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| Fuerzas insurgentes colombianas dieron muerte
a un religioso que realizaba su misión en el interior de la
república. Foto EDH/AP |
Reuters
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
El párroco Javier Francisco Montoya murió a manos de rebeldes
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en una zona
rural del municipio de Nóvita, en el departamento del Chocó,
280 kilómetros al oeste de Bogotá, dijo el obispo de la
diócesis de Istmina-Tadó, monseñor Alonso Llano.
La Iglesia Católica envió una misión de religiosos
a buscar al sacerdote y las FARC les comunicaron que lo habían
asesinado.
El obispo pidió al grupo guerrillero entregar el cadáver
del religioso, de 45 años, quien había nacido en la ciudad
de Medellín y era considerado como un misionero de vocación.
La información que el grupo guerrillero le dio a la comisión
es que ellos lo habían fusilado y que no entregarían su
cadáver, que ellos mismo lo habían sepultado, dijo
a periodistas monseñor Llano.
En la zona donde fue asesinado el religioso frecuentemente se presentan
combates entre las FARC y un grupo de paramilitares, como parte del conflicto
interno de cuatro décadas en Colombia.
La región es considerada como estratégica para el tráfico
de drogas y de armas, por lo que la guerrilla y los escuadrones paramilitares
se la disputan.
Los jerarcas y líderes de la Iglesia Católica no han escapado
al conflicto interno de Colombia.
Alrededor de 60 religiosos católicos, entre obispos, sacerdotes,
misioneros y seminaristas han sido asesinados en los últimos 10
años en ataques atribuidos a la guerrilla.
Uno de los crímenes de más impacto en la historia reciente
fue el del arzobispo de Cali, Isaías Duarte Cancino, asesinado
por presuntos rebeldes de las FARC en marzo del 2002.