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Anécdotas divertidas
Dos genios del buen humor

Chesterton era poseedor de una voluminosa anatomía, Shaw, en cambio, era extremadamente flaco. Ambos se veían con recelo mientras se disputaban el reinado del buen humor

Publicada 27 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Luis Sarbelio Navarrete*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Sir Bernard Shaw y Lord Chesterton fueron dos grandes humoristas británicos. Pero mientras Chesterton era poseedor de una voluminosa anatomía, Shaw, en cambio, era extremadamente flaco. Ambos se veían con recelo mientras se disputaban el reinado del buen humor. Shaw solía ser más mordaz en esta pareja de notables.

Un día se encontraron en una calle de Londres, y en cuanto lo vio todo desgarbado, Chesterton saludó a Shaw con una frade llena de ironía: —Al verte a ti cualquiera diría que hay hambre en Inglaterra. Y que tú eres la causa, respondió Shaw de inmediato.

En otra ocasión, la diva del teatro más grande de todas las épocas, la inglesa Sarah Bernard, había tenido un delirante éxito en la presentación de una obra de Shaw en Estados Unidos.

Los aplausos se multiplicaban y los comentarios de los críticos alababan el desempeño de la gran actriz. Shaw se sintió halagado en grado sumo y puso un telegrama a la Bernard que decía:

—“Brillante. Maravillosa”. Ella le contestó al gran escritor con otro telegrama: “Elogio inmerecido”. Y Shaw, de nuevo: “Me refiero a la obra”. Y Sarah Bernard de igual forma: “Yo
también”...

Sir Bernard Shaw fue también un conocido político de izquierda. En una ocasión, siendo Winston Churchill, político conservador que ocupaba la jefatura del gobierno, Shaw le envió dos entradas para que fuera al estreno de una de sus obras teatrales. Y acompañó las entradas con una atenta nota que decía: “Tengo el honor de invitar a usted al estreno de mi obra tal y tal...”, al tiempo que sarcásticamente añadía: “la otra entrada es para un amigo suyo... si es que lo tiene”.

Y el viejo león británico, vencedor luego de Hitler y la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, de inmediato le contestó: —“Agradezco su atenta invitación al estreno de su nueva obra de teatro, pero mis múltiples ocupaciones de Estado me lo impiden por ahora. Y añadía: —Pero le prometo que asistiré con gusto a la segunda presentación de la misma... si acaso la tiene.

Y luego hay quienes afirman que los británicos son aburridos y que carecen del sentido del humor.

* Dr. en Medicina.


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