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El Diario de Hoy
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La mujer
es analfabeta y a duras penas puede sostener a dos de sus pequeños
en la escuela.
Las condiciones económicas amenazan con cerrar las oportunidades
a sus vástagos.
Orellana vive en la colonia La Reforma, de Usulután. Sobrevive
de lo que gana en la recolección de algodón, le pagan seis
dólares por saco lleno de la fibra y con suerte, puede llenar dos
en un día.
No quiero que mis hijos sufran como yo por no estudiar, pero no
puedo sostenerlos a todos, explica.
Los dos mayores tienen siete y ocho años, y estudian tercero y
cuarto grados en el centro escolar El Tercio. Los otros pequeños
de cuatro, cinco y seis años, no saben lo que es la escuela.
Sacrificios
La mujer se levanta a las cinco de la mañana para viajar a los
algodonales. Tiene que aprovechar la temporada para pagar útiles
escolares, mochilas y guardar un poco para los pasajes de buses, y la
comida de los menores.
Ella piensa que no cancelar matrícula ni mensualidades en las escuelas
públicas es una gran ayuda, pero aún así, los
útiles están caros.
Ya tiene definido lo que hará cuando termine la cosecha de algodón.
Buscará personas que necesiten que les lave la ropa.
Esa ha sido su fuente de ingresos por muchos años. Su compañero
de vida se fue a Estados Unidos en busca de mejor futuro y no volvió
a saber de él.
Está preocupada, pero también optimista. Afirma que todas
sus fuerzas las destinará a ganar un poco de dinero para que sus
hijos estudien y así puedan tener un futuro mejor que el de ella.
Sabe que su caso no es único, que hay muchas personas en la zona
con dificultades similares.
Pero también confía en que ella y quienes padecen situaciones
similares hallarán la forma de ganarse la vida y salir adelante.
Un día no voy a tener que escoger a cuáles de mis
hijos voy a mandar a la escuela, concluye.
No quiero que mis hijos sufran como yo por no poder estudiar
a tiempo.
Los útiles están muy caros y, también debo
pagar comida y ropa.
Catalina Orellana/ Madre de cinco hijos

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