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Rodolfo
Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Para medir el estado de salud de una comunidad, el nivel sanitario, como
lo llaman otros, o la tendencia general de la salud pública, como
lo prefieren algunos expertos, además de analizar los diferentes
factores determinantes de la salud, muchos de ellos contribuyentes y otros
condicionantes, a menudo se utilizan indicadores que son cuantías
referidas a la población.
Ejemplos de estos indicadores son la cobertura de las inmunizaciones en
general o de algunas en particular en el ámbito urbano y rural,
la esperanza de vida al nacer, tanto en el hombre como la mujer, el número
de médicos disponibles por cada 10,000 habitantes, las llamadas
tasas de morbilidad (información sobre de qué se enferma
la gente) y las tasas de mortalidad (información sobre de qué
mueren los habitantes, a menudo las primeras de que se echa a mano por
su disponibilidad). Comprendidas en estas últimas, la de mayor
relevancia es la mortalidad infantil, que incluye la neonatal (de 1 a
28 días), postneonatal (de 29 días a 11 meses) y de la niñez
(de 1 a 4 años).
Como el nivel de salud de un país se asocia estrechamente con el
grado de desarrollo social y económico y la disponibilidad de los
recursos, el conocimiento de los anteriores constituye una valiosa herramienta
para saber en qué condición sanitaria se halla una comunidad
en particular. En ese sentido, un ejemplo de gran objetividad es la correlación
entre la disponibilidad de agua potable (como elemento importante del
desarrollo social) y la prevalencia de enfermedades diarreicas, que establece
que a mayor disponibilidad de agua potable, existe menor incidencia del
síndrome diarreico en la población.
Otro ejemplo muy ilustrativo, siempre en América Latina y el Caribe,
es la correlación del ingreso per cápita y la mortalidad
infantil. En efecto, la curva que nos resulta al enfrentar el PIB per
cápita con las tasas de mortalidad infantil evidencian que a mayor
nivel de ingresos económicos, menor es la tasa de defunciones infantiles,
consecuentemente mayor es el nivel de salud de los habitantes. No obstante,
la reducción de la mortalidad infantil no sólo es atribuible
a los cambios positivos desde la óptica ingresos económicos
del núcleo familiar, y si bien estos últimos son determinantes,
existen otros factores contribuyentes y condicionantes que, dependiendo
del momento y las circunstancias, pueden adquirir importancia crítica,
de ahí que aún sin crecimiento económico, es posible
mejorar la situación sanitaria en forma mensurable.
Una de las tasas de mortalidad infantil más recientes y actualizadas
en El Salvador es la estimada por FESAL 2002/2003 para el período
1997-2002, que es de 25 funciones por 1000 nacidos vivos. Esta cifra refleja
un descenso de diez muertes por mil con respecto al período anterior
1993-1998 y retrocediendo todavía más en el tiempo, es posible
constatar que las reducciones más notorias han ocurrido en los
últimos quince años aproximadamente.
Si comparamos esta tasa de mortalidad infantil con la del resto de países
americanos y del Caribe, nos daremos cuenta de que somos ampliamente superados
por los colosos del norte, Canadá y los Estados Unidos de América,
con 5.4 y 6.8 respectivamente y por lo menos por una treintena de naciones
más desarrolladas en el campo de la salud pública, tales
como Uruguay (13.1), Chile (11.6), Cuba (7.3) y la mayoría de las
islas caribeñas ubicadas al norte de la costa venezolana (Trinidad
y Tobago, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Saint Kitts
y Nevis, Monserrat, Martinica, Barbados, etc.).
Pero es de notar que, exceptuando a Costa Rica (10.9) y Panamá
(18.6), El Salvador está en mejores condiciones que el resto de
Centro América y unos 17 países como Haití (61.3),
Bolivia (55.6), Ecuador (41.5), Brasil (38.3), Perú (37.4), Paraguay
(37.0) y México (28.2).
Fuente de las cifras: La Salud en las Américas, volumen
I, OPS, 2002.
En realidad el importante logro alcanzado por El Salvador en los últimos
quince años no es casualidad, es consecuencia de una serie de eventos
externos e internos que han influido directa e indirectamente. Algunos
hechos prominentes de naturaleza interna son el desplazamiento de los
habitantes del sector rural, tradicionalmente menos favorecido al sector
urbano con mayores servicios; la continuidad del mismo contexto político
que ha creado condiciones propicias para el crecimiento económico
que es posible confirmar al revisar las estadísticas del Banco
Central de Reserva correspondientes a la década de los noventa;
el aumento gradual y progresivo de las remesas familiares año con
año; el volumen cada vez mayor de los presupuestos en las carteras
de Educación y Salud (los mayores en la historia), que han conducido
indudablemente a una mayor inversión en estas críticas áreas.
Han sido responsables también, sin ninguna duda, los avances cuanti
cualitativos en educación, muy especialmente en la educación
de las madres, quienes a través del tiempo han tenido un acceso
cada vez mayor a los servicios básicos y a los servicios de salud
materna e infantil. Con sacrificios y dificultades, el agua potable intradomiciliar
llega a un mayor número de hogares, tanto urbanos como rurales,
también se ha elevado la letrinización y mejorado el manejo
de los desechos sólidos. Y como es natural se destaca el valor
de la planificación familiar como componente de cualquier programa
de salud materna e infantil, ya que los espacios cortos entre lo nacimientos,
la alta paridad (más de dos hijos) y la edad temprana o tardía
en el momento del parto, están fuertemente asociados a un mayor
riesgo de muerte infantil (FESAL 2002/2003).
No se debe de olvidar también que en las últimas dos décadas
el fenómeno de la globalización ha funcionado como un eje
transformador, que ha producido diversos cambios, algunos exitosos
y otros todavía muy insuficientes para superar los problemas tradicionales
de la salud en El Salvador. Entre otros están, por ejemplo, la
ampliación de la participación del sector privado, que ha
generado modificaciones en los diseños y gerencia de los servicios,
la descentralización, que va por buen camino, pero que necesita
todavía de muchos recursos y tecnología, el énfasis
en la calidad de los servicios, la sostenibilidad ambiental y la expansión
de la informática y tecnología aplicada a la comunicación.
* Dr. en Medicina.

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