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Alcohólicos sin acera

La adicción a las bebidas embriagantes es un proceso variable. Se agrava con la pérdida de control

Publicada 12 de enero 2005 , El Diario de Hoy

Pérdida de control. Es el detonante hacia un alcoholismo crítico.Foto EDH
Leyre Ventas
El Diario de Hoy
lventas@elsalvador.com

Como un obeso de 500 gramos que llama gordo a uno de 200, el ex zapatero admite que quien considera casi tarea el tomar cada fin de semana es alcohólico: “para esa persona tomar es un hobbie, y aunque la familia le pida que le acompañe a un evento se negará, no renunciará a su plan”.

A pesar del comentario, comenzó a considerarse borracho cuando ya no pudo dejar de beber a diario. “Los amigos me animaban a salir y no podía negarme”. Amanecía sin cinco y en la acera.

Ahora es alcohólico anónimo y director del albergue para adictos Sólo por hoy, por lo que tiene bien presente su pasado de bebedor permanente.
Al centro que regenta llegan dependientes en condiciones extremas, como aquel joven con cirrosis hepática, “todo seco y con diarrea crónica”, que está siendo tratado en el Hospital Zacamil.

Son escenas que responden a años de toxicidad acumulada en el hígado. Pero antes de una manifestación física de tal calibre, existe toda una trayectoria de tragos.

“De las mil personas que toman alcohol, cien se hacen alcohólicos sociales y siete crónicos”, hace estadística el anónimo. Aclara que los sociales son aquellos que se preocupan de si habrá alcohol en la fiesta, porque sin él no será buena; los crónicos despertarán tirados en alguna esquina.

Los términos corresponden a la tabla que plantea Alcohólicos Anónimos, comunidad mundial y voluntaria donde individuos de toda condición se reúnen para lograr y mantener la sobriedad.

Las barreras entre etapas son invisibles. “Nadie sabe a qué horas las brinca o las va a brincar”, asegura quien conoció parte del recorrido, taxista y ahora también anónimo.

Visión médica

Luis Alfaro, coordinador y terapeuta del Programa Ambulatorio de Fundasalva –la fundación salvadoreña contra la droga–, comenta que desde el primer contacto con la sustancia (comportamiento experimental) hasta el habitual (conducta instalada, por ejemplo, cada fin de semana), ésta alegra, hace disfrutar a quien la consume, incluso eleva la autoestima.

Al desarrollar la compulsión –“toman una y se pican”–, es cuando hace su aparición la pérdida de conciencia: “el borracho no recuerda cómo llegó a su casa, comienzan los maltratos en la familia, existen complicaciones laborales, incluso legales”, explica el experto en el uso indebido de las drogas.

Así, lo que generaba alegría se convierte en problema. La semana tras una borrachera monumental es un mar de sentimientos de vergüenza y culpa (por lo que se pudo haber dicho y hecho, por el gasto que ocasionó...). La conciencia pesa y la autoestima cae en picado.

Cuando la dependencia alcanza niveles crónicos se dan los síntomas psicóticos. El bebedor comienza a tener delirios de persecución y alucinaciones (delirium tremens). Y una vez agredida la corteza cerebral–el alcohol incide en el sistema nervioso central (ver infografía)– tiene lugar la demencia, un cuadro psicótico.

Carrera desde el fondo

El miembro veterano del albergue Nueva vida se peina la melena mil veces desenredada y emite la mejor definición para el fondo que un adicto toca antes de iniciar la recuperación: “es el dolor o sufrimiento experimentado por un alcohólico, que lo lleva a pedir ayuda en base al convencimiento propio de que la requiere”.

Hay distintos tipos de fondo: de vaso, de barril, etc. El taxista agradece que el suyo fuera de “sartén”. Sin embargo, el responsable de mantener aseado y ordenado el local durante la jornada describe el lago en el que tuvo que sumergirse para llegar hasta lo más hondo: “ya no te abren puertas, hay que pedir comida en comedores de beneficencia o rebuscarla en un basurero. También robas y ni la madre ni la esposa te quieren a cinco cuadras, porque ya vendiste todo lo de la casa”.

Una vez aceptado que se alcanzó el límite personal, se comienza a remontar. La zona terapéutica perteneciente a Alcohólicos Anónimos es el escenario para ello.

Los grupos se reúnen a diario de 6:30 a 8:00 de la noche para compartir “defectos de carácter”, plagio de los pecados capitales: comportamientos avariciosos, lujuriosos, arranques de envidia, retos a pelear.

El programa de la asociación es de completa abstinencia, donde la sobriedad se mantiene por medio de la experiencia, la fortaleza y la esperanza compartidas en las reuniones.

Instituciones

Según el último censo, existen unos 536 grupos de Alcohólicos Anónimos en el área municipal de San Salvador, y al rededor de cien mil en el mundo, con unos dos millones de miembros repartidos en 150 países.

Son los únicos datos que el ente contempla, ya que AA no tiene registros de miembros ni historiales, no investiga ni participa en estudios ni los patrocina.

Por el contrario, Fundasalva, además de proveer de consultas externas, tratamientos residenciales, sostener programas de rehabilitación en dos cárceles del país y trabajar en la concienciación junto con el Ministerio de Educación, se encarga de llevar a cabo investigaciones sobre la materia .

La realizada en junio de 2004, Prevalencia del consumo de sustancias psicoactivas en El Salvador, concluye que los licores y la cerveza fueron las drogas de mayor consumo en el pasado año, en comparación con el tabaco, fármacos y drogas ilegales.

El director del albergue Sólo por hoy no pertenece al 58%–de una muestra de 5,093 sujetos– que, según el estudio, consumió alcohol con regularidad el pasado año. En mayo hará 25 años que se retiró de esas ligas.

Sin embargo, confirma que la edad promedio del primer contacto con la bebida es de 13.2 años, dato contemplado en el documento. También el taxista, el anónimo del peine y los seis internos permanentes del centro de acogida.

Calorías vacías
LNo son alimentos. Las bebidas alcohólicas, como las dulces (gaseosas, jugos artificiales, etc.) sólo aportan calorías. No dejan rastro de vitaminas, ni siquiera la cerveza. Para aprovechar las propiedades nutritivas de esta última, explica la dietista Thelma Escobar de Díaz, “se tendría que tomar un barril”.
Un poco de licor antes de las comidas puede abrir el apetito y reducir la incidencia de cardiopatías. “Siempre en cantidades moderadas”, muestra firmeza la nutricionista.
Pero no existe consenso a la hora de definir la medida adecuada: dos copas de vino al día, tomar cada fin de semana, o a diario, pero sólo cerveza.
Sea cual sea la definición, las calorías del alcohol son vacías y se acumulan. Y con frecuencia en partes estéticamente llamativas.
“Quien se someta a un control dietético debe concienciarse de que es el aporte de las bebidas embriagantes consumidas la principal causa de su sobrepeso”. Escobar recuerda clientes que, por no querer renunciar al hábito, eliminan de la dieta grasas, harinas y dulces.
Una cerveza de 12 onzas equivale a cuatro unidades de dulces típicos, y dos aportan la misma cantidad de calorías que una barra de chocolate con almendras. Por lo que, en sus tratamientos, la dietista ocupa la vanidad como anzuelo.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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