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Sri Lanka. Una pequeña refugiada bebe agua. Foto
EDH/AP
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Agencias internacionales
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Casi
dos semanas después del maremoto, centenares de desplazados indonesios
tienen acceso a agua potable, comida y medicinas, pero persiste el trauma
de haber perdido a familiares y pertenencias y de tener que empezar de
cero.
Son, a pesar de todo, desplazados afortunados porque se encuentran en
Banda Aceh, la capital de la provincia de Aceh, en el norte de la isla
de Sumatra, por donde entra la mayor parte de la ayuda humanitaria para
las víctimas del maremoto del 26 de diciembre.
Mis hermanos y yo dormimos en el comedor cerca de la puerta y la
dejamos abierta porque tenemos miedo a un nuevo terremoto, comentó
la indonesia Biba, quien perdió a su padre y a uno de sus hermanos.
Una vez cubierta la atención médica de urgencia de los refugiados
en Banda Aceh, han empezado a llegar a la zona equipos de psicólogos
para ayudar a los damnificados a superar la difícil situación.
En el centro de acogida habilitado delante de la televisión pública
indonesia en Banda Aceh, una acehnense de 16 años empieza a llorar
cuando recuerda la llegada de las olas gigantes y cómo quedó
atrapada entre los escombros.
Todavía me duelen las costillas y no puedo comer mucho, pero
estoy bien aquí. Me quedé atrapada y no me podía
mover. Tenía mucho miedo pero mi hermano me salvó,
relató la chica.
Ambos hermanos han quedado huérfanos y residen por ahora en el
campamento de refugiados que atiende el Fondo de Naciones Unidas para
la Infancia (Unicef), sin que tengan muy claro su futuro.
Locos
Faye Scarlet, una de las siete psicólogas de Médicos sin
Fronteras, indicó que los más difíciles son
los adolescentes, pues se encuentran muy perdidos, les cuesta hablar con
nosotros porque tienen miedo de que los demás crean que están
locos.
Para aproximarse a ellos, trabajan en unidades móviles con equipos
de doctores.
Indicó que muchos de los afectados que atienden presentan síntomas
de estrés agudo: problemas respiratorios, dolores de cabeza y desórdenes
alimenticios.
Resaltó el espíritu de supervivencia de los pacientes, pese
a todo lo sufrido.
Estoy muy sorprendida con la fuerza de los acehnenses. Lo han perdido
todo pero nos dicen que quieren recuperarse pronto, que tienen que sobrevivir,
manifestó Scarlet.
Lo han perdido todo pero siguen sonriendo, indicó.