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Rolando
Mena Guerrero*
(Primera
parte)
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Debido a que en nuestro país los políticos
nunca se ponen de acuerdo, hemos tardado 20 años para crear el
Viceministerio de Atención a los Inmigrantes, a pesar de que los
salvadoreños en- vían US $2,200 millones al año en
concepto de remesas, y de éstas, sus familiares gastan aproximadamente
el 95% en consumo cotidiano, es decir US $ 2,090 millones, que le generan
al Ministerio de Hacienda alrededor de US $272 millones anuales en concepto
de pago del IVA (sin mencionar el Impuesto sobre la Renta que pagan las
empresas que venden los productos).
Asimismo, cuando Centro América tiene leyes de fomento al turismo,
nos hemos tardado otros 15 años para considerar la posibilidad
de incentivar al turismo en El Salvador, a pesar de los reconocidos beneficios
que puede traer al país. Después de más de 50 años
de haber fundado la Odeca, los presidentes centroamericanos en la última
Cumbre no le dieron al Parlamento Centroamericano las funciones supranacionales
para apoyar el proceso de integración, en lo que respecta al marco
jurídico-institucional de éste.
La pregunta del siglo es: ¿Nos tardaremos otros 20 años
para incentivar a la pequeña empresa, a la agricultura y a la industria
en El Salvador? ¡Yo creo que sí! Puesto que al ver el bochornoso
espectáculo para la aprobación del TLC con Estados Unidos
no debemos esperar mucho de nuestra política criolla.
Según las proyecciones del gobierno, infundadas por cierto, el
TLC generará 175,000 nuevos empleos a corto plazo. Y digo infundadas,
puesto que no dicen cómo se crearán estos 175,000 empleos,
y me atengo mejor a la estimaciones hechas por el estudio La integración
centroamericana: Beneficios y costos, elaborado por la CEPAL para
la Secretaría General del SICA, publicado en mayo de 2004, en el
cual se estima que el TLC con Estados Unidos creará para TODA Centro
América, 25,000 puestos de trabajo por año. Según
el mismo estudio, debido al TLC con EE.UU., el efecto en el crecimiento
económico va a ser mayor en Guatemala y El Salvador, por lo que
se puede calcular que de éstos 25,000 puestos de trabajo por año
en Centro América, El Salvador y Guatemala podrían incrementar
7,000 puestos de trabajo cada uno.
Gracias a Dios que algunos diputados se pusieron de acuerdo para la aprobación
del Tratado, pues éste favorecerá la inversión extranjera,
ya que proporcionará un marco jurídico más firme
que las desgravaciones arancelarias unilaterales que existen en la actualidad
(Iniciativa de la Cuenca del Caribe). También digo gracias a Dios
que aprobamos rápido el Tratado, pues mientras más países
firmen tratados de libre comercio con Estados Unidos, habría menos
inversión para El Salvador, pues ésta se diluiría
entre los otros países que hayan firmado TLC con Estados Unidos.
Pero el TLC no es la estrategia de crecimiento económico para El
Salvador, sino que sólo un instrumento, como lo ha sido la industria
de la maquila en los últimos 15 años y la industria de la
integración desde los años 60. La nueva estrategia debe
de ser la del regionalismo abierto, pues El Salvador es una
economía PEQUEÑA y ABIERTA, digo pequeña, pues ni
Centro América unida tiene la capacidad para afectar los términos
de intercambio en los mercados mundiales (precios de sus exportaciones
e importaciones) y abierta, pues es el sector externo el motor de la actividad
económica.
Las barreras arancelarias que habían protegido a la industria manufacturera
de la competencia internacional, se han desmantelado; la economía
exportadora de postres (café, azúcar y banano) ya no produce
las suficientes divisas para adquirir productos centroamericanos y alentar
la producción de bienes no duraderos producidos por la industria
de integración. Ahora, quienes crean las divisas para comprar los
productos de las industrias de la integración, son los dólares
generados por la maquila y las remesas familiares de nuestros hermanos
en el exterior.
Debido a que le apostamos únicamente a la maquila de confección
de textiles, que con su estructura e ingresos sólo promovía
el consumo de bienes no duraderos, la industria manufacturera en El Salvador,
no pasó a producir bienes de consumo duraderos, intermedios y de
capital, lo cual implicó un estancamiento industrial, pues nos
saltamos las etapas lógicas del proceso normal de desarrollo industrial,
que implica sustituir primero las importaciones primarias y luego las
secundarias, para continuar el avance del proceso industrial vía
promoción de exportaciones. Caso diferente es el de Costa Rica,
que debido a la educación de su población y a una visión
de desarrollo diferente y más consistente, diversificó su
agricultura, su industria, promocionó el turismo y aceptó
maquilas de alta tecnología (como es el caso de Intel).
¿Pero qué debemos hacer para crear empleo y soportar la
caída en los 80,000 puestos de trabajo que da la maquila? ¿Qué
podemos hacer para contrarrestar la competencia mundial al haberse terminado
el tratado de textiles y vestuario y al aumentar la participación
de China en los mercados internacionales?
Simplemente debemos de crear nuevos instrumentos de desarrollo económico,
por lo que propongo que se dediquen todos los esfuerzos del país,
a abordar el problema de nuestra población no educada y de falta
de conocimientos técnicos, para mejorar, como dicen los economistas,
la productividad total de factores, donde el capital humano como insumo
productivo ayuda a incrementar la eficiencia productiva de las empresas
y afecta positivamente el crecimiento económico.
El Salvador debe mejorar su capital humano, para poder absorber los nuevos
procesos tecnológicos que requieren las industrias que posiblemente
vengan al país para acogerse a los beneficios del TLC y que a su
vez, contribuyan a una mejor productividad de la industria manufacturera,
la agricultura y la nueva agroindustria, en particular la pequeña
empresa, que le deberá dar servicios a la gran empresa del TLC
(mantenimiento de equipos, computadoras, insumos en general).
*Colaborador de El Diario de Hoy.

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