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| Los cuerpos de las víctimas de la masace
son colocadas en fila para su reconocimiento en la comunidad Eben
Ezer. Foto EDH/AP |
SAN PEDRO SULA, Honduras (AP)
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
El viernes, al día siguiente de la masacre, pobladores nerviosos
intentaban finalizar sus compras navideñas, pero corrieron presas
del pánico ante rumores de que los mareros (pandilleros)
se aprestaban a pelear.
Norman Moreno expresó a la AP que estaba comprando un par
de zapatos cuando alguien dijo 'ahí vienen los mareros' y todo
el mundo empezó a correr... la gente tiene miedo por lo que pasó
anoche.
No pasó nada, la gente se alarma, a veces suenan cohetes
(petardos) y creen que son tiros. Aquí la Primera Estación
se nos llenó de gente que venía corriendo, comentó
una agente de Policía consultada telefónicamente que se
identificó solo con el apellido Pineda.
La noche anterior, 28 personas murieron cuando pandilleros atacaron a
tiros un autobús en San Isidro Chamelecón, una colonia pobre
del sur de San Pedro Sula, a 200 kilómetros al norte de la capital
Tegucigalpa.
Unidades policiales llegaron al parque central desde donde iniciaron patrullajes
en busca de algo que haya motivado el pánico, pero no hallaron
nada.
Algunos comercios del sector cerraron sus puertas temporalmente mientras
se esclarecían las causas del caos.
Lugareños temerosos daban variadas versiones de lo que acontecía
y llegaban hasta los radiotransmisores de Policías Municipales
en los que se escuchaban comentarios como la gente dice que hay
un grupo de mareros armados o dicen que están asaltando,
según constató la AP.
La percepción generalizada de inseguridad priva en la ciudad a
pesar del anuncio que horas antes hizo el presidente Ricardo Maduro de
que 1.200 soldados vigilarán la ciudad para garantizar el orden
durante Nochebuena.
Sin embargo, el miedo fue favorecido el viernes por varios hechos que
se sumaron al sangriento ataque de la noche anterior, entre estos un asalto
a una céntrica barbería en el que tres personas murieron,
según reportaron radioemisoras locales.
Carlos Cohello, un valuador de inmuebles que se refugió en el vestíbulo
de un hotel, expresó que más es psicosis que otra cosa...
la gente tiene miedo y tienen razón de sentirlo''.