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| Necesitados. Refugiados se aglomeran para hacerse
de un paquete de ayuda. Foto EDH / AP |
Agencias
internacionales
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Los sobrevivientes del centro Sambodhi para discapacitados y ancianos
recordaron cómo los niños se aferraban a las rejas mientras
subía el agua.
Muchos de los pequeños fueron arrastrados en sus camas y jamás
se les volvió a ver. Sólo 41 de los 102 habitantes del lugar
sobrevivieron.
La ciudad de Galle está llena de relatos de la muerte. La narración
de lo ocurrido en Sambodhi, sin embargo, es uno de los más espeluznantes
en Galle. Deshapriya, quien está confinado a una silla de ruedas
debido a que sufre de distrofia muscular, recuerda lo sucedido.
Al llegar al Sambodhi, recordó, escuchó una algarabía
afuera y salió a averiguar.
Cuando llegué al camino, vi que algo extraño ocurría:
la gente corría, gritaba: ¡Viene el mar! ¡Viene
el mar! Y vi el mar, que parecía extraño, oscuro,
negro, contó.
El agua corría por el camino, zigzagueando. Es difícil
de describir. Corría más rápido que un automóvil
a toda prisa, relató.
Según Deshapriya, muchos niños gritaban y algunos de ellos
no comprendían lo que estaba pasando, ni siquiera cuando un miembro
del personal del centro se encaramó sobre un automóvil y
gritó: ¡Quienes puedan salir que salgan!.
Uno de los niños enfermo no entendía lo que estaba pasando
y comenzó a reír, pensando que era una broma.
Ese niño estaba de lo más feliz, viendo cómo
entraba el agua. Le señalaba el agua a los demás chicos,
sostuvo entre sollozos. Deshapriya logró sobrevivir porque un ayudante
empujó su silla ruedas a un sitio seguro.

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