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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Esta clase de mujer es perfecta, reúne las cualidades que cualquier
varón busca en una dama: belleza, sensualidad, compañía
y especialmente que no opine ni contradiga. Además
de eso, que no vaya de compras a vaciar la cartera y que no imponga sus
caprichos y sueños de mujer.
Son mujeres de hule, con humedad en sus labios, sensuales y sin opinión.
Se compran en cualquier sex shop de cualquier ciudad y pueden
llenar de repente con su artificial humanidad el espacio de soledad de
algún hombre solo o soltero.
Simplemente se compran, se inflan, se meten a la cama y se les cuenta
un sueño. Las hay de todas las razas: asiáticas, normandas,
griegas, latinas, africanas y universales. Su belleza es ideal: encantan
y callan. Lo dicen todo con su silencio y sus pocas palabras programadas
en su sistema de sonido, como decir bésame o gemir
una caricia.
Son, en el fondo, similares a la mujer ideal y mitológica que mis
congéneres los hombres buscan: que tengan la belleza ideal y la
entrega incondicional. Son las muñecas plásticas que surgen
de una fábrica de sueños y fantasías eróticas.
Las usan desde hombres decentes hasta oscuros perversos. Son ellas, las
dóciles y bellas muñecas inflables del burdel de sueños
del corazón del hombre.

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