Julio
Gamero*
El Diario de Hoy
marvingaleas@
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La moral forma parte de un todo mayor: la ética.
Hablar de ética es hablar del bien y del mal. Cada acto está
obrando directa o indirectamente sobre una vida: Nunca se roba algo,
se le roba a alguien. La moral hace referencia a las pautas interiorizadas
por el individuo, quien se las autoimpone, no como una obligación,
sino como necesidad, por el simple hecho de provenir o formar parte de
lo bueno.
En este sentido, llama mucho la atención el hecho de que la fracción
de diputados del FMLN se oponga a la creación de una comisión
de ética, en el contexto del nuevo Reglamento Interior de la Asamblea
Legislativa, que regule la conducta de los parlamentarios, aunque esta
negativa tiene su explicación: sus acciones muchas veces van en
contra de las buenas costumbres y la moral.
Los actos energúmenos protagonizados por los diputados del FMLN
en la sesión plenaria del 16 y 17 de diciembre evidencian el menosprecio
de los comunistas por las reglas elementales de la ética, la moral
y el parlamentarismo. Es un enanismo político, no por la estatura
de quienes piensan y ac- túan como dinosaurios ideológicos,
sino por el poco cacumen que demuestran poseer.
Lo anterior también se evidencia con la no aprobación del
presupuesto general de la nación, ya que este retraso disminuye
la inversión pública y el crecimiento de la industria de
la construcción, que se ha demostrado en 2004 con el cero crecimiento
de este sector, lo que produjo cinco mil desempleos. Esto se manifiesta
en hambre y carencia, razón por la cual la no aprobación
del presupuesto a tiempo representa una amarga Navidad para muchos salvadoreños.
El hombre, por naturaleza, tiene la capacidad de perfeccionarse y de superarse
día a día, por lo que tiende a alcanzar la plenitud. Para
llegar a tan preciada meta como lo es la plenitud, es necesario vivir
en sociedad; el ser humano necesita de los demás para construir
un mundo o ambiente propicio para alcanzar la abundancia, causa esencial
de la felicidad.
La ética y la política se refieren a la praxis humana, es
decir, a las acciones que podemos realizar los seres humanos y a la dirección
que damos a nuestra voluntad y a la libertad.
Se podría decir que la diferencia se encuentra en que la ética
es una praxis íntima, personal, y la política es la coordinación
de muchas acciones y, por ello, en esta última hay que tener en
cuenta la voluntad de los demás. La política gira en torno
a las leyes e instituciones creadas para elaborarlas y administrarlas.
Ética y política no son simplemente teorías sobre
las que los hombres dedican su estudio y se ponen o no de acuerdo. Son
un hecho que no hay que demostrar. Todos los días tomamos decisiones
éticas o políticas, porque no vivimos en soledad, sino en
comunidad. Nuestra naturaleza es plenamente social.
Según Aristóteles, toda actividad humana tiende hacia algún
fin. Por ejemplo, el fin de la actividad de un panadero es hacer un pan
bien hecho.
El fin de un médico es procurar o restablecer la salud del enfermo.
Como podemos observar los fines no son los mismos, debido a que dependen
de la actividad que se lleve a cabo para obtenerlos.
De acuerdo con Óscar Fernando Espinosa, abogado e investigador
de temas éticos, el fin de la política es la solución
de los problemas sociales. La sociedad tiene por finalidad alcanzar una
vida lograda a nivel individual y el bien común en lo colectivo.
Así es posible definir la política como el arte de organizar
la sociedad de tal modo que las personas alcancen en ella
una vida lograda.
Sirvan estas pequeñas consideraciones acerca de la ética
y política para plantear que es imprescindible que los políticos,
diputados y demás funcionarios públicos enmarquemos nuestra
conducta dentro de la moral y las buenas costumbres, de cara al pueblo,
al que nos debemos como representantes.
El buen político debe convertirse en un ejemplo constructivo. Uno
de los bienes más preciados que los dirigentes pueden ofrecer a
sus conciudadanos es la consistencia entre lo que piensan, lo que dicen
y hacen. Deben ser claros y transparentes.
No es válido hablar de transparencia y ética y no practicarlas.
Esta incongruencia debe ser observada por el electorado, el que tiene
en sus manos castigar a los politiqueros que dicen ser dignos representantes
del pueblo, pero actúan como energúmenos.
*Diputado de ARENA.

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