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Sin esperanzas para año nuevo Centro. El desempleo y los escasos ingresos
de las pensiones marcan a las personas de edad avanzada. Muchos se reúnen
en las plazas capitalinas para hablar de sus tristezas Publicada 27 de diciembre 2004, El Diario de Hoy |
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El Diario de Hoy metro@elsalvador.com Recordar los años dorados es el pasatiempo preferido de don José Luis Morales, de 73 años, quien todos los días llega a tomar asiento a su banca preferida de la Plaza Barrios. Ahí se reúne con sus entrañables amigos septuagenarios, José Luis Pinto y Alfredo López, con quienes conversa sobre los viejos tiempos, en los que se podía comprar con colones y había menos delincuencia. Prefiero salir de casa, respirar un poco de aire, aunque no sea tan puro, y platicar con mis amigos, eso nos ayuda a liberarnos del estrés, dice. Don José es carpintero de profesión y sus amigos son albañiles. A pesar de que ya se encuentran en el otoño de sus vidas, ellos todavía se sienten productivos. Sin embargo, el trabajo escasea, porque casi nadie quiere contratar a una persona de avanzada edad, a pesar de la experiencia que han acumulado durante años. Lo más triste para estos obreros olvidados es que no alcanzaron jubilación, pues en su juventud laboraron por contratos y sus empleadores nunca cotizaron. Saber que sus bolsillos han permanecido vacíos durante todos estos meses les impide imaginarse un próspero año nuevo. Qué podemos esperar de bueno, si la situación está tan crítica, en especial porque terminamos el año sin la aprobación del Presupuesto de la Nación, y eso significa más desempleo, asegura don José, quien se entera de las noticias porque lee el periódico muy temprano por la mañana. Así se la pasan los amigos, entre pláticas sobre política, recesión económica y padecimientos de salud. Sus conversaciones sobre aquellos tiempos mejores se interrumpen con frecuencia por el ruido de los automotores, el revolotear de las palomas y el bullicio de las personas que se concentran en la plaza. En su mayoría, desempleados y jubilados. No faltan las prostitutas y algunos delincuentes, quienes se mezclan entre los hombres de pelo cano.
Obreros Yo aporté al fútbol de mi país, pero ahora
nadie se acuerda de mi. Las fiestas de fin de año nos agarran sin dinero. No
tenemos esperanza de nada.
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