elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

PALABRAS.
Desde el amor perfecto a la utopía

Tal vez preguntarás: ¿Existe el amor perfecto o si después del despertar tan sólo nos deja su inmensa utopía, mitad sueño y mitad realidad?

Publicada 5 enero 2005, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

Es como si preguntaras si en verdad existen las estrellas del cielo y si por inalcanzables son un imposible. Como preguntar si existen las mieles de la tierra a pesar de la amargura del mundo… O si existe la esperanza aun después de haber perdido todo.

El amor perfecto nace no se hace. Surge desde el corazón y no desde el pensamiento. No tiene palabras, aunque lo dice todo. Es eterno, aunque dure un instante. Es dulce aunque se convierta en lágrimas y amargura. Es dichoso el amor verdadero pero a la vez es triste pues —como el ángel del amanecer— lleva bajo el brazo el adiós. Surge del aire y no de la imaginación. Surge de pronto de la luz, como surgen las rosas de algún mago, que después de ser rosas son palomas o pañuelos coloridos.

El amor perfecto lo cree todo aunque sean ilusiones. Lo comprende todo, aunque sean locuras. Lo sabe todo, aunque sean mentiras. Lo perdona todo, aunque vaya herido. Lo entrega todo… aunque quede sin nada. Espera, aunque todos se hayan ido, tarden en llegar o nunca vuelvan. Sigue siendo fiel aún después de la traición y de la muerte. Va contigo aunque medien distancias entre tú y él.

En fin, el amor perfecto, sin ser omnipotente ¡lo puede todo! Sin dar nada a cambio lo da todo. Sin tener riquezas lo tiene todo. Siendo ilusión es realidad. Siendo humano ¡es divino! Aún siendo imperfecto es amor. Es promesa aunque calle. Es sueño aunque duerma. Es entrega aunque acabe. Es montaña, aunque sea pequeño… Es volver a vivir, aunque muera. Es nuestro, aunque se vaya. Es, simplemente el amor perfecto…     


DÍA A DÍA

La agricultura

Pese a las buenas noticias y a los avances, empero, no se podrá soñar con una agricultura pujante y competitiva, mientras no se revierta la montaña de estupideces que se inició con la reforma agraria y se mantiene con las condonaciones y la politización de los asuntos relacionados con el agro.
Comiéncese considerando un hecho apabullante: los tamaños máximos de la propiedad rural que permite la Constitución no pagan la compra de equipos eficientes para trabajarla, ni menos instalar plantas que procesen las cosechas.
  


elsalvador.com WWW