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Breve análisis
¿Es la izquierda viable?

La izquierda nunca falla en relegar cómoda e ingenuamente la solución de los problemas al gobierno, sin explicar cuál es esa solución y luego lamenta que el hombre bueno y sabio no aparece bajo su esquema

Publicada 5 enero 2005, El Diario de Hoy



Manuel F. Ayau Cordón*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Ciudad de Guatemala. (AIPE).- Todo sistema es viable, pero no todos producen bienestar general ni fomentan la responsabilidad individual. Ninguno produce igualdad de condiciones, porque las personas son distintas en infinidad de sentidos, nacen y viven en diferentes circunstancias y, en consecuencia, ni las oportunidades ni los resultados pueden ser iguales. Los derechos sí pueden y deben ser iguales.

Podríamos, siguiendo las políticas de izquierda, reducir las diferencias de riqueza redistribuyéndola, quitándosela a unos para transferirla a otros, pero sólo empobreciendo a todos, porque no hay suficiente riqueza para enriquecer a todos, y las políticas de redistribución reducen la riqueza disponible, porque no se producirá la misma cantidad si quien la podría producir no confía en que podrá quedarse con ella.

Si las leyes son iguales para todos, los resultados serán desiguales, porque la gente es desigual. Lo que sí logra la igualdad ante la ley es más prosperidad para todos, aunque en forma desigual, y también logra paz, pues nadie se siente discriminado por las leyes. Cuando la ley es igual para todos, la propiedad privada quedará protegida, pues nadie aprobaría un sistema en el cual su derecho de propiedad es inseguro y, sin duda, todos querrán que la legitimidad de la propiedad la determine el proceso de adquisición para que todos sepan a qué atenerse. La izquierda acostumbra esquivar la definición de las reglas del juego.

Por ejemplo, a las normas le agregan las palabras “en función social” para que una mayoría desposeída, a través de sus diputados, pueda democrática y arbitrariamente discriminar y legitimizar el despojo de quienes tienen más, “los ricos”.

El problema es que la producción de riqueza es precaria, que necesita incesante colaboración entre millones de individuos para lograr eficiencia y, tanto en teoría como en la práctica, está comprobado que sólo es relativamente eficiente una organización económica basada en relaciones contractuales, libremente consentidas y no interferidas o estorbadas por los gobiernos, salvo para garantizar el cumplimiento de los compromisos y la protección de la propiedad de lo legítimamente adquirido. Otros sistemas son viables, pues los vemos en todo el mundo, pero está comprobado que hay más pobres donde la gente es menos libre.

La economía puede ser dirigida por los gobiernos coercitivamente o por la gente misma, libremente observando normas de conducta justa preestablecidas. Un poco de estudio revelará que la explicación del mercado existe, pero no es probable que su comprensión se extienda si persiste la generalizada renuencia a su estudio.

La izquierda nunca falla en relegar cómoda e ingenuamente la solución de los problemas al gobierno, sin explicar cuál es esa solución y luego lamenta que el hombre bueno y sabio no aparece bajo su esquema. El estudio consiste en averiguar cómo se forman los precios para asignar los recursos, considerando que es insoslayable racionar los recursos porque son escasos y tienen usos alternos de diferente importancia que compiten por ellos; que los conocimientos disponibles también son limitados y están dispersos en la mente de todos y que su utilidad depende del momento y las circunstancias.

Además, cada logro implica sacrificar otros y, para complicar más la cosa, las decisiones y las satisfacciones son siempre al margen, pues la segunda cerveza no tiene la prioridad de la primera. Hay que aprender cómo funciona la extensa y complicada asignación de recursos coordinada por el sistema de precios que resulta de libres intercambios de lo propio antes de descartarlo a cambio del bien intencionado, pero fracasado ideal romántico de la izquierda.

*Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin. © www.aipenet.com

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