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| Disfrutando. Los MacFarland en la isla de Phuket.Foto
EDH |
Wilfredo Salamanca
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Un cambio de planes y haber salido de la isla Phuket, una de las más
devastadas en Tailandia por el maremoto, unas horas antes de la tragedia,
evitaron que una turista salvadoreña, acompañada por su
esposo e hija estadounidenses, se cuenten entre las víctimas de
la tragedia en el sur de Asia. Sin embargo, hasta ayer sus parientes en
el país temían lo peor porque no habían tenido noticias
suyas.
Joyce Marie Peralta, su marido Eric MacFarland y la hija de ambos, Leslie
Rhianon, partieron de Arizona el 17 de diciembre anterior con la intención
de pasar dos semanas en Tailandia.
Habían previsto que los primeros días estarían en
la capital, Bangkok, y que la Navidad y Fin de Año lo disfrutarían
en la isla de Phuket, famosa por su belleza y atractivos para los visitantes
occidentales.
Pero, durante la escala en Seúl, Corea, por cuestión de
tiempo invirtieron las rutas. Llegaron a la isla y permanecieron ahí
hasta después del mediodía del 25. El tsunami se produjo
en la mañana del 26.
Al enterarnos de lo sucedido dijimos: ¡Gracias a Dios! Fue
un milagro, porque habíamos pensado estar la primera semana en
Bangkok, y la siguiente en Phuket, dijo ayer la compatriota al regresar
a su residencia en Camp Verde, donde le esperaba su hijo Bryan.
Por la magnitud del fenómeno, el joven comenzó a inquietarse
conforme pasaban las horas y desconocía el paradero de su familia.
Llamó a San Salvador a su tía Lily Peralta, quien tampoco
recibía noticias de su única hermana, a pesar de la costumbre
de ella por llamarla en fechas especiales y detallarle sobre los continuos
viajes que realiza con Eric, un maestro jubilado que no es desconocido
en El Salvador.
A principios de la década de los 80, Eric destacó como profesor
de ciencias en la Escuela Americana, donde conoció a Joyce. Contrajeron
nupcias en 1984, y cuatro años después nació Leslie
en Estados Unidos.
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| Lily Peralta. Muestra el último e-mail
que había recibido de Joyce el 14 de diciembre.Foto
EDH |
Traté de comunicarme con ellos (hermana e hijo), y no salía
nada. Desconozco porqué, pero hasta se me complicó enviar
un correo electrónico a Lily para que estuviera tranquila. Pero,
no lo recibió, dice para explicar las dificultades en que
sigue la zona.
Reconoce que esta dificultad hizo que sus parientes de desesperaran. Un
día antes en Phuket compartimos a la orilla del mar. Al enterarme
de lo sucedido, di gracias a Dios porque fue un milagro suyo que nos saliéramos.
Pude estar ahí, dice.
Esta imposibilidad se volvió pesadilla para sus parientes en el
país. Lily buscó apoyo en la Cruz Roja Salvadoreña,
pero se la negaron argumentándole que acudiera a la embajada de
Estados Unidos en el país, por la nueva ciudadanía de su
hermana.
Además, le expuso el caso a la viceministra para Salvadoreños
en el Exterior, Margarita Escobar, quien ya se había contactado
con la Cruz Roja Internacional, el Centro para la Prevención de
Desastres Naturales que funciona en Panamá y las embajadas salvadoreñas
en Japón, Corea y Taiwán, las más próximas
a Tailandia.
La única esperanza podía concretarse ayer, porque para entonces
estaba previsto que retornaran. Si no lo hacían, su temor tenía
más fundamentos.
Me da miedo que la incineren, porque Joyce puede ser confundida
como tailandesa. Estaba en la isla donde ha ocurrido lo peor. Mi esperanza
es que esté incomunicada, decía ayer Lily antes de
que cambiara esta historia.
Le pedimos a Dios que podamos saber de ellos, no importa su condición.
No podemos vivir en la incertidumbre toda la vida, expresaba horas
antes Celina Aguilar, prima de la connacional.
Pero, la sorpresa mayor se la llevó Bryan. La confianza de verlos
se le acababa. La desesperanza se esfumó al verlos llegar en la
camioneta familiar.
Los iba a esperar hasta el lunes. No quería imaginar qué
pasaría después. Fui a la iglesia a rezar y prender unas
velas por ellos, dijo al celebrar que el luto no llegó a
su hogar como ha pasado con decenas de miles.
Feligreses colaboran en favor de los damnificados
Todas las iglesias y grupos eclesiásticos del país se
unieron ayer a la causa humanitaria con los sobrevivientes a la tragedia
del maremoto que afectó varios países del sur de Asia.
Por orden del arzobispado de El Salvador, iglesias, movimientos y asociaciones
devotas realizaron colectas para recaudar fondos y ayudar así a
los millones de damnificados por la tragedia.
Ejemplo de ello fue la Parroquia Don Rúa. La colaboración
mensual que cada mes los feligreses ofrecen a las familias pobres, esta
vez será enviada a los afectados por el maremoto.
El Salvador ha experimentado las manos amigas en otras ocasiones
ahora es momento que demostremos que también podemos ayudar,
expresó el padre Óscar Rodríguez párroco del
templo católico.
El cura explicó que lo recolectado, que no pudo ser contabilizado
ayer, debido que durante todo el día iban a recibir las colaboraciones,
posteriormente será enviado al Vaticano.
Además hizo un llamado a estas personas para que eleven sus plegarias
y mantener confianza en Dios.

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