hambre injusta —agrega el Papa— es “un compromiso radical para la justicia y un esfuerzo de solidaridad más atento y determinado”, la justa distribución de los recursos no se logrará nunca por medio de la fuerza, ni “ciertas formas colectivistas de política económica”, sino por la responsabilidad personal, el ejercicio consciente de la libertad en beneficio de los demás.

La parte más filosófica del discurso está dedicada a la consideración del “desafío de la libertad”, en la que se ocupa del derecho de todos los seres humanos a la “libertad de religión”, fundamento de cualesquiera otras libertades, pues “la verdadera libertad es siempre para vencer el mal con el bien. Vince in bono malum”.

Cinco desafíos, cinco retos que a simple vista podrían parecer gigantes a los que nos enfrentaremos sólo con una astillada lanza y un caballo maltrecho, como el Hidalgo de la Mancha… Pero que, a pesar de las dificultades, Juan Pablo II nos anima a afrontar con confianza en Dios, pues “ama al hombre y quiere para él la paz. Todos estamos invitados a ser instrumentos activos de la misma, venciendo al mal con el bien. Vince in bono malum”.

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.



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