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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Una mayor afluencia de viajeros a Guatemala tiene lugar en estas fechas,
después de que el gobierno del presidente Berger desplazara patrullas
en las carreteras y colocara puestos de vigilancia a lo largo del trayecto.
Al mejorar la seguridad se incrementa el turismo. Vale más tarde
que nunca. Esperamos que después de las fiestas se mantenga la
vigilancia y se proceda a depurar las delegaciones de policía y
las guarniciones militares, que en el mejor de los casos descuidaron sus
responsabilidades.
O más bien no sólo no cumplen con la misión básica
de todo cuerpo de seguridad, que es brindar protección en las áreas
que se les encomiendan, sino que de forma sospechosa no hacen nada para
descubrir y capturar a los culpables de los grotescos asaltos que durante
años han victimizado a los viajeros.
En una época atracaban en las carreteras guatemaltecas, pero también
en las salvadoreñas. Bandas de forajidos, en buena parte antiguos
"alzados en armas", establecían puntos de asalto en caminos
y carreteras, procediendo a desvalijar a sus víctimas, a vejarlas
y en ocasiones asesinarlas. Además se dio una cantidad de asaltos
en la carretera de y hacia el aeropuerto; los bandoleros seguían
a sus víctimas y o los asaltaban en la carretera o cuando llegaban
a sus casas. Para acabar con los asaltos, en el quinquenio de don Armando
se tuvo la costosísima ocurrencia de iluminar el trayecto, obra
que se llevó a cabo pese a las muchas críticas hechas. Del
proyecto sólo quedan los postes, ya que, como se había vaticinado,
roban lámparas y cables tan pronto los instalan.
Lo único que no sucedió aquí es que entre las bandas
y las autoridades existieran vínculos o complicidades, por lo que
al tomarse la determinación de limpiar las carreteras se acabó
con la plaga. Pero nunca hay que bajar la guardia.
O crece el crimen o se erradica
Retenes, patrullajes, puestos de control, sobrevuelos de helicópteros,
etcétera, eliminan los síntomas, pero no la enfermedad.
Para salir de una vez por todas de la desgracia hay que efectuar una exhaustiva
labor de inteligencia, identificar a los cabecillas de las bandas, averiguar
sus formas de operar y finalmente descubrir a los cómplices dentro
de las policías y los cuarteles, para luego apresarlos y procesarlos.
Un mal que durante años ha castigado a los viajeros forzosamente
se origina de un siniestro maridaje entre facinerosos, policías,
militares y hasta jueces.
Los atracos en las carreteras son el equivalente de la piratería
en los mares: es impensable que haya turismo sin seguridad, pero además
se afecta el comercio y la producción de las naciones. Y en el
caso de Guatemala, uno de los países más bellos y turísticamente
más completos del mundo, pletórico de maravillas naturales
y culturales, es grotesco que a la fecha no se haya erradicado a los asaltantes
y homicidas de los caminos. Por hoy tomamos la palabra al gobierno guatemalteco,
de que se actuará con toda energía.
Criminales siempre habrá, pero o van erradicándose o van
proliferando. La pasividad de las autoridades, la inoperancia de las leyes,
la permisividad de los jueces y el silencio de los ciudadanos son los
factores que contribuyen a hacer de un país un infierno. Está
en nosotros definir nuestro destino.

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