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Muerte y desolación

Tragedia. Apresuran tareas de sepultura a fin de evitar las epidemias. El número de fallecidos se incrementa rápidamente

Publicada 29 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Agencias internacionales
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Miles de familiares enterraban a sus muertos con las manos y aldeanos hambrientos saqueaban comercios ayer, tras una serie de maremotos provocados por un potente terremoto en el sur de Asia, mientras se hallaron miles de cadáveres más en Indonesia y Sri Lanka, lo que elevó la cifra preliminar a 80,000 muertes en 11 naciones.

El Ministerio de Salud de Indonesia afirmó en un comunicado que casi 30,000 personas murieron en la isla de Sumatra, el lugar más próximo al epicentro del terremoto del domingo de 9 grados de magnitud, que provocó las inmensas olas en cadena a lo largo de las costas del Océano Índico y la bahía de Bengala.

Imágenes de televisión tomadas desde el aire sobre Meulaboh y otros sitios de la costa occidental mostraban miles de viviendas sumergidas. Refugiados que escapaban de la costa relataron que habían sobrevivido durante días comiendo cocos antes de llegar hasta Banda Aceh, la capital de la provincia de Aceh, en el extremo norte de Sumatra, que quedó devastada por el terremoto.

“El mar está lleno de cadáveres”, expresó Sukardi Kasdi, que llegó hasta la capital desde su pueblo de Surang.

La destrucción que causaron los maremotos, o tsunamis, dificulta los esfuerzos de los gobiernos y las agencias de ayuda humanitaria, que además de rescatar sobrevivientes deben asistir a millones de personas desplazadas que afrontan posibles enfermedades entre tantos cadáveres en descomposición.

Pero la Organización Mundial de la Salud dijo desde Ginebra que lo peor puede estar aún por venir debido a que las enfermedades y epidemias por la descomposición de los cuerpos y la falta de agua potable podría matar a miles más.

Piden dejar cadáveres

En los famosos sitios turísticos de Tailandia, voluntarios recogieron decenas de cadáveres, incluidos de muchos turistas extranjeros, en playas, piscinas, y entre los escombros de elegantes hoteles.

El hedor de la muerte permeaba todo un tramo de 30 kilómetros de playa en el sur de Tailandia. Cerca de la devastada Playa Similan, donde había numerosos turistas alemanes, un cadáver desnudo estaba suspendido de un árbol, como si lo hubieran crucificado.

En la devastada población de Galle, en Sri Lanka, las autoridades usaron un altavoz emplazado para pedirle a la gente que dejara los cadáveres en el camino, para recogerlos y sepultarlos.

“¿Por qué nos hiciste esto Dios?”, se lamentó una vieja mujer en una aldea de pescadores devastada en el estado de Nadu Tamil, en la India. “¿Qué hicimos para enojarte...? Esto es peor que la muerte”.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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