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Tema del momento
Ética, política y energúmenos

El buen político debe convertirse en un ejemplo constructivo. Uno de los bienes más preciados que los dirigentes pueden ofrecer a sus conciudadanos es la consistencia entre lo que piensan, lo que dicen y hacen

Publicada 25 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Julio Gamero*
El Diario de Hoy
marvingaleas@ yahoo.com.mx

La moral forma parte de un todo mayor: la ética. Hablar de ética es hablar del bien y del mal. Cada acto está obrando directa o indirectamente sobre una vida: “Nunca se roba algo, se le roba a alguien”. La moral hace referencia a las pautas interiorizadas por el individuo, quien se las autoimpone, no como una obligación, sino como necesidad, por el simple hecho de provenir o formar parte de “lo bueno”.

En este sentido, llama mucho la atención el hecho de que la fracción de diputados del FMLN se oponga a la creación de una comisión de ética, en el contexto del nuevo Reglamento Interior de la Asamblea Legislativa, que regule la conducta de los parlamentarios, aunque esta negativa tiene su explicación: sus acciones muchas veces van en contra de las buenas costumbres y la moral.

Los actos energúmenos protagonizados por los diputados del FMLN en la sesión plenaria del 16 y 17 de diciembre evidencian el menosprecio de los comunistas por las reglas elementales de la ética, la moral y el parlamentarismo. Es un enanismo político, no por la estatura de quienes piensan y ac- túan como dinosaurios ideológicos, sino por el poco cacumen que demuestran poseer.

Lo anterior también se evidencia con la no aprobación del presupuesto general de la nación, ya que este retraso disminuye la inversión pública y el crecimiento de la industria de la construcción, que se ha demostrado en 2004 con el cero crecimiento de este sector, lo que produjo cinco mil desempleos. Esto se manifiesta en hambre y carencia, razón por la cual la no aprobación del presupuesto a tiempo representa una amarga Navidad para muchos salvadoreños.

El hombre, por naturaleza, tiene la capacidad de perfeccionarse y de superarse día a día, por lo que tiende a alcanzar la plenitud. Para llegar a tan preciada meta como lo es la plenitud, es necesario vivir en sociedad; el ser humano necesita de los demás para construir un mundo o ambiente propicio para alcanzar la abundancia, causa esencial de la felicidad.

La ética y la política se refieren a la praxis humana, es decir, a las acciones que podemos realizar los seres humanos y a la dirección que damos a nuestra voluntad y a la libertad.

Se podría decir que la diferencia se encuentra en que la ética es una praxis íntima, personal, y la política es la coordinación de muchas acciones y, por ello, en esta última hay que tener en cuenta la voluntad de los demás. La política gira en torno a las leyes e instituciones creadas para elaborarlas y administrarlas.

Ética y política no son simplemente teorías sobre las que los hombres dedican su estudio y se ponen o no de acuerdo. Son un hecho que no hay que demostrar. Todos los días tomamos decisiones éticas o políticas, porque no vivimos en soledad, sino en comunidad. Nuestra naturaleza es plenamente social.

Según Aristóteles, toda actividad humana tiende hacia algún fin. Por ejemplo, el fin de la actividad de un panadero es hacer un pan bien hecho.

El fin de un médico es procurar o restablecer la salud del enfermo. Como podemos observar los fines no son los mismos, debido a que dependen de la actividad que se lleve a cabo para obtenerlos.

De acuerdo con Óscar Fernando Espinosa, abogado e investigador de temas éticos, el fin de la política es la solución de los problemas sociales. La sociedad tiene por finalidad alcanzar una vida lograda a nivel individual y el bien común en lo colectivo. Así es posible definir la política como el arte de organizar la sociedad de tal modo que las personas alcancen en ella
una vida lograda.

Sirvan estas pequeñas consideraciones acerca de la ética y política para plantear que es imprescindible que los políticos, diputados y demás funcionarios públicos enmarquemos nuestra conducta dentro de la moral y las buenas costumbres, de cara al pueblo, al que nos debemos como representantes.

El buen político debe convertirse en un ejemplo constructivo. Uno de los bienes más preciados que los dirigentes pueden ofrecer a sus conciudadanos es la consistencia entre lo que piensan, lo que dicen y hacen. Deben ser claros y transparentes.

No es válido hablar de transparencia y ética y no practicarlas. Esta incongruencia debe ser observada por el electorado, el que tiene en sus manos castigar a los politiqueros que dicen ser dignos representantes del pueblo, pero actúan como energúmenos.


*Diputado de ARENA.

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