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Luis
Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Alguno de esos lectores y lectoras que tienen la paciencia de leer casi
siempre mis artículos, recordará que allá por octubre
de 2003 me visitó sorpresivamente un burro que hablaba, y hablaba
bastante bien, no sólo por la claridad de su pronunciación
que no tendría nada que envidarle a su colega el de la película
Shrek sino, sobre todo, por el contenido de sus palabras llenas
de sensatez y humanidad.
Pues bien, de nuevo ayer recibí inopinadamente la visita de este
buen amigo, dispuesto a que le prestara mi columna para difundir sus reflexiones
y consejos. Llegó mordisqueando algo que me pareció no ser
humilde paja ni cardo borriquero. No pude por menos de preguntarle de
qué se trataba aquel extraño forraje. Su respuesta me llenó
de sorpresa. Me dijo que masticaba ramas de un árbol de Navidad.
¿Y eso, por qué?
Es un castigo por la competencia que dichos arbolitos hacen al verdadero
símbolo de la Navidad que somos nosotros y nuestros nacimientos.
Nuestros pesebres siempre tendrán la gloria de haber sido la primera
cuna del Niño-Dios, me contestó, subrayándolo con
una amplia sonrisa, enseñando sus tremendos dientes.
Pero eso de atacar al árbol de Navidad no está nada
de bien, le dije, ¿es que ahora te has vuelto terrorista?
Oh, no, lo dije bromeando. En realidad estas ramitas las tomé,
pasada ya la Navidad, de un arbolito que habían botado en uno de
vuestros amplios basureros municipales. Pura curiosidad, quería
comprobar su sabor, pero la verdad es que lo encuentro bastante insulso.
Nada como la avena o una buena paja de pesebre...
Cambiando de conversación, le pregunté que a qué
se debía su nueva visita, y me dijo que, ante el nuevo año,
venía a que yo le prestara de nuevo mi columna, si era tan amable,
para hablar a los salvadoreños en nombre del colectivo de asnos
centroamericanos, de los cuales él es un portavoz autorizado. Me
lo pidió de modo tan manso y humilde, que no pude negarme, aunque
también es verdad que después de ver la potencia de sus
dientes y lo robusto de sus patas traseras y saber que tenía detrás
de él nada menos que tan potente burrerío, pensé
también cuál podría haber sido la reacción
de su colectivo si mi respuesta hubiera sido negativa. Así que,
ni por las buenas ni por las malas, podía negarme.
He ahí sus palabras:
Todos los burros y yo nos alegramos de que la economía agrícola
en el pasado año 2004 haya tenido un notable incremento en El Salvador,
pero animamos al gobierno a que dé una prioridad muy especial a
combatir la pobreza rural, que sigue siendo muy grave.
Pedimos a la oposición que no sean mulas animal terco
y rencoroso, al que repudiamos, que no sigan haciendo papel obstruccionista
contra el TLC que no es un plan de gobierno, sino un tratado internacional,
ni contra el periférico, ni contra nada que sea claramente positivo.
Tienen derecho a fiscalizar, a criticar mejorando lo propuesto por el
gobierno, porque nadie es perfecto y por supuesto este gobierno tampoco
lo es. Que aprendan cómo se comporta una oposición civilizada.
Tomen ejemplo de EE.UU. o de los países europeos. Y que alguien
obligue a los líderes sindicales a tomar unos cursos en Europa,
o al menos en Chile, para que aprendan a ser lo que tiene que ser un líder
sindical y no unos holgazanes, corruptos y violentos, como los que por
aquí se usan.
Que todos ustedes trabajen por la unificación centroamericana,
pues en un mundo tan globalizado, la unión hace la fuerza. Si no
lo hacen, es a ustedes a los que les corresponde el calificativo de asnos.
Les volvemos a recordar que, aunque haya mucha miseria material,
es mucho mayor la miseria moral. Ciegos serán si no se dan cuenta
de que esa ha ido en aumento. De poco sirve aprender ciencias, idiomas
y matemáticas si se es un malvado. Ustedes tienen enormes mayorías
desorientadas, abrumadas por no encontrar una orientación en sus
vidas, algo que les traiga paz y alegría a sus conciencias. Si
no nos creen, echen un vistazo a los estantes de sus librerías
y verán cómo proliferan los libros que pretenden orientar
sobre la felicidad y el éxito en la vida. El único éxito
que de ahí sale es el de los autores que se forran de dólares
vendiendo esas pajas que no son buenas ni para que las comamos nosotros.
Tampoco por mucho que se aturdan con su música estridente, sus
bailes perrunos y su desmadre moral, por ahí nunca, desde que el
mundo es mundo, eso ha sido un camino para la felicidad. Cualquier burro
lo sabe.
Que el papel más importante en fomentar valores y virtudes
universales esas que son comunes a todos los pueblos, en cualquier
lugar y en cualquier época, eso corresponde a la educación
que los padres den a sus hijos. Las grandes verdades se enseñan
primero y fundamentalmente en el hogar. Lo refuerzan después los
buenos centros educativos, particulares o estatales, robusteciendo también
la personalidad cultural propia de cada país. Pero ¿cómo
se puede hacer esto si se fomenta en las costumbres y en las leyes desde
dentro y desde fuera del país la corrupción moral
y la destrucción familiar?
Todos los países centroamericanos padecen de una tremenda
crisis familiar. No es extraño que todos posean la lacra de esas
enormes maras. No acepten presuntas ayudas extranjeras que fomentan la
corrupción. Fortalezcan sus familias o nunca serán nada
como país.
Y aquí enmudeció el burro, se marchó y yo me quedé
muy pensativo.
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de
Hoy. lfcuervo@telemovil.net.

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