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Morena
González Castro
El Diario de Hoy
c.may@chello.nl
El texto de la Constitución Europea se firmó en Roma el
29 de octubre pasado. Los españoles serán los primeros en
ratificarlo el 25 de febrero. Para finales de 2005 la totalidad de los
estados miembros ha de ratificarla. Los 25 países miembros se comprometieron
a realizar campañas de información y educación sobre
el articulado constitucional previo a las votaciones.
La Constitución Europea se comienza a perfilar a partir de la Declaración
de los Derechos Humanos de la Unión firmada en Niza en 2000, de
las declaraciones y debates sobre el futuro de la Unión, de la
Convención Europea y del Proyecto de Tratado de la Constitución
de 2003, hasta llegar a la firma en Roma el pasado octubre.
Los principios básicos en que descansa la Constitución Europea
se destacan en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión
en los capítulos titulados: Dignidad, libertad, igualdad, solidaridad,
ciudadanía y justicia.
Son muchos los problemas que los países europeos han tenido que
afrontar en su afán por consolidar una organización estable,
debido a la multiplicidad de intereses que van desde la diversidad cultural,
religiosa, económica y social, hasta llegar a la percepción
individual y colectiva de una Europa unida.
Sirva de ejemplo el proceso de admisión de Turquía como
Estado miembro de la Unión. El 16 y 17 de diciembre, durante la
reunión del Consejo Europeo, se planteó tal posibilidad
toda vez que ese país acepte las condiciones para iniciarlo, una
de las cuales sería que Turquía reconozca a la parte griega
de Chipre, país con el cual mantiene una disputa territorial.
Los 407 votos a favor, 262 en contra y 29 abstenciones han determinado
que se fije el 3 de octubre de 2005 como fecha límite para la apertura
formal del proceso de ingreso de Turquía a la Unión, el
cual duraría alrededor de diez años, previo cumplimiento
de las condiciones planteadas.
Con esta votación y acuerdo no vinculante se puso fin a la oposición
de países como Austria y Alemania y a la propuesta de la derecha
francesa y alemana de otorgar a Turquía sólo el estatus
de asociación privilegiada, pero no así el de Estado miembro.
Turquía, país de profunda raigambre islámica, es
geográficamente una puerta de entrada a Siria e Irán y a
movimientos islámicos extremistas, que hacen dudar a un número
de países del Continente sobre la vocación europea turca.
Ésta es la razón principal del recelo que existe entre los
estados que hacen esfuerzos conjuntos para contrarrestar los actos terroristas
islámicos en la región.
Alemania, que cuenta con alrededor de cuatro millones de turcos residentes
en su territorio, que demandan puestos de trabajo y servicios sociales,
es una de las principales opositoras a permitir el ingreso de Turquía
en la Unión.
El problema étnico es sólo uno de los tantos que preocupan
a los estados euro- peos por el influjo de inmigrantes africanos y los
ataques perpetrados por movimientos terroristas islámicos. Además
existen diferencias económicas y sociales entre los países,
lo que sin embargo no constituye un impedimento insalvable para trabajar
por el objetivo final de una Europa unida.
La Unión Europea es un ejemplo que deben seguir los países
de Latinoamérica para volver realidad el sueño bolivariano.
Específicamente en nuestra Centro América, debemos esforzarnos
por consumar el ideal morazánico de un istmo unido por las raíces
culturales e históricas y los beneficios sociales que tal unidad
acarrearía en materia comercial y paridad sociopolítica.
Ya es hora de que la pelota se ponga en el campo de los ciudadanos centroamericanos
y que los diálogos multilaterales tengan finalmente un interlocutor
válido en el ciudadano promedio para que se conozca y se logre
el apoyo al proyecto integracionista en la región.
*Licda. en Ciencias Políticas, Master en
Relaciones Públicas y Comunicaciones.

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