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“Yo jugué con todos los grandes de Argentina”

A Jorge García le llaman loco, él lo acepta, pero insiste en que no come vidrio. El argentino compartió con EDH su envidiable currículo.

Publicada 26 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

William Alfaro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com


Jorge García, a pesar de ser argentino, se considera un salvadoreño más.

En repetidas oportunidades aseguró que se quedaría a vivir por completo en el país.

Así lo hizo, ahora vive en Santa Rosa de Lima, donde comparte su visión del fútbol con su inseparable amigo Víctor Coreas.

¿Qué haces en Santa Rosa de Lima?


Allá no podés hacer nada, sólo dinero, no hay ni cine. En San Miguel, por lo menos podés ir a Metrocentro. En Santa Rosa no hay nada… nada. Lo único que podés hacer es tomar un café con un pedazo de torta.

¿Vos ya conocías a Carlos De Toro (ex técnico de Águila)?

En los medios. García guarda con aprecio los recortes de su época de jugador. Un fenómeno.

A mí me dijo Gabriel Álvarez, quien juega en Telecom, que lo entrenó en la reserva de Italiano. Por los equipos que dirigió, todo apunta que lo hizo en quinta, cuarta, tercera. Es como que acá (en El Salvador) fuera en los cantones. Pero conocerlo, ni idea.

¿Cómo es la relación con tus ex jugadores de Limeño y Balboa?

Muy buena. Algunos hasta me visitan. Los de Balboa antes de la final se turnaban para llamarme los sábados y los domingos. El día que un jugador venga y tenga una queja de mal manejo mío y de Víctor Coreas, ese día me dedico a vender “lupines” (chupetes).

¿Cómo son Víctor y Salvador Coreas?

Para el medio son jodidos, porque no te mandan a decir las cosas. Te las dicen de frente. Te golpean la puerta y están los cuatro hermanos, no uno, los cuatro. En serio, parece la familia de Don Corleone (ríe). Son unos tipos buenísimos.

¿Por qué te fuiste de Limeño?

Cuándo yo estaba en Limeño dormía en el suelo y el técnico que llegó después (Tato Ortiz) lo hacía en el Santa Fe con aire acondicionado. Nosotros sumamos 41 puntos y salvamos al Limeño cuatro fechas antes y también nos peleábamos la clasificación a las semifinales. Nunca nos dieron nuestro lugar. Siempre respeté a Arístides y a Gumercindo. Fuimos gente correcta, pero acá se vive mucho de la mala leche y del chambre. Todo el día chambre, chambre y chambre.

Se fue a España. Figueroa pasó del Cruz Azul de México al Villarreal.

¿Y de Balboa?

Con Balboa, la pretemporada la hicimos en un lugar en el que ni las vacas querían entrar. Después nos fuimos a entrenar al Regimiento. Esa cancha la conseguí yo, después fue en la San Ramón y para poder hacer fútbol nos íbamos hasta Quelepa a hora y media de La Unión. Lo que nosotros hicimos con ese grupo fue increíble.

¿Qué paso con ellos?

Hicimos milagros. Anduvimos entrenando por todos los cantones. Estuvimos julio, agosto, septiembre y hasta el 15 de octubre sin cancha, andábamos como locos y nadie se acercó a preguntar por el equipo, como estaba bien. A Nene (Nenei) nosotros lo recuperamos. Lo recuperó Víctor dos veces. El Nene estuvo tres meses tirado. Cuando estaba bien lo llamaron a la Selección y la rompió, después se volvió a lesionar. No me puede sorprender que llegaron a la final.

Armaste un buen grupo

Yo me llevé de Limeño a todos los jugadores que ya no querían. A Hidzar, Yuvini, Valerio, El Pando… Reforzamos todos los jugadores que faltaban. Nenei y Monterrosa estaban lesionados. A Monterrosa lo mandamos a operar.

¿Y de la Selección Nacional, qué pensás?

Terminó como tenía que terminar. Vos no podés hacer un proceso de dos años y faltando quince días quitás al técnico.

¿Cuál crees que fue la razón del fracaso?

Creo que tenían que haber mantenido el grupo que ganó la medalla de los Juegos. Perdieron el rumbo cuando comenzaron a cambian jugadores a cada rato. No tuvieron una base de jugadores para la eliminatoria. Se pusieron a cambiar de caballo a mitad del río. Además, no tienen un trabajo en las bases.

