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Rolando
Mena
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
(Segunda parte)
Otro de los grandes problemas que existen en el país es la inseguridad
ciudadana, que no contribuye a generar condiciones de estabilidad para
atraer la inversión extranjera, debido a los constantes asaltos
y atracos en la esfera de negocios en El Salvador. Esto se debe a los
miles de jóvenes desempleados, sin educación técnica-vocacional
que puedan optar por empleos en el país. Al no existir la cantidad
necesaria de empleos formales, la juventud sólo tiene como opción
la vagancia, las maras, el empleo informal y agropecuario estacional.
Considero que una de las medidas para atacar el problema del desempleo
en El Salvador y disuadir así a que los jóvenes ingresen
a las maras es educarlos para el trabajo, mediante la siguiente propuesta:
El Insaforp actualmente recauda el 1% de la planilla de salarios de las
empresas de más de 10 trabajadores en El Salvador, lo que significa
un ingreso aproximado de US $15 millones anuales para la formación
profesional.
Si esta contribución del sector privado al Insaforp incluyera también
la contribución de los trabajadores formales que cotizan y se incrementara
al 4% sobre el monto de las planillas de las empresas, se podría
elevar el presupuesto del Insaforp a unos US $60 a US $70 millones, monto
que se podrían invertir de la manera siguiente: US $60 millones
divididos entre 80 dólares mensuales (más o menos la mitad
del salario mínimo mensual), podría generar más de
60,000 empleos nuevos de aprendices que trabajarían seis horas
diarias en la empresa privada, con la condición de que estudiaran
bachilleratos vocacionales y carreras técnicas de formación
profesional, para estar listos a las demandas de la industria nacional
y aquellas que vengan al país con el nuevo TLC, así como
serviría de incentivo a la industria salvadoreña de integración,
la maquila, agroindustria y principalmente para la pequeña y mediana
empresa.
La mayor parte de estos aprendices pagados por el Insaforp trabajaría
en la pequeña empresa (talleres de mecánica, de soldadura,
etc.), bajo la modalidad de entrenamiento para el trabajo in situ, lo
cual vendría a fortalecer la operación de éstas,
y también estos aprendices po- drían trabajar en la agricultura
que fomente nuevos cultivos para la exportación, con la condición
de seguir sus estudios de formación profesional.
Pero como toda la empresa privada pagaría estos sueldos de los
aprendices, habría también que darle incentivos a la industria
nacional de integración y a la maquila, con el objeto de que éstas
pudieran contratar aprendices pagados por su cuenta en una cantidad determinada
por una nueva ley, congelando los empleos formales que actualmente tienen
las empresas en la planilla que reportan al Seguro Social y no pudiéndolos
disminuir ni sustituirlos por aprendices. De manera que la nueva fuerza
laboral en proceso de aprendizaje pueda trabajar en estas actividades
económicas, sólo mientras duren sus estudios y devengando
la mitad del salario mínimo. Estos nuevos empleos se- rían
adicionales a los 60,000 que hemos hablado antes, es decir que se generarían
más oportunidades de trabajo.
La creación de estos 60,000 empleos nuevos en menos de un año,
generados por las contribuciones de la empresa privada al Gobierno para
fines de promover la formación profesional y el empleo, sería
una forma nueva que produciría beneficios tangibles a la empresa
privada y no como tradicionalmente se ha hecho en los países de
América Latina, de incrementar los impuestos sobre la renta para
contratar más ordenanzas y secretarias inoficiosas en los puestos
de gobierno, que no generan riqueza a la economía nacional, ya
que no inciden directamente en el incremento de la producción nacional.
Si queremos salir del subdesarrollo, tenemos que ser creativos, y el Estado
salvadoreño debe generar puestos de trabajo para la empresa privada
y dejar de lado la idea de que el Estado es sólo un facilitador
de las condiciones económicas para que la empresa privada crezca,
pues el rebalse nunca llega... y el crecimiento económico en El
Salvador es casi nulo y por ende, el empleo.
En los nuevos casos de éxito en el mundo, como Singapur, Malasia,
Taiwán, etc., el Estado no ha sido simplemente espectador, sino
generador de desarrollo económico y crecimiento y la intervención
del Estado ha sido decisiva para el desenvolvimiento exitoso de la empresa
privada.
¿Acaso los Estados Unidos a través de la Agencia Internacional
para el Desarrollo (AID) no nos ayudarían para un proyecto de esta
índole, en lugar de gastar millonarias sumas en sus patrullas fronterizas?
¿No estaría el país atacando directamente con este
proyecto el problema de las maras y el desempleo? ¿La empresa privada
no saldría beneficiada por este proyecto? ¿No ayudaría
este proyecto a fortalecer el liderazgo industrial y agroindustrial de
El Salvador en Centro América y el mundo?
*Colaborador de El Diario de Hoy.

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