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Orientando
De electricidad y asignaturas pendientes

La Cel debe emigrar de su papel como otro participante más del mercado, a uno en donde sea efectiva contraparte en el esfuerzo por conseguir un abastecimiento de electricidad confiable y a precios justos

Publicada 29 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Carlos F. Herrera A.*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Según estadísticas que con frecuencia se publican, en El Salvador tenemos la electricidad más barata de Centro América. La Cel asegura que el próximo año no habrá problemas de abastecimiento, pues sus embalses están llenos. Se publicitan por todos lados grandes obras de infraestructura eléctrica. Si embargo, la oficina de la Comisionada Presidencial para la Defensa del Consumidor ha manifestado que el 23 por ciento de las quejas recibidas en lo que va del año proviene del rubro electricidad. Ninguna otra actividad produce tantas. Algo aquí no cuadra.

La irritación popular sobre el tema eléctrico es evidente. La energía a precios bajos que se ofreció cuando se privatizó el sector no aparece por ningún lado. La calidad general del servicio es mediocre o, en todo caso, no corresponde al nivel al que se cobra. Alto costo y mal servicio son los causantes de una percepción generalizada de indefensión, que sofoca las economías ciudadanas y es lastre para los esfuerzos que otros sectores hacen para mejorar las condiciones generales del país.

En países en donde se ha privatizado el sector eléctrico, el sistema funciona y favorece con sus bondades a las grandes mayorías. Aquí, en cambio, la cosa no va bien, a pesar de que el proceso implantado es copia mejorada y probada con éxito en esos países. La causa del pobre desempeño del sistema implantado radica en el tipo de mercado que se creó, cuya característica más relevante es su desequilibrio y rigidez.

La competencia, interacción dinámica entre oferta y demanda, no existe y no se vislumbra esfuerzo alguno por crearla; lo que prevalece es una suerte de mercado cautivo, servido por un monopolio de facto. En el área de generación, las empresas participantes venden la energía que generan a precios de oportunidad no basados en costos de producción, hecho cierto para el caso del mayor generador del mercado, el Estado salvadoreño. Lo anterior es así, porque en esta actividad no han aparecido, por las razones que sean, alternativas eficientes más baratas y porque el Estado, que genera la energía más barata del mercado, no utiliza esa condición para inducir competencia en el sector y producir reducciones en el precio de venta de la electricidad.

En el sector de transmisión, la Ley General de Electricidad indica que es la Unidad de Transacciones (UT), que opera la red nacional de transmisión eléctrica y el llamado mercado mayorista, siendo este último el que ejecuta el llamado “despacho programado” de carga a través de la red de transmisión y se basa en las transacciones de compraventa entre generadores y comercializadores. La UT se maneja como una empresa privada, su organismo decisorio reside en manos de participantes de mercado provenientes del lado de la oferta, establece los cargos por el uso de la red de transmisión, cuyos montos se suman al valor de la energía generada y son pagados por el consumidor último.

La ausencia de representación del lado de los consumidores ante la UT resta credibilidad al proceso y fomenta la distorsión de precios de comercialización. En el área de distribución, el panorama es igual, la competencia no existe, el mercado está copado por dos empresas, una de ellas propietaria de cuatro de las cinco compañías distribuidoras del país, sus cobros por el uso de redes y por los otros servicios que prestan, formulados desde una posición dominante de mercado, son causa frecuente de descontento. Además, la calidad del servicio que prestan es deficitaria, lo cual sugiere que no se están efectuando las inversiones para mejorarla, requeridas por ley.

En cuanto a la comercialización, es decir, la venta al cliente último, de nuevo las dos empresas que poseen las cinco distribuidoras comercializan cerca del ochenta y cinco por ciento de la energía eléctrica ofertada. En teoría, aquí se deberían dar los mayores niveles de competencia, sin embargo, las prácticas empresariales e influencia de estas dos empresas son tan fuertes que han inhibido el desarrollo de competidores de significación.

Por su parte, la Siget es responsable de regular los aspectos operativos del proceso, incluida la aprobación de cargos por el uso de las redes de transmisión y distribución y el desarrollo de un mercado eléctrico competitivo. En retrospectiva podemos afirmar que la Siget ha cumplido a medias su papel regulador y no ha avanzado en el desarrollo del mercado. Preocupa su deficiente aplicación de una regulación incompleta que permite que se castigue a los consumidores con cobros abusivos y la ausencia en su estructura orgánica de una gerencia de mercado que cense, investigue, proponga y consense medidas que dinamicen el mercado energético y promuevan su equilibrio.

También le afecta su tibieza en hacer que algunos participantes del mercado, en especial las distribuidoras, cumplan sin mayor dilación con los estándares de calidad de servicio y ejecuten los programas de inversiones en expansión y mejoras a las redes que operan.
¿Qué hacer entonces? Es urgente la revisión del marco legal que norma el mercado eléctrico actual. Tal revisión debería orientarse a crear, por fin, un verdadero mercado o endurecer la regulación actual para que actúe como competencia y debe promover el protagonismo de los consumidores en el mercado eléctrico y el respeto a sus derechos. Cualquiera que sea el resultado de la revisión, la Siget deberá emerger de ella con suficientes dientes y garras para cumplir a cabalidad su papel de regulador y promotor de un mercado eficiente.

Por otra parte, la Cel debe emigrar de su papel como otro participante más del mercado, a uno en donde sea efectiva contraparte en el esfuerzo por conseguir un abastecimiento de electricidad confiable y a precios justos, apoyando los esfuerzos del gobierno central y la sociedad en general para promover la paz social y la vida productiva en nuestro país.

*Ingeniero, MAE. cfherrera@ntegra.com.sv


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