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Comentario de la semana
De mensajes y entrampamientos

En vista de que ya es mucho para El Salvador el desgaste que año con año se origina con el Presupuesto, con lo que debería contar el país es con un mecanismo como el estadounidense.

Publicada 8 enero 2005, El Diario de Hoy



Eduardo Torres
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Trece días han transcurrido desde la pavorosa tragedia, sufrida por la humanidad entera, en once naciones ubicadas en el sudeste asiático —donde, mar adentro, tuvo lugar el terremoto, de nueve grados de magnitud, que dio lugar al devastador maremoto o “tsunami”—, llegando los alcances de su furia hasta la costa de África.

Ciento cincuenta mil muertos se calculan en este momento, mientras decenas de miles de personas continúan desaparecidas, por lo que, lamentablemente, la cifra de víctimas continuará aumentando. Y subsiste el riesgo de las enfermedades que puedan derivarse de la terrible pérdida de vidas humanas y de la devastación provocada por las fuerzas de la naturaleza.

El mensaje está claro: cuán poca cosa somos los seres humanos.
Otra cosa es que así entendamos, los salvadoreños, dicho mensaje.
Con lo vivido en 2004, donde hasta mitad de año se aprobó el Presupuesto General de la Nación, con el consiguiente daño a la economía nacional —no intento a ello ligar, exclusivamente, el bajo nivel de crecimiento en 2004—, pues por los “dimes y diretes” existentes, es obvio que no hemos iniciado bien 2005.

Todo partido político de oposición tiene derecho —y deber— en la Asamblea Legislativa de influir o buscar influir en el presupuesto estatal, en aras del interés nacional. Más aún si son serios los temas que se debaten, como el endeudamiento del Estado o una política de austeridad que vaya mucho más allá del Ejecutivo.

El problema, me parece, se da cuando se mezclan los frijoles con el mango, y se lanzan a la mesa temas superados, como volver a hacer circular el colón o reformar el sistema de pensiones, para hacerlo mixto.

En vista de que ya es mucho para El Salvador el desgaste que año con año se origina con el Presupuesto, con lo que debería contar el país es con un mecanismo como el estadounidense, donde, de no obtenerse acuerdo al iniciarse un nuevo año fiscal, se paralizan las actividades “no esenciales”.

Pude personalmente ver en 1995, en Estados Unidos, lo que dicha paralización de actividades significó, y vaya que funcionó la presión ejercida por la sociedad como tal. Y funcionó en contra de ambos (Ejecutivo y Legislativo).

El problema de fondo en nuestro país, lamentablemente, no es en realidad el Presupuesto General de la Nación. Es la tremenda polarización política que venimos arrastrando, que, dicho sea de paso, es la principal retranca para el progreso del país por la inmediatez de la mayor parte de planes de negocio, por la falta de confianza en el largo plazo.

El índice anual de libertad económica de la “Fundación Heritage” (www.heritage.org), publicado durante la presente semana, podría ilustrar las dos visiones que coexisten, no de la mejor forma posible, en El Salvador.

Como “mayormente liberal” calificó a nuestra economía la prestigiosa Fundación, superada en Latinoamérica sólo por Chile. Mantuvimos el lugar 24, mientras que Hong Kong pasó al lugar número uno, superando a Singapur. Para evaluar la libertad económica, se califica a 161 naciones en las siguientes categorías: política comercial, carga impositiva, intervención gubernamental, política monetaria, flujos de capital e inversión extranjera, actividad bancaria, salarios y precios, derechos de propiedad, regulaciones gubernamentales y actividad del mercado informal.

China pasó del puesto 128 al 112, debido a la reducción de aranceles que dispuso desde que se incorporó a la Organización Mundial de Comercio (OMC); Cuba y Venezuela, mientras tanto, fueron calificadas como econo- mías “reprimidas”.

No importa que, como informó ayer “The Washington Post”, sea Robert Zoellick la persona que esté considerando Condoleezza Rice para el puesto número dos en el Departamento de Estado, durante el segundo período de la administración de Bush. Como representante comercial de Estados Unidos, el embajador Zoellick lideró los equipos de negociación comercial, por lo que la señal que emana de Washington es que habrá aún mayor énfasis en la apertura comercial.

Ratificado el TLC con Estados Unidos, el punto en este momento debería ser cómo aprovechamos las oportunidades desde el día uno de su vigencia y cómo apoyamos a los pocos sectores que no han salido ganadores del acuerdo. Este tema y el migratorio, tan directamente relacionado con las remesas, son los de mayor trascendencia en la agenda exterior del país.

Ojalá lográramos sobre ellos acuerdo nacional.
Que Dios nos ilumine como sociedad, para que no pase desapercibida en nuestro suelo la tragedia provocada por las fuerzas de la naturaleza en el sudeste asiático.
¡Que sepamos leer los mensajes!

*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.

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