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German Cáceres eterno apasionado

El compositor y director de la Sinfónica Nacional cumplió sus 50 años en 2004. Más de 30 los ha dedicado a la música

Publicada 30 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Estampa. El artista posa con la serigrafía que le dedicó el pintor nacional Roberto Galicia. Foto EDH



Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
rmixco@elsalvador.com


Vengo a matricularme”, exclamó German Cáceres al profesor Rubén H. Dimas, uno de los tres fundadores del Colegio García Flamenco.

El docente escuchaba sorprendido lo que le decía el adolescente. El joven había sido liceísta toda su vida. ¿Por qué ahora pensaba renunciar a ese concepto educativo para sumarse a las filas de un colegio laico?

Hijos de su creatividad
1976. Cuarteto para cuerdas No. 2, estrenada en Nueva York, Estados Unidos.
1979. Estancias, cantata para soprano y orquesta.
1981. Concierto para piano y orquesta, estrenado en el Kennedy Center, Washington D.C.
1984. Sonata para piano, estrenada
en Amsterdam,
Holanda.
1993. Deploración para orquesta,
en memoria de
Julián Orbón.
1996. Villancico
de Calendario, para coro a capella.
2004. Cartas
interdimensionales, tres canciones
para mezzo y piano.

Era preciso saber la razón. “Primero me vas a explicar qué pasa. Luego le vas a decir a tu padre que venga hablar conmigo, porque yo no te puedo matricular”, aclaró el académico al aprendiz de músico.

German reveló al intelectual que en el Liceo Salvadoreño habían condicionado su matrícula. El hermano marista José Antonio López, en ese entonces director del centro educativo, le pidió abandonar sus estudios musicales para continuar con los de bachillerato en esa institución.

La pasión por la música le marcó desde muy pequeño y no estaba dispuesto a renunciar a ella, porque sus maestros pensaban que era contraproducente para su rendimiento académico.

“Sí pude haber descuidado mis estudios, pero nunca fui un alumno mediocre”, se decía así mismo.

El garciísta no solo le acogió en el centro de estudios, también apoyó sus estudios musicales. El ahora compositor y director de la Sinfónica Nacional recuerda que tanto Dimas como Saúl Flores y Francisco Morales (los otros dos fundadores del colegio) fomentaron en él el amor por las artes.

A más de 35 años de aquel día y 50 de su nacimiento, el artista salvadoreño disfruta de los frutos de su dedicación y disciplina.

Sus obras han sido ejecutadas en 18 países, ha dirigido orquestas de renombre mundial y ha sido galardonado a nivel nacional e internacional.

En su haber, guarda más de 70 creaciones que comparten el sello contemporáneo que sedujo al autor cuando apenas era un chiquillo.

Los acordes de la Consagración de la Primavera, del compositor ruso Igor Stravinski, le introdujeron en esa corriente vanguardista. “Me impresionó el trabajo que Walt Disney realizó en la película Fantasía, donde este poema sinfónico musicaliza la historia de la evolución de la vida”, expresó.

Aunque no es una obra netamente contemporánea, rompe con la tradición de siglos anteriores y marcó otro rumbo en la música del Siglo XX.

Ya inmerso en su carrera en la Escuela Julliard, de Nueva York, Cáceres inicia un período de estudio que le hace sumergirse en la Teoría de los Conjuntos. Ese mundo le otorgó las herramientas necesarias para crear una diversidad de obras abstractas cargadas de emotividad.

“Las posibilidades combinatoriales de las notas son casi infinitas. Las matemáticas están estrechamente ligadas a la música”, explicó.

El compositor se estrenó como tal en 1973, con su obra Yulcuicat, cuatro piezas para piano inspiradas en poemas del escritor nacional Pedro Geoffrey Rivas. Luego, la orquestó. Fue interpretada en El Salvador por la Sinfónica Nacional, en octubre de 1979.


La música corre por sus venas

German Cáceres inició sus pasos por el mundo de los sonidos de la mano de los maestros Ion Cubicec y Esteban Servellón. Con ellos adquirió los conocimientos básicos de armonía, contrapunto y formas musicales.

Acción. El artista dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional. Foto EDH

Fueron Alejandro Muñoz Ciudad Real y el guatemalteco Ricardo del Carmen, quienes le iniciaron en el tema de la dirección orquestal.

Incluso, la primera de sus obras interpretada en El Salvador, fue una creación de estudiante que llamó Ensayo al estilo barroco. “Fue un cumplido que tuvo para conmigo Esteban Servellón. Ese escrito ya no lo tomo en cuenta”, confiesa Cáceres.

Su padre gustoso le apoyó desde que descubrió en él la vena artística. Fue así que llegó a la Escuela Juilliard, de Nueva York, en 1973. Allá su talento fue esculpido por grandes músicos. En especial, recuerda la dedicación de Ronald Roseman y Julián Orbón.

El salvadoreño se graduó como oboísta y director en 1977, y obtuvo su postgrado un año después, en la misma institución.

En 1989 adquirió su doctorado en composición, en la Universidad de Cincinnati, Estados Unidos. Allí estudió con Jonathan Kramer.

En 1979 fue nombrado director de la Orquesta de Cámara de San Salvador y en 1985, como director de la Sinfónica Nacional. Este último cargo lo retoma en 2002 hasta la fecha.

Nació y creció entre las artes
Aunque en su familia no hay otros artistas de profesión, su padre y sus tíos le fomentaron ese tipo de formación
u Hoy en día, se dedica a la música y a disfrutar de su único hijo,
German.

En el hogar de los esposos German Cáceres y Victoria Mejía, nació un varón. Su primer y único hijo vino al mundo en el hospital Policlínica
Salvadoreña. El pequeño German
encontró en su progenitor a un gran amigo y al eje principal de su formación artística. Desde los cinco años, acompañó a su padre a los conciertos de la Sinfónica Nacional y las temporadas de ópera, en el Teatro Nacional.

El pequeño German ingresó al Liceo Salvadoreño, donde cursó la mayor parte de sus estudios básicos. La formación artística la desarrolló paralelamente a su actividad académica. En el centro educativo de los hermanos maristas, no se fomentaban las artes ni tuvo la oportunidad de pertenecer a una agrupación musical. Culminó su bachillerato en 1971, en el Colegio García Flamenco. En la imagen, German posa junto a sus compañeros de primer curso.
German Cáceres junto a su maestro de dirección orquestal, Alejandro Muñoz Ciudad Real, quien junto a Ion Cubicec, Esteban Servellón y Ricardo del Carmen moldearon los primeros conocimientos musicales del autor. German recuerda sus jornadas de estudio dentro de la habitación que hoy es su oficina, en la Casa del Coro, sobre la 8a. Avenida Sur, entre la 1a. y 3a. calles Oriente. “Tengo los muebles que también usó el maestro”, recuerda.
German contrajo matrimonio con la médico pediatra Ana María Espinoza, con quien procrearon un varón. El niño lleva el nombre de su padre y abuelo, en la actualidad tiene ocho años y estudia en la Escuela Americana. Para el artista, es importante dedicar tiempo a los hijos, así como una educación adecuada. Lamenta que hoy en día, las artes hayan sido relegadas y los jóvenes invierten sus energías en un mundo materialista.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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