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Economía para todos
¿Santa Claus acusado de dumping?

Es que frente al dumping, sea nacional o internacional, hay dos caminos: quejarse ante el gobierno, o buscar soluciones inteligentes. Casi todos eligen la primera opción.

Publicada 4 enero 2005, El Diario de Hoy


Alejandro Alle
El Diario de Hoy

alejandro_alle@yahoo.com

Al hablar de economía se suele abusar de las palabras difíciles, ya que así, además de apantallar a la gente, se evitan los cuestionamientos… (¡quién se atrevería a discutir un léxico solemne!). Uno de los trucos más comunes es utilizar palabras en inglés, no casualmente mal traducidas, con lo cual se consigue que muchos digan: “¡Oh, yeah!, no entendí, pero ¡este man sí que sabe!”.

Ejemplo de ello es la palabra “dumping”, derivada del verbo “dump”, que significa “deshacerse de algo que uno ya no quiere más”. En economía corresponde interpretarla como “rematar algo, vendiéndolo inclusive debajo de su costo”. Esta aclaración es importante, porque usualmente se asocia al dumping sólo con el comercio internacional, lo cual es absolutamente falso (y tendencioso), ya que se puede hacer dumping sin cruzar fronteras. En realidad ni siquiera hace falta cruzar la Chiltiupán: en ciertos locales de los nuevos centros comerciales pronto habrá súper-ofertas de fin de temporada, con precios debajo del costo. Es decir, dumping.

Si usted va hoy a comprar un traje de Santa Claus, probablemente lo conseguirá debajo de su costo (el comerciante rematará contento esa venta, inesperada después de Navidad). Bueno, el propio Santa Claus podría ser acusado de dumping por alguna asociación de jugueteros, ya que no les gustaría que un viejito gordo vestido de rojo y blanco llegara en trineo todos los años (¿desde Finlandia?), con una bolsa llena de juguetes, ¡para regalarlos justo en la época de mejores ventas! Lo acusarían de “dumping depredador”, de querer sacarlos del mercado, y hasta de lavar dinero (aunque los papás estaríamos contentísimos).

Es que frente al dumping, sea nacional o internacional, hay dos caminos: quejarse ante el gobierno, o buscar soluciones inteligentes. Casi todos eligen la primera opción. Pero un muchacho de Michigan, llamado Herbert Dow, también conocido como “Crazy Dow”, hace exactamente 100 años decidió “arbitrar”. ¿Y eso qué es? Mejor le cuento la historia:

A principios de 1905, Herbert llevaba ocho años con su pequeña empresa, Dow Chemical, y había inventado un proceso barato para obtener bromo a partir del agua salada. Se trata de un valioso elemento químico con aplicaciones industriales, que Herbert vendía en Estados Unidos a 36 centavos de dólar la libra.

Pronto se enteró de que en Alemania existía un grupo de empresas, llamado “Die Deutsche Bromkonvention” (¡qué nombrecito!), que vendía bromo en toda Europa al equivalente de 49 centavos de dólar la libra. Herbert vio que para él era muy fácil ganarles en precio, por lo cual comenzó a exportar al mercado europeo. Los alemanes se enojaron, y reaccionaron “inundándole” el mercado norteamericano con bromo a 15 centavos/libra, precio que ni siquiera cubría el costo en Alemania. ¡Bingo! (quiero decir, ¡dumping!)

¿Qué podía hacer Herbert? Muchos dirían: “Quejarse ante su gobierno de la competencia desleal de esos alemanes, que lo querían quebrar rematando en Nueva York a 15 centavos/libra el mismo bromo que en Europa vendían a 49 centavos/libra”. No me diga que nunca escuchó reclamos similares…

Pero Herbert no se quejó, y en cambio planeó su jugada maestra: consiguió gente que le financiara un negocio redondo: comprar en Nueva York los cientos de miles de libras de bromo alemán a 15 centavos/libra, re-empacarlos “made in USA”, y mandarlos a Europa de vuelta, para venderlos a 27 centavos/libra, precio aún muy atractivo para cualquier consumidor europeo, acostumbrado a pagar 49 centavos/libra. Eso es “arbitrar” (¡aplausos para Herbert, please!)

Los alemanes del nombre difícil “redoblaron” la apuesta, bajándole más el precio en Nueva York (e ignorando que así enriquecían a su odiado Herbert…).

Esta historia real demuestra cómo una pequeña empresa puede sacar provecho del “dumping depredador”. Las ganancias extraordinarias del arbitraje le permitieron a Herbert abrir otras líneas de producción, además del bromo, y generar así más empleos. De haber optado Herbert por el camino de la queja, hoy sus bisnietos segui- rían sin hallar el rumbo, y cantarían con U2 “aún no he encontrado lo que estoy buscando” (la cantarían en inglés, tal como la escribió Bono).

Dow Chemical es hoy una de las mayores empresas del mundo, produce químicos y plásticos, anualmente factura 33 mil millones de dólares, da empleo directo a 46,000 personas, y opera en 180 países.

Por eso, la próxima vez que escuche hablar de “dumping”, acuérdese del verdadero significado de “dump”, de las súper-ofertas de la Chiltiupán. Y sobre todo, acuérdese de las soluciones inteligentes. Una de ellas es el “arbitraje”, que “Crazy Dow” supo aprovechar para transformar a su pequeña empresa en un gigante.
Hasta la próxima.

*Ingeniero. Master en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

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