elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Alimento para el más necesitado

San Salvador. Muchas personas aún no saben si tendrán algo para comer hoy en la cena navideña. Durante el año, la parroquia San Francisco brinda asistencia gratuita

Publicada 24 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Obra social. En la plaza del santuario del templo, las Siervas de la Misericordia de Dios asisten a los desamparados. Foto EDH

Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Una sonrisa en agradecimiento por los alimentos recibidos, es lo más valioso que en esta época de Navidad pueden brindar los ancianos y personas desamparadas.

Contrario a lo que vivirán muchas familias salvadoreñas al compartir hoy con sus seres queridos la cena de Pascua, algunos adultos, mujeres y niños, aún no saben si tendrán algo que comer este día.

Una mano amiga
- Alrededor de 500 personas asisten todos los jueves, a recibir
alimentos que les brinda la iglesia San Francisco.
- La obra es patrocinada por el templo y los fieles católicos que se congregan en el lugar.
- Ancianos en su mayoría son los que más se benefician de la ayuda.
-Si desea colaborar, puede llamar a los teléfonos: 221-1609
y 222-7024 de la
parroquia San
Francisco.

Para aliviar el hambre de los que no cuentan con recursos económicos, condición física, ni la edad para valerse por sí solos, la parroquia San Francisco de San Salvador, reparte todos los jueves de cada semana, desayunos a los que más lo necesitan.

Los que asisten al lugar, en su mayoría personas de avanzada edad y señoras con niños aún de brazos, y otras con pequeños que no sobrepasan los cinco años, llegan con la esperanza de saciar su hambre aunque sea con un tiempo de comida.

Desde las siete y media de la mañana, poco a poco van llegando los comensales, quienes son atendidos por la Orden de las Siervas de La Misericordia de Dios, con el apoyo de algunos laicos que se congregan en el templo.

Alegría. Todos los jueves, los adultos reciben un desayuno patrocinado por la congregación católica. Foto EDH

Sentados en la entrada principal del santuario y de forma ordenada, uno a uno van recibiendo sus alimentos. Aún sin conocerse, muchos de ellos aprovechan el momento para compartir sus penas y necesidades.

En la calle casi nadie se percata de lo que sucede en ese sitio. Algunos mejor prefieren volver la mirada hacia otro lado para evitar la triste escena.

Absortos en su propio mundo y con una historia muy particular que contar, tratan de pasar desapercibidos por los transeúntes. Algunos por azares de la vida han perdido su empleo y se ven obligados a buscar alimentos para sus hijos.

Niños aún en el vientre de sus madres, se nutren de la bondad que nace en el corazón de los feligreses que asisten a la parroquia San Francisco.

La mayor parte de ancianos manifiestan que están solos y sin el apoyo de su familia. A pesar de su avanzada edad y la dificultad para caminar, algunas de las señoras se dedican a lavar y planchar para ganarse la vida.

El mejor regalo

Necesidad. Muchos señores están solos. Ya no pueden trabajar y tampoco cuentan con el apoyo de sus familiares. Foto EDH

Los abuelos dicen que tener materiales para construir un techo seguro les vendría bien, pues algunos duermen en chozas de láminas y cartones deteriorados por el tiempo y el invierno.

Las señoras más jóvenes, piden un trabajo honrado para suplir las necesidades de vestuario y alimentos para sus pequeños hijos.

Sus vástagos estarían felices si pudieran dejar de usar para esta Navidad la ropa vieja y remendada que tienen desde hace tiempo.

También, y entre dientes, un infante susurró a su madre que si podía pedir para él un juguete.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



elsalvador.com WWW