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Salvados por unas horas

Protagonistas. Una salvadoreña, su esposo e hija estadounidenses salieron antes de lo que sería la zona de desastre en Tailandia. Parientes aquí ya los hacían muertos.

Publicada 2 de enero 2005 , El Diario de Hoy

Disfrutando. Los MacFarland en la isla de Phuket.Foto EDH
Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Un cambio de planes y haber salido de la isla Phuket, una de las más devastadas en Tailandia por el maremoto, unas horas antes de la tragedia, evitaron que una turista salvadoreña, acompañada por su esposo e hija estadounidenses, se cuenten entre las víctimas de la tragedia en el sur de Asia. Sin embargo, hasta ayer sus parientes en el país temían lo peor porque no habían tenido noticias suyas.

Joyce Marie Peralta, su marido Eric MacFarland y la hija de ambos, Leslie Rhianon, partieron de Arizona el 17 de diciembre anterior con la intención de pasar dos semanas en Tailandia.
Habían previsto que los primeros días estarían en la capital, Bangkok, y que la Navidad y Fin de Año lo disfrutarían en la isla de Phuket, famosa por su belleza y atractivos para los visitantes occidentales.

Pero, durante la escala en Seúl, Corea, por cuestión de tiempo invirtieron las rutas. Llegaron a la isla y permanecieron ahí hasta después del mediodía del 25. El tsunami se produjo en la mañana del 26.

“Al enterarnos de lo sucedido dijimos: ¡Gracias a Dios! Fue un milagro, porque habíamos pensado estar la primera semana en Bangkok, y la siguiente en Phuket”, dijo ayer la compatriota al regresar a su residencia en Camp Verde, donde le esperaba su hijo Bryan.
Por la magnitud del fenómeno, el joven comenzó a inquietarse conforme pasaban las horas y desconocía el paradero de su familia.

Llamó a San Salvador a su tía Lily Peralta, quien tampoco recibía noticias de su única hermana, a pesar de la costumbre de ella por llamarla en fechas especiales y detallarle sobre los continuos viajes que realiza con Eric, un maestro jubilado que no es desconocido en El Salvador.

A principios de la década de los 80, Eric destacó como profesor de ciencias en la Escuela Americana, donde conoció a Joyce. Contrajeron nupcias en 1984, y cuatro años después nació Leslie en Estados Unidos.

Lily Peralta. Muestra el último e-mail que había recibido de Joyce el 14 de diciembre.Foto EDH

“Traté de comunicarme con ellos (hermana e hijo), y no salía nada. Desconozco porqué, pero hasta se me complicó enviar un correo electrónico a Lily para que estuviera tranquila. Pero, no lo recibió”, dice para explicar las dificultades en que sigue la zona.

Reconoce que esta dificultad hizo que sus parientes de desesperaran. “Un día antes en Phuket compartimos a la orilla del mar. Al enterarme de lo sucedido, di gracias a Dios porque fue un milagro suyo que nos saliéramos. Pude estar ahí”, dice.

Esta imposibilidad se volvió pesadilla para sus parientes en el país. Lily buscó apoyo en la Cruz Roja Salvadoreña, pero se la negaron argumentándole que acudiera a la embajada de Estados Unidos en el país, por la nueva ciudadanía de su hermana.

Además, le expuso el caso a la viceministra para Salvadoreños en el Exterior, Margarita Escobar, quien ya se había contactado con la Cruz Roja Internacional, el Centro para la Prevención de Desastres Naturales que funciona en Panamá y las embajadas salvadoreñas en Japón, Corea y Taiwán, las más próximas a Tailandia.

La única esperanza podía concretarse ayer, porque para entonces estaba previsto que retornaran. Si no lo hacían, su temor tenía más fundamentos.

“Me da miedo que la incineren, porque Joyce puede ser confundida como tailandesa. Estaba en la isla donde ha ocurrido lo peor. Mi esperanza es que esté incomunicada”, decía ayer Lily antes de que cambiara esta historia.

“Le pedimos a Dios que podamos saber de ellos, no importa su condición. No podemos vivir en la incertidumbre toda la vida”, expresaba horas antes Celina Aguilar, prima de la connacional.

Pero, la sorpresa mayor se la llevó Bryan. La confianza de verlos se le acababa. La desesperanza se esfumó al verlos llegar en la camioneta familiar.
“Los iba a esperar hasta el lunes. No quería imaginar qué pasaría después. Fui a la iglesia a rezar y prender unas velas por ellos”, dijo al celebrar que el luto no llegó a su hogar como ha pasado con decenas de miles.

Feligreses colaboran en favor de los damnificados

Todas las iglesias y grupos eclesiásticos del país se unieron ayer a la causa humanitaria con los sobrevivientes a la tragedia del maremoto que afectó varios países del sur de Asia.
Por orden del arzobispado de El Salvador, iglesias, movimientos y asociaciones devotas realizaron colectas para recaudar fondos y ayudar así a los millones de damnificados por la tragedia.

Ejemplo de ello fue la Parroquia Don Rúa. La colaboración mensual que cada mes los feligreses ofrecen a las familias pobres, esta vez será enviada a los afectados por el maremoto.

“El Salvador ha experimentado las manos amigas en otras ocasiones ahora es momento que demostremos que también podemos ayudar”, expresó el padre Óscar Rodríguez párroco del templo católico.

El cura explicó que lo recolectado, que no pudo ser contabilizado ayer, debido que durante todo el día iban a recibir las colaboraciones, posteriormente será enviado al Vaticano.
Además hizo un llamado a estas personas para que eleven sus plegarias y mantener confianza en Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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