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Oriente importa jornaleros

Problema. Nicaragüenses y hondureños trabajan en cosechas de café y caña de azúcar. Remesas y bajos salarios inciden en que los locales desistan de trabajar en el agro.


Publicada 10 de enero 2005 , El Diario de Hoy

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José Alberto Barrera
El Diario de Hoy

negocios@elsalvador.com

La escasez de mano de obra local ha obligado a productores de café y caña de azúcar a contratar temporalmente trabajadores hondureños y nicaragüenses para recolectar las cosechas en el oriente del país.

Ricardo Esmahan, presidente de la Cámara Agropecuaria y Agroindustrial, señaló que la ausencia está asociada a la migración a Estados Unidos y a la recepción de remesas.

“(La migración) ha provocado que la mayoría de jornaleros jóvenes se vayan y que los que se quedan no tengan interés en trabajar porque están conformes con lo que reciben”, aseguró.

Destacó también que hay poblados donde sólo hay mujeres y personas de la tercera edad, grupos que a veces no pueden integrarse en las pesadas jornadas del campo.

La falta de cortadores pone en riesgo la cosecha de algodón, sector que este año tuvo complicaciones al tratar de ubicar a los cortadores para la primera cosecha a gran escala después de cuatro años en los que no tuvo actividad.

Se agudiza


Esmahan agregó que en el futuro podríamos tener una escasez mayor de trabajadores y el fenómeno se puede ampliar.

“Cuando vienen los nicaragüenses con sus hijos se sienten muy bien pagados porque el salario que ganan es mayor que el que recibirían en su nación, en especial porque el pago rural mínimo es el doble que el de allá”, dijo.

Miguel Navarrete, diputado de la Asamblea Legislativa y productor de caña en Puerto Parada, Usulután, reveló que en algunos casos los jornaleros son traídos por los finqueros, pero que al terminar la recolección regresan a su país.

“Ellos vienen a la roza de los cañales. Hace poco conocí un caso de doce hondureños que trabajaron en labores agrícolas y que creían que podrían regresar con un grupo de 90”, comentó.

Navarrete comentó que el fenómeno comenzó a generalizarse en el oriente del país hace dos años, ya que antes era exclusivo de las zonas fronterizas donde es fácil que haya contratos de trabajadores de uno u otro lado de la la línea divisoria.

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Ahora, según algunos finqueros que prefieren el anonimato, es común que haya extranjeros involucrados en las labores agrícolas no sólo en los departamentos de La Unión y Morazán (fronterizos con Honduras), sino en San Miguel y Usulután.

El fenómeno es más evidente en aquellos municipios que reciben más remesas y se expande poco a poco a otras zonas.

Miguel Valiente, gerente de la Asociación de Beneficiadores y Exportadores de Café (Abecafe), dijo que la llegada de jornaleros de Honduras y Nicaragua no es algo del todo nuevo porque en el pasado llegaban cortadores hasta de Guatemala.


“Las migraciones bajaron con los problemas del café, pero se han incrementado en los últimos tres años… antes lo que se oía es que la mayoría de ellos (los jornaleros) venía de la costa norte de Honduras”, aseguró.

Valiente cree que el desinterés de los agricultores locales se origina en el hecho de que muchos han cambiado su estilo de vida. “En la medida que trabajan para las maquilas, emigran o ven que hay poca paga su interés baja”, puntualizó.

Miguel Angel Martínez, gerente de la unidad de transferencias del Centro de Tecnología Agroforestal (Centa), aseguró que otro factor que baja el interés de los jornaleros locales es que ya no se conforman con el salario mínimo.

“Ellos han subido sus pedidos de $3 a $5. Eso es común en ciudades de La Unión y San Miguel y es más notable en la zona fronteriza. Por eso mucha gente trata de entrar, porque ven atractivo el salario”, aseguró.

“Aquí los extranjeros ven dólares y los locales que trabajan por esa tarifa ($3), lo hacen por menos tiempo entran a las 6:00 y salen a las 11:00 de la mañana, cuando los extranjeros cumplen con el horario normal (7:00 de la mañana a 12:00 del mediodía y de 1:00 a 4:00 de la tarde)”, concluyó.

Para Amy Angel, gerente de la sección Agrícola y de Medio Ambiente de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades), muchos salvadoreños desisten de involucrarse en las actividades porque la paga no les satisface.

“Hay casos en San Miguel donde si alguien va a incursionar en este tipo de cultivos debe pensar en pagar más o buscar la mecanización”, aseguró la analista.

Destacó que la apatía a las labores agrícolas se refleja en municipios como Chirilagua que dependen fuertemente de los envíos de remesas de los familiares que residen en los Estados Unidos.

“(La llegada de extranjeros para la recolección) es algo que vamos a seguir viendo más y más en El Salvador, especialmente en la época de cosechas”, consideró Angel.

Pero no todos los que reciben remesas deciden no trabajar en el campo.

“Hay quienes ven ese dinero como un salario de reserva… hay quienes siempre buscan trabajo”, puntualizó la analista de Fusades.

Se buscan

Julio Arroyo, gerente de la Asociación Azucarera Salvadoreña, manifestó que el sector también reporta deficiencia de jornaleros.

Explicó que es difícil lidiar con situaciones como esta porque “no se puede obligar a la gente a trabajar”, así que deben buscar más opciones.

Arroyo dijo que conoce de casos en los que algunos productores colocan carteles en las fronteras de Honduras con El Salvador y Nicaragua, desesperados por la situación.

Los finqueros, dijo ofrecen teléfonos para el contacto y transporte para los interesados.



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