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Obligada a elegir entre sus dos hijos

Dolorosa decisión. Una australiana se vio obligada a soltar a uno de sus vástagos para salvar al otro

Publicada 31 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Huye. Una joven herida espera ser evacuada de la zona afectada en un aeropuerto .Fotos EDH


Agencias internacionales
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Jillian Searle, madre de dos niños, tuvo que escoger entre sus hijos a la hora de luchar por su vida durante el potente maremoto que devastó las extensas regiones del Océano Indico y ha causado más de 125,000 muertos.

Entre olas turbulentas que inundaron un centro turístico en Tailandia, Searle no podía agarrar a sus dos pequeños y sobrevivir al mismo tiempo.

La mujer debía luchar por mantenerse a flote y para eso tuvo que escoger cuál de sus dos vástagos tendría que arriesgarse a sobrevivir por sí mismo en medio del torrente de agua que arrastraba todo lo que encontraba en su paso.

“Sabía que tenía que soltar a uno de los dos y entonces pensé que era mejor dejar ir al mayor”, relató entre sollozos al programa noticioso de televisión Sky News, en un reportaje difundido el jueves.

Ella reside en la ciudad de Perth, en el oeste de Australia.

Recordó que se hallaba cerca de la piscina de un hotel, en un centro turístico tailandés en la isla de Puket, con su hijo Lachie, de cinco años, y el otro de dos, Blake, cuando una de las gigantescas olas impactó el lugar.

“Hubo una señora que lo sostuvo por un momento, pero tuvo que soltarlo porque se estaba sumergiendo”, manifestó refiriéndose a su pequeño Lachie.

En Sumatra. Imagen de satélite muestra la devastación.Fotos EDH

“Yo gritaba, trataba de buscarlo, pensé que había muerto”, dijo a periodistas a su arribo a Australia.

Afortunadamente, el niño fue encontrado con vida dos horas después. El infante se sujetó a una puerta y, a pesar de la terrible experiencia vivida, no parecía haber sufrido lesiones.

Searle viajó a Tailandia acompañada de sus dos hijos y su esposo, Brad, quien observó desesperadamente toda la tragedia desde el balcón de su habitación en el primer piso del hotel, sin poder hacer nada por ellos.

“Ahora que estamos unidos de nuevo, después de esa durísima experiencia, estoy convencida de que Dios nos ayudó. Sólo así se puede explicar el milagro de haber sobrevivido ante la gran tragedia”, manifestó la madre.

Buzos se salvaron sin darse cuenta

Una pareja de turistas estadounidenses relató ayer cómo sobrevivió al maremoto cuando estaban buceando en una isla de Tailandia, sin enterarse de lo ocurrido hasta varias horas después de que salieron a la superficie.
Faye Wachs y su esposo Eugene Kim notaron movimientos extraños bajo el agua y sintieron que estaban siendo sumergidos a más profundidad de la prevista cuando su monitor les pidió que realizaran inmediatamente el ascenso, relataron ambos en declaraciones a la cadena de televisión CNN.
En ese momento, los afortunados turistas todavía no eran conscientes de que el devastador maremoto había pasado sobre ellos.
“Era un sentimiento inquietante. Las condiciones (del mar) eran turbulentas y caóticas”, según Kim, quien precisó que todos los submarinistas que iban con ellos estaban de acuerdo en que había que salir de allí, pero ninguno sabía lo que había pasado.
Momentos después, la noticia les llegó a través de un mensaje de texto que recibió uno de sus compañeros de buceo de parte de su esposa, en el que le ponía la palabra “catástrofe”.

Guatemalteca relata tragedia

L Una instructora guatemalteca de buceo, María Gabriela Álvarez Aragón, sobrevivió al maremoto y relató en una entrevista publicada ayer el pánico y sufrimiento que vivió en la isla Koh Phi Phi (Tailandia).
“Eran las 08:00 de la mañana, yo estaba dormida cuando se fue la luz y empecé a oír un ruido que nunca había escuchado en mi vida, era como una avalancha, era terrorífico”, narró al diario “Prensa Libre”, que publicó la entrevista telefónica.
La guatemalteca, de 26 años, se encuentra desde hace nueve meses en Tailandia como instructora de buceo.
“Segundos después, el lugar estaba cubierto de lodo, escombros, heridos y cadáveres que cubrían el patio del conjunto de viviendas donde yo vivía, a un kilómetro de la playa”, comentó.
“Sentí terror y pánico de ver a toda esa gente herida y cuerpos sin vida por doquier; en ese momento corrimos con unos compañeros hacia uno de los puntos más altos de la isla hacia donde huía la multitud por el azote de las olas”, recordó.
Álvarez Aragón afirmó que permaneció toda la noche del domingo en una colina y bajó al día siguiente en medio de centenares de muertos. “¡Gracias a Dios estoy viva!”, exclamó.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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