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Más de 1,500 familias reciben servicio de agua

Santa Ana. Muchos vecinos caminaban hasta cuatro kilómetros para abastecerse. El proyecto fue ejecutado con fondos de varios organismos

Publicada 23 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Mejoras. En zonas rurales de Santa Ana, habitantes construyen pilas de almacenamiento. Foto EDH


Wenceslao Martínez
El Diario de Hoy

elpais@elsalvador.com


Son alrededor de cinco kilómetros de tuberías instalados para que cerca de 1,500 hogares cuenten con el servicio de agua potable en varias comunidades del departamento.

Mejorar las condiciones de vida de estas personas fue posible gracias a la unión de esfuerzos de la alcaldía, el Instituto Salvadoreño de Desarrollo Municipal y el Fondo de Desarrollo Económico y Social de los Municipios.

Llamado a los residentes
- Varias de las personas beneficiadas coincidieron al indicar que una de las primeras medidas que se debe aplicar es hacer un uso racional del agua.
- Piensan que al abusar del recurso, afectarán a otras personas que también necesitan el servicio.
- Proponen impulsar programas intensos de reforestación en las zonas de mantos acuíferos para protegerlas y, garantizar que sus hijos y nietos no tengan problemas.

Orlando Mena, munícipe santaneco, explicó que en las obras fue parte importante la colaboración de los favorecidos, quienes pusieron la mayor parte de la mano de obra no calificada, que era necesaria.

Cambio

La situación mejoró definitivamente para millares de personas. Los viajes a fuentes situadas hasta a cuatro kilómetros del lugar, las limitaciones en medidas de higiene y consumo del líquido, cambian hoy por algo tan sencillo como abrir un grifo.

Es un beneficio para quienes viven en las comunidades Amayito 1, 2 y 3, Talpetate, Chaparrón y Los Palma, todas de la cabecera departamental. También para el caserío Chicuyo, de Texistepeque.

Se invirtieron cerca de 12 mil dólares en las obras que incluyeron la colocación de tuberías desde el cantón Cutumay Camones hasta el caserío Los Palma.

Los pobladores están complacidos. Para Aminta Estrada Noguera es un excelente regalo de Navidad que les ahorrará muchas dificultades y limitaciones.

Su opinión es similar a la de Gerardo Peñate, un niño de 12 años que en ocasiones prefería faltar a clases para acarrear agua hasta su humilde vivienda desde un punto situado a tres kilómetros.

“Cuando iba con el segundo viaje ya habían iniciado las clases”, expresa sonriente.

Como él piensan muchos otros que confían en que las autoridades involucradas sepan coordinar con los vecinos el adecuado manejo del recurso para que éste sea aprovechado convenientemente y resulte útil por mucho tiempo.

“Hoy cambiaron las condiciones de vida y especialmente de salud de todos nosotros”, dijo un vecino al confiar en que las autoridades puedan luego llevar el servicio a otros sectores.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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