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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El condado de Starr, en la punta de Texas que bordea la frontera con
México, es, de acuerdo con el New York Times, uno de los más
pobres de los Estados Unidos, pero también uno de los más
gordos. De los más gordos en el más gordo Estado de la unión
norteamericana, Texas. En las paradojas del mundo industrial y sobre todo
de Estados Unidos, la pobreza con gran frecuencia va acompañada
de la gordura; mientras más pobre es la gente, más propensa
está a engordar, debido principalmente a las comidas chatarra y
al desorden de las costumbres. A falta de trabajo estable y por obra de
los subsidios al desempleo, la gente pasa comiendo, pero en vez de cocinar
y escoger lo que comen, compran la comida hecha, la de las masas poblacionales.
Y de allí es que se vuelvan gordos, alcanzando inverosímiles
gorduras.
Son gordos los padres, los hijos, los parientes, los amigos, los dependientes
de los supermercados, los trabajadores municipales y cuanta persona se
ve por la calle, parece decir la periodista que hizo el viaje al condado.
Lo triste es que para los mexicanos y en general para los nativos americanos,
la gordura es una señal de bienestar: las mamás se felicitan
unas a otras por lo rollizo de sus bebés. En la película
Violinista en el Tejado, la doble barbilla y las prominencias a medio
cuerpo señalaban a la señoras pertenecientes a familias
acomodadas. A lo largo de la historia se le temió al
hambre, empujando al hombre a los excesos.
La autora de la crónica cuenta que en las barriadas del condado
se ve a los gorditos (bebés e infantes) corretear en
pañales manchados de jugo; al llegar a los cuatro años,
la cuarta parte de ellos está con sobrepeso o es obesa. Al terminar
la primaria, la mitad de los varones y más de la tercera parte
de las niñas clasifican como muy gordos u obesos, con gran riesgo
de contraer diabetes tipo 2. Para el superintendente de Educación
del condado, los pobres adolescentes que se van graduando son bombas
de tiempo móviles, bombas que les matan a ellos mismos. No
es de extrañar que la mitad de los adultos del condado sea diabética.
Edúquenles para no engordar
El condado Starr está lejos de El Salvador, aunque es a través
de él que pasan muchos de los inmigrantes ilegales que van de Centro-América
al Norte. Pero el problema no está lejos: hay que ir por los mercados
de San Salvador y la periferia, para encontrarnos con el problema en una
etapa incipiente. Las vendedoras ambulantes y las dueñas de puestos
en los mercados sufren del problema: un alto porcentaje de ellas sufren
de peso excesivo e inclusive de obesidad. Lo grave es que muchas están
con diabetes sin saberlo, expuestas a caer muertas en cualquier momento
y dejar en el desamparo a sus familias.
El único remedio contra enfermedades que surgen por malos hábitos
o descuido, es la educación. Entre la gente joven hay algo de conciencia
e inclusive interés por hacer deporte y conservar buena figura;
con los mayores, es muy importante que en las clínicas les adviertan
del riesgo que hay en estar por encima del peso debido.

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