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Sri lanka. Casas arrastradas por las olas del mar.
Fotos EDH
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Agencias internacionales
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Más de 11,700 personas murieron ayer en Asia después de
que el peor terremoto en los últimos 40 años provocara una
serie de gigantescas olas que sumergieron poblados enteros de Sri Lanka,
Indonesia e India y también azotaron otros cinco países.
Hasta el momento las autoridades han informado de cifras preliminares
de 4,000 muertos en Sri Lanka, 4,200 en Indonesia, más de 3,200
fallecidos en la India, 300 en Tailandia, 30 en Malasia y dos en Bangladesh.
Hay también millares de desaparecidos y más de un millón
de afectados por marejadas e inundaciones.
El número de fallecimientos se incrementó constantemente
a lo largo del día, a medida que las autoridades contaban cadáveres
que colgaban de los árboles o yacían en las playas.
Entre los muertos había turistas extranjeros, miles de personas
estaban desaparecidas y miles más huyeron de las costas en busca
de terreno alto.
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Pánico. Varios voluntarios recuperan el cuerpo de un niño.
La confusión y el miedo reinó en las primeras horas
de la tragedia. Fotos EDH
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Uno de los más afectados fue Sri Lanka, una isla nación
ubicada a unos 1,600 kilómetros al oeste del epicentro.
El número de muertos se elevó a 4,000, según la policía
y rebeldes del grupo Tigres Tamil, y había un millón de
personas desplazadas.
El Gobierno de Sri Lanka declaró la situación como desastre
nacional.
El terremoto de 8.9 grados de magnitud, el más intenso desde uno
de 9.2 grados en Alaska en 1964, azotó las costas occidentales
de la isla de Sumatra, en Indonesia, a unos 1,620 kilómetros al
noroeste de la capital Yakarta, informó el Servicio Geológico
de EE.UU.
Se produjo a unos diez kilómetros de profundidad, y le siguieron
decenas de poderosas réplicas, de entre seis y 7.3 grados.
Olas de diez metros
Las oscilaciones provocaron olas gigantescas de hasta diez metros que
se estrellaron en las costas de ocho países, arrasando con turistas,
pescadores, hoteles, casas y automóviles. Testigos aseguran que
el agua se adentró a tierra hasta unos siete kilómetros.
Desplazándose a velocidades cercanas a las de un avión
a chorro, las primeras olas enormes comenzaron a azotar Tailandia aproximadamente
una hora después del sismo.
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Dantesco. Los cadáveres de habitantes de la India yacen
en una morgue improvisada en el patio de unas casas.
Fotos EDH
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En dos horas y media, se habían desplazado unos 1,600 kilómetros
y golpearon India y Sri Lanka. Finalmente llegaron hasta la costa oriental
de África en Somalia, matando al menos a nueve personas.
Las enormes olas sepultaron pueblos del noroeste de Indonesia cercanos
al epicentro del terremoto, dejando cadáveres incrustados en los
árboles, dijeron las autoridades.
El terremoto ocurrió en un sitio donde varias placas geológicas
enormes se presionan entre sí. El Servicio Geológico informó
que una sección de mil kilómetros a lo largo del borde de
las placas se movió, lo cual desató el desplazamiento de
un volumen enorme de agua.
Creíamos que era un ataque
Decenas de turistas extranjeros que pasaban sus vacaciones en la zona
temían que se tratara de un atentado terrorista.
El británico Gerrard Donnelly estaba en su cuarto del Hotel Holiday
Inn, de Phuket, cuando escuchó un ruido muy fuerte.
Al principio pensamos que era un ataque terrorista, manifestó
Donnelly al canal de televisión británico Sky News. Luego
llegó la ola y corrimos hacia arriba para llegar lo más
alto posible, recordó.
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India. Una mujer clama en medio del dolor.
Fotos EDH
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Mary Picking, desde la isla tailandesa de Phuket, relató a la
BBC cómo empezó el desastre en ese destino turístico,
visitado cada año por cuatro millones de ciudadanos del Reino Unido.
Vimos una ola enorme acercándose a la playa y la gente empezó
a correr. De pronto, todo se convirtió en un caos y la gente corría
y gritaba mientras azotaban las olas, manifestó Picking.
En plena devastación la situación es de calma tensa, según
Dirk Woyzek, de la cadena privada N-TV, pues se espera la posible llegada
de un segunda gran oleada, producto de los sismos que puedan producirse
después del primer terremoto.
El Ministerio alemán de Asuntos Exteriores, cuyo titular, Joschka
Fischer, ofreció ayuda a las regiones afectadas, ha abierto una
línea de teléfonos permanente y se mantiene en contacto
con los operadores turísticos.

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