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Tarea de la ONU
Por un mundo más seguro

Ningún informe puede por sí mismo crear un mundo más seguro, pero quienes apoyan esa meta deberían esperar que los gobiernos y sus pueblos tomen en serio las recomendaciones del grupo.

Publicada 9 enero 2005, El Diario de Hoy

Joseph S. Nye*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Por lo general, los informes de comité son mortalmente aburridos, y los producidos por los comités de la ONU deben de estar entre los más tediosos de todos. Pero el reciente informe del Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio del Secretario General de la ONU quebró esa regla.

Dieciséis líderes políticos y ex diplomáticos combinaron los principios y el realismo político para producir las propuestas de cambio más completas desde la creación de la ONU en 1945.

El Secretario General, Kofi Annan, presentará este informe en marzo. Después dependerá de los gobiernos el actuar en consecuencia.

Muchos de los primeros comentarios que ha suscitado se refieren a las recomendaciones del Grupo de ampliar el Consejo de Seguridad de la ONU de 15 a 24 miembros.

El informe propone dos alternativas: Una sería agregar seis nuevos miembros permanentes (como India, Brasil, Egipto, Sudáfrica, Japón y Alemania), así como tres miembros con un período de dos años. La otra alternativa sería crear ocho miembros semipermanentes, cada uno por un período renovable de cuatro años, y un miembro adicional elegido por dos años.

Ambas propuestas implica- rían modificar la Carta de las Naciones Unidas, lo que requiere lograr el apoyo de una mayoría de dos tercios de los 191 estados miembros, incluidos los cinco miembros con derecho a veto del actual Consejo de Seguridad. Los escépticos dudan de que esto sea factible.

Pero centrarse en los riesgos de la ampliación del Consejo de Seguridad, desvía la atención del resto de los análisis y las 101 recomendaciones de reformas planteadas por el grupo, muchas de las cuales no exigen la modificación de la Carta.

Según el informe, la Asamblea General ha perdido vitalidad, el Consejo de Seguridad debe ser más proactivo, la Comisión sobre Derechos Humanos padece de falta de legitimidad, el secretariado debería ser más profesional y estar mejor organizado, y hay importantes vacíos organizacionales que dificultan la capacidad de dar respuesta frente a las amenazas económicas y sociales a la seguridad internacional.

El informe plantea críticas al desempeño de la organización en temas tales como los genocidios en Bosnia, Ruanda y Darfur y la tardía respuesta al VIH/Sida.

En palabras del grupo, la ONU fue creada, sobre todo, “para evitar que las generaciones futuras sufran el flagelo de la guerra”, pero hoy las más grandes amenazas a la seguridad que afrontamos “van mucho más allá de los estados enfrascados en una guerra de agresión”.

El grupo aborda de manera franca y directa las nuevas amenazas transnacionales planteadas por los terroristas y la propagación de armas de destrucción masiva. Sus miembros estuvieron de acuerdo en que pueden ocurrir “escenarios de pesadilla” que combinen ambos elementos y puedan exigir el uso preventivo de la fuerza.

Hacen un llamado a fortalecer el régimen de no proliferación mediante inspecciones más minuciosas y la negociación de acuerdos para garantizar a nivel internacional el acceso a los servicios de enriquecimiento y reprocesamiento nuclear, en lugar de permitir que los países los construyan por sí mismos.

Respaldan la Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación, lanzada por el Presidente George W. Bush para detener el tráfico de armas de destrucción masiva.

En cuanto al terrorismo, rompen el prolongado impasse de la ONU acerca de cómo definir el concepto al condenar todos los ataques contra civiles, y proponen una serie de medidas que los estados miembros deberían tomar.

En lo referente al uso preventivo de la fuerza, las interpretaciones tradicionales del Artículo 51 de la Carta de la Naciones Unidas (que garantiza el derecho a la autodefensa), justifican que un Estado amenazado inicie acciones preventivas frente a un ataque inminente, pero no que use la fuerza de manera preventiva contra amenazas de más largo plazo.

El grupo ampliaría esa interpretación para permitir el uso preventivo de la fuerza en algunos casos, pero sólo con la aprobación previa del Consejo de Seguridad.

El Consejo de Seguridad juzgaría la legitimidad de tal acción en cuanto a si cumple los tradicionales y largamente enraizados criterios de una guerra justa: la seriedad de la amenaza, el objetivo de la respuesta, si la fuerza es el último recurso, si se usa de manera proporcional y si hay una relación razonable entre sus buenas y malas consecuencias.

En este sentido, el Presidente Bush logró que fuera aceptada la mitad de su criterio: la fuerza preventiva se puede justificar, pero no de manera unilateral. Afganistán se justificaría según esa fórmula, pero no Iraq.

Ningún informe puede por sí mismo crear un mundo más seguro, pero quienes apoyan esa meta deberían esperar que los gobiernos y sus pueblos tomen en serio las recomendaciones del grupo.

Copyright: Project Syndicate.
*Profesor con el título de Servicio Distinguido de la Universidad de Harvard.


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