La de grupo. Jorge García vistiendo el uniforme del Unión de Santa Fe. Jugó para River y San Lorenzo.

Dicen que no hay jugadores. ¿Qué pensás al respecto?

Acá tienen grandes jugadores, pero tienen un gran problema: No hay inferiores. No quieren hacer inferiores y para colmo los dirigentes quieren que pongan al jugador que ellos quieren. Y con eso chocaron conmigo. Hacen la pretemporada y los jugadores llegan tres días antes del campeonato. Quienes tienen la culpa son los dirigentes porque no les quieren pagar la pretemporada. Acá hay grandes jugadores, pero las cosas se hacen al revés.

¿Faltan referentes?

El “Toto” Juan Carlos Lorenzo que lo tuve en Unión y San Lorenzo decía: Los chicos ganan partidos. Los hombres ganan campeonatos. A los chicos los metés con los grandes para que vayan agarrando experiencia. Ellos tienen que tener un referente.

En Argentina dicen yo quiero ser como Saviola, como Maradona. Ellos tienen un referente y hoy acá no tienen ese referente. Ya tengo años de estar en el país y de lo único que oigo hablar es de ex jugadores.

Escuché hablar de Pelé Zapata y todos dicen que el único pecado de él fue haber nacido en El Salvador.

¿A qué edad debutaste como jugador?

A los 19 años. En noviembre del 75. Hace 29 años. Me pusieron “Chiquilín” porque tenía 19. Nadie debutaba a esa edad, todos lo hacían con 20 para arriba. Ahora tienen 16, 17 y si los pueden meter adentro, los meten adentro.

¿Tus maestros, quiénes fueron?


El primero fue Carlos Griguol. Lo tuve 10 años en las inferiores de Rosario Central. De ahí saque la de pecho de él. Después tuve a César Luis Menotti en el juvenil del 75, en el preolimpico de Brasil del 76 y después en la selección mayor. Tuve a Héctor “Bambino” Veira, Luis Cubillas, al Maño Ruiz. Tuve a Ángel Tulio Zof, dos veces. Al Toto Lorenzo, a Leopoldo Luque en Unión de Santa Fe. A Nito Veiga, al “Bambino” Viera. Al “Polaco” Ladislao Cap. A “Puchero” Varacka. También a Alfredo Di Stefano en River Plate en el 81, salimos campeones ese año.

¿Ahí fuiste amigo de Mario Kempes?

Con Mario comenzás a hablar hoy y terminás mañana.

¿Tenes alguna anécdota de esa época?

Una con Enzo Francescoli. Lo compran en el 83. Ambos cumplimos años el 12 de noviembre. River lo había comprado a él y a Alberto Bicca. Francescoli no hacía un gol a nadie. Yo pateaba los penales. Hubo uno contra Ferro y le doy la pelota a él. El primer gol que hizo fue contra Ferro, no pateé nunca un penal. El primer gol que hizo en River se lo di yo. Después me fui a San Lorenzo y Óscar Ruggeri vino a River.

¿La gente acá no sabe quién sos vos?

Cuando me llegaron los papeles de Migración a Limeño la gente decía que yo en Argentina era vendedor de minuta. Por eso me río ahora.

¿Vos estás loco?

Estoy loco, pero no como vidrio.

¿La gente se queja porque hablás mucho?

Soy una máquina de hablar, pero de boludeces, de las cosas importantes hablo poco. Yo dejo que todo el mundo hable, pero acá nadie sabe quién soy.

¿Hubo alguna enseñanza que te haya dejado el Flaco Menotti?

Muchas, fue un fenómeno. Cuando llegue a la Selección del 79. Era el equipo campeón del mundo. Tenía de compañeros a Fillol, Pasarela. Gallegos y Maradona. Maradona agarraba una naranja y se pasaba tres horas pegándole. Él siempre me decía “Charlie”, por Charlie García.

¿Y El Barcelona?

En abril del 79 me rompí los dos meniscos de la rodilla derecha. Perdí la venta. Central me había vendido en 270 mil dólares al Barcelona. Se vino todo abajo. Éramos la famosa sinfónica. Yo jugué con los grandes de Argentina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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