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Eduardo Torres
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Trece días han transcurrido desde la pavorosa
tragedia, sufrida por la humanidad entera, en once naciones ubicadas en
el sudeste asiático donde, mar adentro, tuvo lugar el terremoto,
de nueve grados de magnitud, que dio lugar al devastador maremoto o tsunami,
llegando los alcances de su furia hasta la costa de África.
Ciento cincuenta mil muertos se calculan en este momento, mientras decenas
de miles de personas continúan desaparecidas, por lo que, lamentablemente,
la cifra de víctimas continuará aumentando. Y subsiste el
riesgo de las enfermedades que puedan derivarse de la terrible pérdida
de vidas humanas y de la devastación provocada por las fuerzas
de la naturaleza.
El mensaje está claro: cuán poca cosa somos los seres humanos.
Otra cosa es que así entendamos, los salvadoreños, dicho
mensaje.
Con lo vivido en 2004, donde hasta mitad de año se aprobó
el Presupuesto General de la Nación, con el consiguiente daño
a la economía nacional no intento a ello ligar, exclusivamente,
el bajo nivel de crecimiento en 2004, pues por los dimes y
diretes existentes, es obvio que no hemos iniciado bien 2005.
Todo partido político de oposición tiene derecho y
deber en la Asamblea Legislativa de influir o buscar influir en
el presupuesto estatal, en aras del interés nacional. Más
aún si son serios los temas que se debaten, como el endeudamiento
del Estado o una política de austeridad que vaya mucho más
allá del Ejecutivo.
El problema, me parece, se da cuando se mezclan los frijoles con el mango,
y se lanzan a la mesa temas superados, como volver a hacer circular el
colón o reformar el sistema de pensiones, para hacerlo mixto.
En vista de que ya es mucho para El Salvador el desgaste que año
con año se origina con el Presupuesto, con lo que debería
contar el país es con un mecanismo como el estadounidense, donde,
de no obtenerse acuerdo al iniciarse un nuevo año fiscal, se paralizan
las actividades no esenciales.
Pude personalmente ver en 1995, en Estados Unidos, lo que dicha paralización
de actividades significó, y vaya que funcionó la presión
ejercida por la sociedad como tal. Y funcionó en contra de ambos
(Ejecutivo y Legislativo).
El problema de fondo en nuestro país, lamentablemente, no es en
realidad el Presupuesto General de la Nación. Es la tremenda polarización
política que venimos arrastrando, que, dicho sea de paso, es la
principal retranca para el progreso del país por la inmediatez
de la mayor parte de planes de negocio, por la falta de confianza en el
largo plazo.
El índice anual de libertad económica de la Fundación
Heritage (www.heritage.org), publicado durante la presente semana,
podría ilustrar las dos visiones que coexisten, no de la mejor
forma posible, en El Salvador.
Como mayormente liberal calificó a nuestra economía
la prestigiosa Fundación, superada en Latinoamérica sólo
por Chile. Mantuvimos el lugar 24, mientras que Hong Kong pasó
al lugar número uno, superando a Singapur. Para evaluar la libertad
económica, se califica a 161 naciones en las siguientes categorías:
política comercial, carga impositiva, intervención gubernamental,
política monetaria, flujos de capital e inversión extranjera,
actividad bancaria, salarios y precios, derechos de propiedad, regulaciones
gubernamentales y actividad del mercado informal.
China pasó del puesto 128 al 112, debido a la reducción
de aranceles que dispuso desde que se incorporó a la Organización
Mundial de Comercio (OMC); Cuba y Venezuela, mientras tanto, fueron calificadas
como econo- mías reprimidas.
No importa que, como informó ayer The Washington Post,
sea Robert Zoellick la persona que esté considerando Condoleezza
Rice para el puesto número dos en el Departamento de Estado, durante
el segundo período de la administración de Bush. Como representante
comercial de Estados Unidos, el embajador Zoellick lideró los equipos
de negociación comercial, por lo que la señal que emana
de Washington es que habrá aún mayor énfasis en la
apertura comercial.
Ratificado el TLC con Estados Unidos, el punto en este momento debería
ser cómo aprovechamos las oportunidades desde el día uno
de su vigencia y cómo apoyamos a los pocos sectores que no han
salido ganadores del acuerdo. Este tema y el migratorio, tan directamente
relacionado con las remesas, son los de mayor trascendencia en la agenda
exterior del país.
Ojalá lográramos sobre ellos acuerdo nacional.
Que Dios nos ilumine como sociedad, para que no pase desapercibida en
nuestro suelo la tragedia provocada por las fuerzas de la naturaleza en
el sudeste asiático.
¡Que sepamos leer los mensajes!
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista
de El Diario de Hoy.

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