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PALABRAS.
Las muñecas plásticas del burdel de sueños

Existe en el mundo una población de mujeres artificiales para hombres solos.

Publicada 6 enero 2005, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

Esta clase de mujer es perfecta, reúne las cualidades que cualquier varón busca en una dama: belleza, sensualidad, compañía y —especialmente— que no opine ni contradiga. Además de eso, que no vaya de compras a vaciar la cartera y que no imponga sus caprichos y sueños de mujer.

Son mujeres de hule, con humedad en sus labios, sensuales y sin opinión. Se compran en cualquier “sex shop” de cualquier ciudad y pueden llenar de repente con su artificial humanidad el espacio de soledad de algún hombre solo o soltero.

Simplemente se compran, se inflan, se meten a la cama y se les cuenta un sueño. Las hay de todas las razas: asiáticas, normandas, griegas, latinas, africanas y universales. Su belleza es ideal: encantan y callan. Lo dicen todo con su silencio y sus pocas palabras programadas en su sistema de sonido, como decir “bésame” o gemir una caricia.

Son, en el fondo, similares a la mujer ideal y mitológica que mis congéneres los hombres buscan: que tengan la belleza ideal y la entrega incondicional. Son las muñecas plásticas que surgen de una fábrica de sueños y fantasías eróticas. Las usan desde hombres decentes hasta oscuros perversos. Son ellas, las dóciles y bellas muñecas inflables del burdel de sueños del corazón del hombre.


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