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| TLC. Las negociaciones tomaron todo el año
2003. Foto EDH |
The New York Times
Marilyn Geewax
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
El presidente Bush, quien con frecuencia
criticó a los aislacionistas económicos durante
su contienda por la reelección, se está preparando para
promover la expansión comercial en su segundo período.
Creo que debemos incrementar el flujo de comercio y capital,
dijo en la reunión de Cooperación Económica Asia
Pacífico realizada en Chile poco después de las elecciones.
Sé que tenemos que rechazar los bloques y las barreras que
dividen a las economías y los pueblos.
Sin embargo, dado que el crecimiento del empleo estadounidense todavía
es lento, y que miles de trabajadores textiles se enfrentan al cierre
de fábricas, es posible que el Congreso no tenga el ánimo
para aprobar tratos comerciales que podrían aumentar la competencia
con el extranjero.
Pronto llegará una prueba de fuego para la capacidad de Bush para
hacer que se mueva su agenda comercial, probablemente en abril cuando
el Congreso considere aprobar el Tratado de Libre Comercio para Centroamérica
(TLC).
Por mucho, el tema principal (en cuanto a comercio) será
si el TLC será ratificado o no, dijo Gary Hufbauer, miembro
del cuerpo docente del Institute for International Economics (Instituto
para la Economía Internacional).
Los socios
Los países involucrados son pequeños: Guatemala, Honduras,
El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. En 2003, compañías
estadounidenses y centroamericanas intercambiaron mercancías y
servicios con un valor de cerca de 23 mil millones de dólares,
una fracción de los cientos de miles de millones de dólares
del comercio con Asia y Europa.
Con todo, la importancia simbólica del tratado es enorme.
Este voto va a ser muy importante para Bush y para la AFLO-CIO
(la federación más grande de sindicatos de trabajadores
estadounidenses), dijo Hufbauer. Cada uno de ellos lo considera
como un voto decisivo.
Si el Congreso aprobara el TLC, el gobierno presionaría para que
avanzara un Tratado del Area de Libre Comercio de las Américas
(ALCA), lo que convertiría a 34 países del hemisferio occidental
en una sola zona comercial que involucraría a cerca de 800 millones
de personas desde Alaska hasta Argentina.
Sin la aprobación del TLC, es posible que las débiles perspectivas
del ALCA se disipen.
Se espera que la gran mayoría de los demócratas rechace
el pacto, junto con muchos republicanos sureños cuya intención
es proteger las industrias textil y azucarera.
El representante Mark Foley, un republicano que representa las áreas
donde se cultiva caña de azúcar en el sur de Florida, dijo
en agosto pasado que no hay votos suficientes en el Congreso para aprobar
el TLC, informó el Palm Beach Post.
En contra
En mayo pasado, después de que la Casa Blanca firmó el acuerdo,
la vicepresidenta ejecutiva de la AFL-CIO, Linda Chávez Thompson,
se comprometió a detenerlo cuando dijo que beneficiaría
a las multinacionales que quieren fabricar mercancías en el extranjero
donde se pagan salarios bajos y después nos venden estas mercancías
con ganancias enormes.
Los trabajadores estadounidenses y propietarios de negocios involucrados
en la industria textil y en la producción de azúcar se sienten
particularmente amenazados por los competidores centroamericanos.
Sin embargo, muchas otras compañías estadounidenses están
ansiosas por expandirse a esa región. Por ejemplo, Grocery Manufacturerers
of America, un grupo comercial, dice que si se eliminaran los aranceles,
las exportaciones estadounidenses a Centroamérica podrían
aumentar mucho, de 359 millones de dólares a 662 millones de dólares,
conforme se incrementaran las ventas de alimentos ligeros, dulces, sopas
y más cosas.
Durante el primer periodo de Bush, el Congreso aprobó diversos
tratados de libre comercio con países chicos como Chile y Singapur.
El gobierno también completó tratados bilaterales con doce
países, incluidos Australia, Marruecos, Bahrein, Singapur y Jordania.
Tratados por montón
No obstante, muchos de quienes propusieron el libre comercio vieron el
primer período de Bush como decepcionante. Por ejemplo, la primera
decisión importante de política comercial de Bush fue imponer
aranceles a las importaciones de acero en marzo de 2002. Después,
firmó un proyecto de ley agropecuaria por la cual se aumentaban
los subsidios a la agricultura, que los países en desarrollo dicen
que es una ayuda injusta a los agricultores estadounidenses que compiten
en los mercados internacionales.
Algunos economistas temen que el centro de atención del gobierno
en los acuerdos bilaterales con países pequeños pueda en
última instancia minar la liberalización comercial al crear
un mosaico de regulaciones variables.
La Organización Mundial de Comercio (OMC) quiere ver que todos
los países participen en la así denominada Ronda de Doha
de conversaciones sobre la liberalización del comercio que se lleva
a cabo en un nivel mundial. Esas negociaciones, iniciadas tan sólo
dos meses después de los ataques del 11 de septiembre, se empantanaron
en 2003 durante una reunión en Cancún, México.
Perspectivas
Daniel Griswold, director del Center for Trade Policy Studies (Centro
para el Estudio de Políticas de Comercio) del Instituto Cato, un
grupo libertario, dijo que la reanudación de la Ronda de Doha ha
generado un optimismo reservado entre los partidarios del
libre comercio.
Más aún, es posible que la derrota del candidato presidencial
demócrata John Kerry haya fortalecido la mano de Bush en cuanto
a los temas de comercio para su segundo periodo.
Griswold dijo que en 2005, la Casa Blanca tendrá que resistir llamados
a poner límites de salvaguardia a los textiles chinos,
los cuales se espera aumenten tras la caída de las cuotas bajo
un acuerdo de la OMC.
Habrá mucha presión sobre para levantar barreras contra
China, dijo. Eso no sólo pondrá a prueba el
liderazgo del Presidente, sino la relación con China. Seguirá
tratando de caminar sobre la línea de mantener una relación
fuerte y cada vez mayor con China, pero tratando de darle cobertura política
a los republicanos en el sur.

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