elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Una mirada de fe
“No te dejes vencer por el mal...”

Frente a la universalidad del mal, brota también la esperanza cristiana de que sólo Dios da al hombre y a los pueblos la posibilidad de superar el mal para alcanzar el bien.

Publicada 2 enero 2005, El Diario de Hoy

Óscar Rodríguez Blanco S.D.B
El Diario de Hoy

osrobla@hotmail.com

Estamos en el umbral del nuevo año 2005, lo iniciamos renovando nuestra fe en Jesucristo Salvador y con los mejores augurios de que sea uno de prosperidad espiritual y material, para todos los que vivimos en esta tierra sedienta de paz y de amor.

Hemos elevado nuestras manos para pedir a Dios su bendición, porque Él es el único que con su omnipotencia ha irrumpido en nuestra historia haciéndose hombre para compartir nuestra naturaleza. La iglesia, al celebrar ayer la solemnidad de Santa María Madre de Dios, ha celebrado también la Jornada Mundial de la Paz 2005 con el tema: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien”. Es una exhortación que Juan Pablo II ha tomado de la carta que San Pablo apóstol escribió a los Romanos.

En esta ocasión quisiera subrayar algunos puntos del mensaje que Su Santidad Juan Pablo II ha enviado a los responsables de las naciones y a todo hombre o mujer de buena voluntad: Se inicia recordando el dramático panorama de la violencia que se experimenta en varios lugares del mundo marcado por los sufrimientos e injusticias, que no permiten a la humanidad gozar de ese don que es la paz y que sólo se logrará cuando los responsables del bien común se den cuenta de que la paz es el resultado de una larga y dura batalla, que se gana cuando el bien derrota al mal.

Entre los conceptos expresados se encuentra el del mal, no como una fuerza anónima que actúa en el mundo, sino como algo que tiene un rostro y un nombre en aquellos hombres y mujeres que lo eligen libremente. En el mundo existe una impresionante proliferación de manifestaciones sociales y políticas del mal, que va desde el desorden social a la anarquía y a la guerra, desde la injusticia a la violencia y a la supresión del otro.

Juan Pablo II recuerda la “gramática de la ley moral universal”, que ya había propuesto a la Asamblea de las Naciones Unidas hace diez años, y que es una ley que une a los hombres entre sí, inspirando valores y principios comunes, que aunque se  reniegue de ellos, no se pueden destruir ni arrancar del corazón del hombre.

Es un instrumento a cuya luz no se puede dejar de reprobar los males de carácter social y político que afligen al mundo, sobre todo los que provienen de la violencia. Entre ellos se encuentran los conflictos sociales por los que está pasando el continente africano, la peligrosa situación de la Palestina, la violencia terrorista, el drama de los iraquíes, etc.

La violencia, dice el Papa, es un mal inaceptable que nunca soluciona los problemas… es una mentira, porque va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende defender: La dignidad, la vida, la libertad y los derechos fundamentales de la persona.

Cuando se promueve el bien común en todas sus dimensiones, se promueve la paz. El ser humano, para realizarse plenamente, no puede prescindir de su naturaleza social en la familia, los grupos, las asociaciones, los estados o las comunidades de pueblos y naciones. Es la autoridad política la que debe crear las condiciones necesarias que favorezcan en el ser humano su desarrollo integral, teniendo en cuenta su dimensión trascendente, pues la humanidad camina hacia Cristo y en Él culmina la historia.

En el mensaje se habla de la relación que existe entre “el bien de la paz y el uso de los bienes de la tierra”. En este punto se recuerda la doctrina del Concilio Vaticano II: “Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos, de modo que los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la guía de la justicia y el acompañamiento de la caridad” (G.et S.69). Los mismos nuevos bienes que provienen del conocimiento científico y el progreso tecnológico deben ser puestos al servicio de las necesidades primarias del hombre.

El destino universal de los bienes permite afrontar el desafío de la pobreza en millones de personas y en países pobres con grandes deudas externas, y que hasta ahora no han logrado alcanzar un adecuado desarrollo económico, ya que las rentas bajas y el lento crecimiento limitan el ahorro.

Juan Pablo II en su mensaje afirma que el único remedio eficaz para que los estados afronten la pobreza es que tengan financiaciones externas otorgadas en “condiciones accesibles”, y para esto, es necesario una movilización moral y económica que respete los acuerdos tomados a favor de los países pobres, incluso estudiando nuevas propuestas de financiamiento para el desarrollo.

La iglesia reconoce el esfuerzo de algunos gobiernos que tratan de incrementar medidas significativas y esperanzadoras que respetan el principio de subsidiaridad. Al mismo tiempo, el Papa alienta a dar nuevas formas de solidaridad con un mayor compromiso por parte de todos, sobre todo con el continente africano afectado por numerosos conflictos bélicos, proliferación de enfermedades e inestabilidad política. Lo ideal es que este continente llegue a asumir su propio protagonismo en su desarrollo cultural, civil, social y económico.

Frente a la universalidad del mal, brota también la esperanza cristiana de que sólo Dios da al hombre y a los pueblos la posibilidad de superar el mal para alcanzar el bien, y que cultivando la esperanza, le ayuda a promover la justicia y la paz con la firme confianza de construir un mundo mejor, a pesar del mal que reina en el mundo. “Cuando el bien vence al mal, reina el amor y donde reina el amor reina la paz”. Se invita a los fieles laicos a mostrar con su vida que el amor es la única fuerza y el único mecanismo para hacer avanzar la historia hacia el bien y la paz.
*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora (Don Rúa).

elsalvador.com WWW