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Optimista. El principal candidato, apoyado por el grupo de Arafat,
Al Fatah, saluda a cientos de simpatizantes. Foto
EDH/AP
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Agencias internacionales
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Las elecciones
de hoy para reemplazar a Yaser Arafat tienen el potencial de dar al mundo
árabe su primera democracia genuina al consolidar en las urnas
una transferencia pacífica del poder que representaría un
buen augurio para la creación de un Estado palestino.
Pero cuatro años de graves conflictos con Israel han reducido las
expectaciones.
Muchos afirman que se conformarían con logros menores: puestos
de trabajo, un gobierno más transparente y la desaparición
de los retenes israelíes.
No necesitamos más teatro, expresó Saud Jaradat,
de 68 años, vecino de la aldea de Sair, cerca de Hebrón,
en una alusión a los altibajos del gobierno de Arafat. Es
hora de comenzar a resolver nuestros problemas.
En concentraciones políticas realizadas desde Gaza hasta Hebrón,
el candidato favorito, el palestino Mahmoud Abbas, ha sido recibido con
entusiastas demostraciones de respaldo.
Abbas ha comenzado a modificar su imagen de político gris y poco
definido y ha alarmado a algunos israelíes con sus declaraciones
públicas en favor de los militantes, pero ha ganado nuevos adeptos
entre palestinos cuyo apoyo es vital para un posible acuerdo de paz con
Israel.
Las encuestas indican que Abbas dispone de más del doble del respaldo
popular de su rival más cercano, el activista prodemocracia Mustafá
Barghouti.
La cuestión no es si Abbas va a ganar, sino por cuánto margen,
y la respuesta a esa pregunta tendrá un gran impacto en la capacidad
del nuevo gobernante para controlar a los extremistas y entablar conversaciones
de paz con Israel.
Grandes expectativas
El presidente de la Sociedad Académica Palestina, Mahdi Abdul Hadi,
indicó que el candidato ganador necesitará un 65% de los
votos para obtener el mandato que necesita.
De otro modo los israelíes no respetarán su posición
y lo mantendrán debilitado y (el grupo extremista) Hamas desea
que el gobierno sea débil para poder negociar, declaró.
El régimen autoritario de Arafat y la corrupción de su gobierno
fueron considerados como los principales obstáculos para el progreso
y las negociaciones de paz.
Muchos confían en que el nuevo gobierno funcione con mayor transparencia
y más respeto por las leyes palestinas. (AP)

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