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Tras Arafat, el “hombre sombra” es la opción

Franja de Gaza. A Mahmoud Abbas le disgusta hablar en público y al principio rechazaba los mítines de campaña, sin embargo encabeza la intención de voto para el próximo 9 de enero
 

Publicada 3 de enero 2005 , El Diario de Hoy

The New York Times
El Diario de Hoy

internacionales@elsalvador.com

Con los comicios para elegir al presidente palestino a tan solo una semana de distancia, una persona ajena, acostumbrada a las críticas duras contra la política estadounidense, se podría llevar un duro impacto.

En este enclave asediado, a la orilla del mar y notorio por la violencia y la política que no se rige por las reglas, la forma en la que Mahmoud Abbas, quien va a la cabeza, ha hecho campaña ha sido notablemente presionante y más segura. No se han dado ataques maliciosos contra sus oponentes. No ha habido ninguna súplica abyecta para conseguir votos.

Se programó que Abbas asistiera a mítines que se llevaron a cabo en la ciudad de Gaza el fin de semana pasado, pero no se esperaban discursos vehementes. En esta ciudad, al igual que en la Rivera Occidental, sus confiados coordinadores de campaña están satisfechos con jugar con lo que ellos consideran la mejor carta de su candidato: Yaser Arafat.

El mensaje, aunque nada sutil, es contagioso, incluso en la Franja de Gaza, un lugar que históricamente ha preferido a los partidos islámicos como Hamas por encima de Fatah, el partido relativamente laico que fundó Arafat y que apoya a Abbas.

La muerte de Arafat el 11 de noviembre de 2004 anuló temporalmente estas diferencias. Después de su funeral, su imagen, que en vida se veía poco, se volvió omnipresente en las calles de Gaza. Desde que el 25 de diciembre comenzaron las campañas para las elecciones presidenciales, Fatah combinó estas imágenes con las de Abbas.

Los grafitos hechos por los trabajadores de la campaña en las bardas que circundan las principales avenidas de la ciudad de Gaza recalcan el mensaje: “Después del viejo”, el apodo cariñoso que los palestinos le pusieron a Arafat, “Abu Mazen es la opción”.

Los líderes de Fatah no son nada contritos respecto a su estrategia de campaña. Además de cualquier otra cosa que Arafat haya sido, fue un líder que inspiró devoción. En tanto que Abbas, cuyo semblante adusto incluso ha provocado que su vocero en la campaña en Gaza le apode el “hombre sombra”, necesita toda la ayuda que pueda conseguir, según miembros del partido en la Rivera Occidental, y de ello dan fe sus apariciones de campaña en la Rivera Occidental la semana pasada.

A Abbas, de 69 años, le disgusta hablar en público y al principio rechazaba los mítines que se habían programado, según miembros del partido en la Rivera Occidental. Sin embargo, los asesores de la campaña de Abbas, encabezados por su hijo, el ejecutivo de una agencia de publicidad, le convencieron de programar actos en Tulkarm y Qalqiliya, y en Jenin.

A pesar de las envidiables capacidades organizativas del partido, Abbas todavía parecía alérgico a arengar a las multitudes.

“Él no es Arafat”, susurró Emal Al-Khouri, un oficial de la policía palestina en Qalqiliya a quien se le permitió no ir al trabajo para asistir al mitin. “Digan lo que quieran sobre (Arafat), pero era un hombre que le hablaba a nuestras emociones”.

Sin embargo, Khouri afirmó que la relación emocional de Abbas con Arafat hará que vote por él, a pesar de su falta de carisma.

La gente de Gaza de todos los colores políticos dice cosas muy parecidas. Incluso quienes viven en el vecindario de Zeitoun, un enclave de Hamas. El grupo extremista islámico, que se ha adjudicado la responsabilidad de muchos de los bombazos suicidas contra Israel en los últimos cuatro años, se opone a las elecciones, aunque hasta el momento no ha intentado evitarlas o detenerlas.

Su rival

Abbas no contiende sin oponente. Mustafa Barghouti, quien va en segundo lugar en las encuestas preelectorales, es el único otro candidato que ha gastado dinero en su campaña.
Sin embargo, no puede igualar la relación que Abbas tuvo de tiempo atrás con Arafat, que, por cierto, está repleta de ironías.

Para empezar, Arafat nunca nombró a un sucesor. En tanto líder de los palestinos durante más de cuatro décadas, guardó celosamente su poder. Por temor a parecer débil o que no tenía el control total de la situación, nunca discutió el tema de la sucesión en público.

Y aun cuando Arafat y Abbas fueron colegas durante mucho tiempo, les dividía el temperamento. Arafat era el egotista excesivamente desenvuelto, con ansias por las cámaras y Abbas, el funcionario anodino y subrepticio. Su comportamiento fue bien recibido por funcionarios estadounidenses e israelíes, quienes le consideraron menos voluble y más reflexivo que su jefe.

Esas diferencias llegaron a un punto crítico durante el breve mandato de Abbas como Primer Ministro en 2003. Peleó con Arafat por el control de las fuerzas de seguridad y renunció por frustración después de sólo tres meses.

Sin embargo, por el momento, esa historia no importa. Para muchos ciudadanos comunes de Gaza, Abbas representa tanto la continuidad del pasado como, debido a sus habilidades ampliamente reconocidas como diplomático, la esperanza de que pueda obtener la presión internacional hacia Israel para mejorar sus vidas bajo la ocupación.
A Allouh le entusiasma desalentar esas esperanzas.

“Lo importante es que la realidad no va a cambiar después de que haya sido elegido Abu Mazen”, dijo. “El cambio depende de muchas personas y muchos países”.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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