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Palabra. Los trabajadores sólo esperan que el dueño
contacte con ellos. Foto EDH
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Ronald Jovel
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Ayer, como cualquier día laboral, Julio González, de 75
años, se levantó temprano y con las energías renovadas,
después de diez días de vacaciones para acudir a su trabajo
en la fábrica de textiles Telerín, en San Marcos.
La sorpresa se dio al llegar al lugar. Las puertas estaban cerradas y
la mayoría de empleados, afuera. En aquel momento cayó en
la cuenta de que su única fuente de ingresos había sido
consumida por las llamas la noche del pasado 31 de diciembre.
Julio González tenía ya 18 años de laborar en la
maquila. Se desempeñaba como vigilante y ordenanza al mismo tiempo.
Lo primero que se me cruzó por la mente fue que me quedé
sin trabajo, a mi edad es bien difícil que me contraten en otro
lugar, pero guardo la esperanza de que el dueño me reconozca mi
tiempo, expresó el hombre, sentado frente a la empresa donde
se confeccionaba ropa íntima.
El caso del septuagenario no es aislado. Como él, muchos de los
empleados que no se habían enterado del siniestro se presentaron
a la fábrica. Con la incertidumbre en sus casas, poco a poco se
regresaron por donde vinieron. Sólo unos pocos optaron por quedarse
a esperar si aparecía el propietario de la fábrica.
A eso de las 11:00 de la mañana, apenas una decena de trabajadores
aguardaba en las afueras del mercado municipal de San Marcos, frente a
lo que fue Telerín.
Años de esfuerzo
Mientras desayunaba una jícama, Ana María Ramírez,
de 52 años, indicó que el incendio había sido como
un balde de agua fría para ella. En febrero está programada
para que le operen de la rodilla y, por ello, iba a pedir el pago por
los 14 años que había laborado en la fábrica como
operaria.
Otro de los hasta hace unos días empleados, éste con menos
tiempo de trabajo, Rodolfo Portillo, se desempeñaba como vendedor
del producto que se confeccionaba en la empresa textil.
El joven expresó su preocupación al quedarse sin empleo
y con tres hijos y una esposa que mantener.
El dueño no nos puede dar la espalda, ahorita la situación
está demasiado difícil para encontrar otro trabajo,
expresó Portillo, con visos de impotencia en las palabras.
El jefe de mantenimiento de la zona franca de San Marcos, Manuel Aguilar,
que también se hizo presente en la mañana, manifestó
que se habían perdido cerca de 800 puestos de trabajo, entre empleados
fijos y promotores.
Yo lo que les digo es que no se preocupen, que a algunos de ellos
les puedo ayudar a colocarlos en las maquilas de Olocuilta o de esta misma
zona, apuntó Aguilar.
Al parecer, aún se desconoce la causa del siniestro. Uno de los
agentes del CAM se percató del fuego y avisó a los bomberos,
quienes llegaron en pocos minutos. No obstante, tuvieron dificultades
para ingresar al local, lo que provocó que el fuego consumiera
la mayor parte del producto.
Lo primero que se me cruzó por la mente
fue que perdí mi trabajo.
Julio González
Empleado

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