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Bruce
McEwen*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Los científicos y profesionales de la salud mental han dado grandes
pasos en la comprensión y el tratamiento de la depresión
severa, lo que incluye el descubrimiento del papel que juegan los desequilibrios
en el cerebro de sustancias químicas como la serotonina y la noradrenalina.
Pero cada vez hay más evidencia de que hay más en juego:
la depresión también implica cambios estructurales en áreas
del cerebro que participan en los estados de ánimo, la memoria
y la toma de decisiones.
A menudo la depresión ocurre como consecuencia de experiencias
estresantes. El cerebro interpreta nuestras experiencias y decide si son
amenazadoras, y luego controla nuestras respuestas conductuales y sicológicas
a ellas.
Los datos obtenidos de experimentos con animales muestran que se producen
cambios fisiológicos dañinos como resultado de la incapacidad
del cerebro y el cuerpo de responder a un estrés repetido con modificaciones
adaptativas de estructuras y funciones. Tres áreas del cerebro
(el hipocampo, el córtex prefrontal y la amígdala) son particularmente
susceptibles a cambios patológicos en términos de tamaño
y función.
Estas áreas son instrumentales para la interpretación de
lo que es estresante y la determinación de las respuestas correspondientes.
En este proceso participan muchos mediadores químicos, como el
cortisol y la adrenalina de las glándulas adrenales, otras hormonas
y neurotransmisores (como la serotonina y la noradrenalina) y respuestas
de los sistemas autónomo e inmune. Por tanto, la depresión
produce cambios en el resto del cuerpo, debido a desequilibrios químicos
de largo plazo en los sistemas que controlan el corazón, el sistema
inmune y el metabolismo.
El hipocampo, una estructura clave en la formación de recuerdos
de sucesos y contextos, posee receptores que le permiten responder con
la liberación de hormonas en el torrente sanguíneo.
Ahora sabemos que se atrofia en el caso de varios desórdenes siquiátricos.
Dentro del hipocampo (una saliente curva y alargada, ubicada en cada uno
de los dos lóbulos temporales del cerebro) se encuentra una estructura
llamada girus dentado, que produce nuevas neuronas durante la vida adulta.
El estrés crónico inhibe la neurogénesis y también
hace que muchas neuronas del hipocampo reduzcan su tamaño, un proceso
llamado remodelamiento. Los estudios en animales han demostrado
que el cortisol, la hormona del estrés, también juega un
importante papel junto con los neurotransmisores del cerebro en el remodelamiento
de las neuronas.
De manera similar, hay evidencia de que el córtex prefrontal, una
estructura fundamental en la regulación de las emociones, así
como en la toma de decisiones y en la memoria de trabajo, reduce su tamaño
en casos de depresión severa. Por otra parte, la amígdala,
donde se asientan los recuerdos emocionales, en lugar de atrofiarse, se
vuelve hiperactiva, tanto en el estrés post-traumático como
en la enfermedad depresiva, y los estudios con animales aportan evidencias
de una hipertrofia de las células nerviosas tras un estrés
repetido.
Una amígdala hiperactiva, junto con una actividad anormal en otras
regiones del cerebro, produce una interrupción de los patrones
de sueño y actividad física, así como patrones irregulares
de secreción de hormonas y otros mediadores químicos que
controlan varias de las estructuras del cuerpo. Por ejemplo, los niveles
de cortisol aumentan en la noche, cuando normalmente deberían ser
bajos.
De hecho, en ciertos aspectos fundamentales la depresión es comparable
con la enfermedad de Cushing, un desorden causado por el exceso de producción
de cortisol. Los elevados niveles de cortisol en los pacientes con esta
enfermedad son mayores que los que se encuentran en la depresión
severa, pero las características siquiátricas y somáticas
de la enfermedad de Cushing son sorprendentemente similares: melancolía,
depresión, obesidad abdominal, pérdida de minerales en los
huesos y aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, junto
con una atrofia del hipocampo y el deterioro de la memoria.
Las buenas noticias que nos da la enfermedad de Cushing es que la atrofia
del hipocampo y el deterioro de la memoria son al menos parcialmente reversibles
varios años después de la corrección del exceso de
cortisol.
Esto refuerza la creencia de que los cambios estructurales en el cerebro
que se relacionan con la depresión severa se pueden prevenir e
incluso revertir con las medicaciones correctas y otros tratamientos.
Por ejemplo, la neurogénesis en el girus dentado, suprimida por
el estrés agudo y crónico, se puede elevar mediante varios
tratamientos contra la depresión.
Los nuevos antidepresivos tendrán que tratar lo que parecen ser
cambios neurodegenerativos progresivos en el cerebro, e inferimos que
éstos están teniendo lugar debido a que la recurrencia de
la depresión es tan alta bajo los tratamientos actualmente disponibles.
El litio, un estabilizador del ánimo y agente neuroprotector, posee
las propiedades que estamos buscando, aunque su toxicidad lo hace menos
que ideal. Más que nunca, el desafío que afrontan los investigadores
médicos es desarrollar tratamientos más eficaces sin reducir
su seguridad.
Copyright: Project Syndicate.
*Profesor de la cátedra Alfred E. Mirsky en la Universidad Rockefeller
de N. Y. y jefe del laboratorio de Endocrinología Harold and Margaret
Milliken Hatch.

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