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Breves
reflexiones
Actitudes para 2005
Pensamos que este nuevo año
debe ser, para todos, un período de vida que nos comprometa todos
los 365 días a afrontar temores y cobardías y todo cuanto
se oponga a que seamos prósperos y felices
Publicada 3 enero 2005, El Diario de Hoy
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Raymundo
A. Rodríguez Barrera*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
LNos ha amanecido un nuevo año, al que debemos recibir con optimismo,
conscientes de que poseemos la capacidad y las fuerzas morales necesarias
para concluir lo que dejamos sin terminar el año anterior y para
emprender, vitalizados, nuevos proyectos de vida que nos aseguren prosperidad,
salud, justicia y paz, tanto en lo individual como en lo familiar y como
integrantes de una comunidad organizada.
Creemos que el advenimiento del año nuevo, tiene cierto encanto,
una magia especial que nos motiva inconscientemente a renovar la esperanza
y a rever los logros positivos que hemos alcanzado en nuestras vidas,
no obstante las dificultades que surgieron eventualmente y que hicieron
más difícil la consecución de nuestras metas.
Pensamos que el nuevo año trae para todos la energía nueva,
la novísima versión de nuestras vidas, el reencuentro con
nuestro ser interior que nos dice tú puedes, tú eres capaz
de olvidar tus derrotas y de emprender nuevas victorias, de botar el mosto
viejo para llenar con vino nuevo tus odres existenciales.
Sentimos que ese cambio relativo en el tiempo no es más que un
hito de descanso, de renovación, de revitalización para
poder seguir caminando los caminos que hemos escogido y para lograr desarrollar
nuestro ser íntimo, que es en esencia la fuente de calor que mantiene
activas nuestra inteligencia racional y emocional.
Intuimos que no hay realmente cambio en esa dimensión, que el nuevo
año es sólo un concepto cultural racionalizado que nos sirve
para descolgarnos del pasado, vivir con entusiasmo el presente y para
crear un futuro esperanzador y promisorio.
Sabemos que a veces, en nuestra vida, nos asaltan temores que creemos
insalvables y es porque desconocemos la fuerza que tiene la tenacidad,
la sabiduría que encierra la paciencia y la sana emoción
trae el optimismo bien llevado.
Cuando sabemos esperar con diligencia y mente activa, propiciamos el rompimiento
de todos esos mitos y temores que aprisionan el espíritu y debilitan
nuestras potencialidades.
Percibimos que la derrota de todo ideal no radica en lo que no pudimos
hacer o en lo que hicimos mal, sino que más bien está centrada
en la falta de actitud motora para intentarlo de nuevo, diez veces más
si fuere necesario, pero con valentía, con nueva energía
pero también sin anclas... Sí, sin anclas del pasado.
Pensamos que este nuevo año debe ser, para todos, un período
de vida que nos comprometa todos los 365 días a afrontar temores
y cobardías y todo cuanto se oponga a que seamos prósperos
y felices.
Atrevámonos a encontrar la dicha y la buenaventura que podemos
lograr cada uno en su espacio vital. ¡Atrevámonos a ser felices!
* Dr. en Derecho.

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