|

Alejandro Alle
El Diario de Hoy
alejandro_alle@yahoo.com
Al hablar de economía se suele abusar de
las palabras difíciles, ya que así, además de apantallar
a la gente, se evitan los cuestionamientos
(¡quién
se atrevería a discutir un léxico solemne!). Uno de los
trucos más comunes es utilizar palabras en inglés, no casualmente
mal traducidas, con lo cual se consigue que muchos digan: ¡Oh,
yeah!, no entendí, pero ¡este man sí que sabe!.
Ejemplo de ello es la palabra dumping, derivada del verbo
dump, que significa deshacerse de algo que uno ya no
quiere más. En economía corresponde interpretarla
como rematar algo, vendiéndolo inclusive debajo de su costo.
Esta aclaración es importante, porque usualmente se asocia al dumping
sólo con el comercio internacional, lo cual es absolutamente falso
(y tendencioso), ya que se puede hacer dumping sin cruzar fronteras. En
realidad ni siquiera hace falta cruzar la Chiltiupán: en ciertos
locales de los nuevos centros comerciales pronto habrá súper-ofertas
de fin de temporada, con precios debajo del costo. Es decir, dumping.
Si usted va hoy a comprar un traje de Santa Claus, probablemente lo conseguirá
debajo de su costo (el comerciante rematará contento esa venta,
inesperada después de Navidad). Bueno, el propio Santa Claus podría
ser acusado de dumping por alguna asociación de jugueteros, ya
que no les gustaría que un viejito gordo vestido de rojo y blanco
llegara en trineo todos los años (¿desde Finlandia?), con
una bolsa llena de juguetes, ¡para regalarlos justo en la época
de mejores ventas! Lo acusarían de dumping depredador,
de querer sacarlos del mercado, y hasta de lavar dinero (aunque los papás
estaríamos contentísimos).
Es que frente al dumping, sea nacional o internacional, hay dos caminos:
quejarse ante el gobierno, o buscar soluciones inteligentes. Casi todos
eligen la primera opción. Pero un muchacho de Michigan, llamado
Herbert Dow, también conocido como Crazy Dow, hace
exactamente 100 años decidió arbitrar. ¿Y
eso qué es? Mejor le cuento la historia:
A principios de 1905, Herbert llevaba ocho años con su pequeña
empresa, Dow Chemical, y había inventado un proceso barato para
obtener bromo a partir del agua salada. Se trata de un valioso elemento
químico con aplicaciones industriales, que Herbert vendía
en Estados Unidos a 36 centavos de dólar la libra.
Pronto se enteró de que en Alemania existía un grupo de
empresas, llamado Die Deutsche Bromkonvention (¡qué
nombrecito!), que vendía bromo en toda Europa al equivalente de
49 centavos de dólar la libra. Herbert vio que para él era
muy fácil ganarles en precio, por lo cual comenzó a exportar
al mercado europeo. Los alemanes se enojaron, y reaccionaron inundándole
el mercado norteamericano con bromo a 15 centavos/libra, precio que ni
siquiera cubría el costo en Alemania. ¡Bingo! (quiero decir,
¡dumping!)
¿Qué podía hacer Herbert? Muchos dirían: Quejarse
ante su gobierno de la competencia desleal de esos alemanes, que lo querían
quebrar rematando en Nueva York a 15 centavos/libra el mismo bromo que
en Europa vendían a 49 centavos/libra. No me diga que nunca
escuchó reclamos similares
Pero Herbert no se quejó, y en cambio planeó su jugada maestra:
consiguió gente que le financiara un negocio redondo: comprar en
Nueva York los cientos de miles de libras de bromo alemán a 15
centavos/libra, re-empacarlos made in USA, y mandarlos a Europa
de vuelta, para venderlos a 27 centavos/libra, precio aún muy atractivo
para cualquier consumidor europeo, acostumbrado a pagar 49 centavos/libra.
Eso es arbitrar (¡aplausos para Herbert, please!)
Los alemanes del nombre difícil redoblaron la apuesta,
bajándole más el precio en Nueva York (e ignorando que así
enriquecían a su odiado Herbert
).
Esta historia real demuestra cómo una pequeña empresa puede
sacar provecho del dumping depredador. Las ganancias extraordinarias
del arbitraje le permitieron a Herbert abrir otras líneas de producción,
además del bromo, y generar así más empleos. De haber
optado Herbert por el camino de la queja, hoy sus bisnietos segui- rían
sin hallar el rumbo, y cantarían con U2 aún no he
encontrado lo que estoy buscando (la cantarían en inglés,
tal como la escribió Bono).
Dow Chemical es hoy una de las mayores empresas del mundo, produce químicos
y plásticos, anualmente factura 33 mil millones de dólares,
da empleo directo a 46,000 personas, y opera en 180 países.
Por eso, la próxima vez que escuche hablar de dumping,
acuérdese del verdadero significado de dump, de las
súper-ofertas de la Chiltiupán. Y sobre todo, acuérdese
de las soluciones inteligentes. Una de ellas es el arbitraje,
que Crazy Dow supo aprovechar para transformar a su pequeña
empresa en un gigante.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista
de El Diario de Hoy.

|