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Cuscatlán. Périgny documentó el corazón
de Cojutepeque. Foto EDH
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Sébastien Perrot-Minnot
colaborador
El Diario de Hoy
vida@ elsalvador.com
El castillo de Tourcairats, ubicado al
suroeste de Francia, vio nacer en 1877 al Conde Maurice de Périgny,
un geógrafo que viajó a tierras salvadoreñas a principios
del siglo XX. En 1904, cuando arribó a los 27 años, participó
en el VIII Congreso Internacional de Geografía, en México.
Con sus propios recursos recorrió Belice, Guatemala, El Salvador,
Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá entre 1904 a 1909. Este
último año realizó la travesía como parte
de una misión oficial.
En su recorrido, Périgny manifestó interés por la
geografía, historia, arqueología, política, economía,
diplomacia y educación.
El resultado de su viaje lo plasmó en dos artículos y en
el capítulo de un libro, escritos con un estilo literario y con
muchas anécdotas.
La exploración fue documentada fotográficamente por el Conde.
Realizó docenas de imágenes que actualmente pertenecen a
la colección de la Sociedad de Geografía de París,
que se conserva en la Biblioteca Nacional de Francia. No todas tienen
referencias. Por el momento, sólo se reconoce con certeza seis
fotos de El Salvador y de partes fronterizas con Honduras.
La bitácora
Tras viajar en barco durante tres semanas de Francia a Limón, en
Costa Rica la única ruta marítima que existía
entonces entre ese país y Centroamérica, Nicaragua
y Honduras por rutas terrestres y marítimas; Périgny
arribó en barco al Puerto de Acajutla en Sonsonate, ciudad descrita
como pequeña y animada.
Durante su estancia, pasó por Santa Ana, Santa Tecla, La Libertad
y la cordillera del Bálsamo. Además estuvo en el pequeño
pueblo de Soyapango, Ilopango, Cojutepeque, San Vicente, Puerto
El Triunfo, San Miguel y La Unión.
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Grano de Oro. El noble estuvo en varios beneficios de café.
Las fotos están en la Biblioteca de Francia. Foto
EDH
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En el campo de la geografía física, Périgny
se enfocó en los fenómenos volcánicos.
Así, cuenta la formación del volcán de Izalco en
el siglo VIII y la dantesca aparición, en 1880, de las isletas
en el lago de Ilopango. Conoció a los indígenas de la costa,
quienes se dedicaban al cultivo del bálsamo.
La política y la educación fueron otras áreas de
su interés. En sus textos manifestó su admiración
por los presidentes Fernando Figueroa (1885, 1907-1911) y Manuel Enrique
Araujo (1911-1913), un médico de talento y rico finquero.
Admiró la educación impartida en la Escuela Nacional de
Agricultura que fue dirigida por el francés Félix Choussy.
Las obras públicas fueron otro asunto de admiración de Périgny.
Apreció la excelencia de las carreteras, los puentes y el ferrocarril.
En sus apuntes destacó que varias ciudades del país gozaban
con red telefónica, alumbrado público y agua potable.
Y detenidamente describió el hospital Rosales de San Salvador como
único en Centroamérica y que honraría a más
de una gran ciudad europea.

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